Latam Texas congela fondos para cámaras Flock por abusos y rechazo bipartidista
Texas congela fondos para cámaras Flock por abusos y rechazo bipartidista. La región debe aprender antes de adoptar vigilancia con IA.
El gobernador de Texas, Greg Abbott, congeló el gasto estatal en las cámaras de vigilancia con inteligencia artificial de Flock Safety, en medio de un rechazo que cruza el espectro político. La decisión llegó justo antes de que una investigación del Texas Tribune revelara que el estado gastó más de US$30 millones en estos dispositivos, financiados con un recargo de US$1 en las pólizas de seguro que supuestamente iba a combatir el robo de convertidores catalíticos. El caso es una advertencia para América Latina, donde la adopción de vigilancia con IA avanza sin marcos regulatorios claros.
De herramienta policial a problema político
Las cámaras Flock, que escanean cada vehículo que pasa y suben la placa, el modelo, el color e incluso calcomanías a una base de datos masiva, fueron alguna vez elogiadas por ambos partidos como una herramienta de protección. Hoy, más de 200 agencias locales en Texas tienen acuerdos de intercambio de datos con el Departamento de Seguridad Pública. Se estima que hay más de 10,000 cámaras en el estado, incluyendo varias miles en el área de Houston, según grupos que rastrean su ubicación.
Pero los casos de abuso se acumularon: agentes que usaron el sistema para acosar a exparejas —al menos 14 casos de stalking documentados por el Institute for Justice—, vehículos marcados por error que llevaron a detenciones con armas desenfundadas, y un estudio que identificó 27 casos de conductores inocentes detenidos por errores de la IA. La empresa introdujo en abril una herramienta de auditoría con IA, pero al menos 20 oficiales fueron sancionados o acusados por mal uso en Georgia el año pasado.
La reacción política y el giro de Abbott
La oposición no viene solo de activistas de privacidad. El representante republicano Keith Self propuso una ley para exigir órdenes judiciales antes de acceder a datos de Flock, y publicó en Instagram: "De las cámaras Flock a los interruptores de apagado, NO rendiremos nuestros derechos de la Cuarta Enmienda al creciente estado de vigilancia". La candidata demócrata a gobernadora, Gina Hinojosa, criticó a Abbott por expandir el uso de las cámaras. 47 ciudades en todo el país ya cancelaron sus contratos, incluyendo Austin y Bandera en Texas.
Abbott, quien enfrenta una reelección, movió rápido para congelar los fondos estatales. La medida es pragmática, pero revela que la vigilancia masiva con IA se volvió un tema políticamente tóxico incluso en un estado conservador. El problema no es solo el mal uso individual: es que el sistema depende de conectar más agencias y compartir datos entre jurisdictions, lo que hace casi imposible proteger la información una vez que entra a la red.
Qué significa para América Latina
La experiencia de Texas ofrece tres lecciones para ejecutivos y gobiernos de la región, donde ciudades como Ciudad de México, São Paulo y Buenos Aires ya exploran sistemas de reconocimiento de placas y vigilancia con IA:
- La falta de reglas claras genera costos políticos y legales. En EE.UU., la oposición bipartidista fue reacción a incidentes de abuso policial y errores de la IA. En LatAm, donde la confianza en las instituciones es más frágil, un escándalo de vigilancia puede ser aún más dañino para la legitimidad de un gobierno o empresa.
- Los datos compartidos no se pueden "descompartir". El caso de agentes de inmigración accediendo a datos de un distrito escolar en Houston, a pesar de restricciones explícitas, muestra que la información fluye entre agencias sin control. En la región, donde los sistemas de justicia y policía están menos coordinados, el riesgo es mayor.
- La auditoría con IA no reemplaza la rendición de cuentas humana. La herramienta de Flock detectó más abusos, pero eso no evitó el daño. Las empresas que vendan estas tecnologías deben prepararse para estándares más altos de transparencia, o enfrentar el mismo rechazo.
Para América Latina, la lección no es abandonar la tecnología, sino diseñar marcos de gobernanza antes de implementarla. Si la mera promesa de seguridad llevó a Texas a gastar más de US$30 millones en cámaras sin una ley clara de retención de datos ni supervisión independiente, los países con menos recursos no pueden repetir ese error. La regulación no es un freno a la innovación; es lo que separa una herramienta útil de un escándalo inevitable.