¿Qué es la infraestructura de hardware y por qué es estratégica?
La infraestructura de hardware, y en particular los semiconductores, se ha convertido en el cimiento invisible de la economía digital. Sin chips no hay smartphones, vehículos eléctricos, centros de datos ni inteligencia artificial. La pandemia y las tensiones geopolíticas revelaron una verdad incómoda: la producción está concentrada en pocas regiones, principalmente Asia y Estados Unidos, y cualquier interrupción paraliza cadenas de suministro globales.
Europa reaccionó con el European Chips Act de 2023, que movilizó más de 52.000 millones de euros entre fondos públicos y privados. Ahora, la Comisión Europea propone el Chips Act 2.0, un giro estratégico que pasa de estimular la oferta a impulsar la demanda interna, con el objetivo de alcanzar el 20% del mercado de semiconductores en 2030. La industria global superó los 700.000 millones de dólares en 2025 y podría llegar a 1,37 billones en 2030, impulsada en un 70% por aplicaciones de inteligencia artificial.
Semiconductores: el corazón de la infraestructura digital
Uno de los desafíos tecnológicos e industriales más complejos del siglo XXI es la fabricación de chips avanzados. Cada nueva megafábrica cuesta más de 20.000 millones de dólares, lo que convierte al sector en un cuello de botella financiero y estratégico. Estados Unidos domina el diseño con una cuota del 50,4% del mercado, pero solo fabrica el 14% de los chips a nivel global. China es el único país con autosuficiencia en toda la cadena de valor.
Europa intenta cerrar esa brecha. La apuesta ya no es solo fabricar silicio de última generación, sino también diseñar arquitecturas especializadas y producir chips para sectores donde tiene fortalezas: automoción, industria 4.0, robótica y tecnologías duales para defensa. Antonio Mesquida, CEO de Tech-Diligence, lo resume así: "Europa tiene que decidir qué papel quiere adoptar en un juego de interdependencias". Ana Cremades, catedrática de la Universidad Complutense de Madrid, añade: "No vamos a competir en alto volumen ni en chip de consumo, pero sí en nodos avanzados para automoción, industria 4.0 o robótica".
Computación cuántica: la próxima revolución en hardware
Mientras los semiconductores se consolidan como infraestructura crítica, la computación cuántica avanza hacia una nueva fase. El investigador He-Liang Huang, en un artículo publicado en Frontiers of Physics, plantea que la transición de la ventaja cuántica demostrada en laboratorio hacia una utilidad práctica enfrenta tres brechas fundamentales: la brecha de utilidad (entre tareas de referencia y aplicaciones reales), la brecha algorítmica (entre aceleraciones teóricas y rendimiento realista) y la brecha de hardware (limitaciones de los dispositivos cuánticos de escala intermedia con ruido).
El autor señala que los progresos en hardware cuántico, algoritmos conscientes de recursos y la integración clásica-cuántica están cerrando estas brechas. Las aplicaciones más prometedoras para una ventaja cuántica práctica son la simulación cuántica, la química, la optimización y el aprendizaje automático. España ya tiene empresas como Qilimanjaro Quantum Tech y Multiverse Computing trabajando en hardware y software cuántico, y centros como IMDEA Nanociencia investigando materiales cuánticos.
Robótica e industria 4.0: demandas que definen el futuro de los chips
La robótica y la industria 4.0 se perfilan como sectores estratégicos que demandarán chips cada vez más especializados. La inteligencia artificial aplicada a la robótica requiere procesadores eficientes y adaptados a entornos físicos, algo diferente a los chips utilizados en centros de datos. Europa tiene aquí una oportunidad: según los expertos, el continente puede competir en diseño de chips para robótica, automatización industrial y sensores inteligentes.
El próximo paso, como señala Mesquida, es llevar los chips de la inteligencia artificial a todos los dispositivos conectados a la nube. Serán necesarias arquitecturas nuevas y procesadores más pequeños y especializados, un campo donde Europa cuenta con empresas de diseño competitivas. La simulación, el codiseño y la validación avanzada de arquitecturas, apoyadas en infraestructuras como el Barcelona Supercomputing Center, se convierten en ventajas diferenciales.
El caso español: oportunidades en la especialización
España lanzó el PERTE Chip en mayo de 2022 con una inversión de 12.000 millones de euros, el mayor de los doce PERTE. Sin embargo, cuatro años después la ejecución presupuestaria apenas alcanza el 7%, y los intentos de atraer a grandes fabricantes como Broadcom o Intel han fracasado. La Unión Europea ha llegado a calificar de "retroceso" la hoja de ruta establecida.
Los expertos no hablan de fracaso, sino de ambición desmedida. Ana Cremades sostiene que "se ha dado un primer paso poniendo la industria en la agenda pública", y destaca hitos como la instalación del IMEC en Málaga, la inversión en Diamond Foundry o la fábrica gallega de nitruro de galio. Daniel Granados, director del CITT de Semiconductores, advierte: "El problema es qué va a suceder ahora, no hay plan de continuidad".
La oportunidad española, según la Fundación Innovación Bankinter, está en la especialización: electrónica de potencia para la transición energética, fotónica integrada con empresas como VLC Photonics o SPARC Foundry, diseño avanzado de chips con Openchip, y la conexión con tecnologías cuánticas. El desafío principal es el talento: se necesitan 5.000 nuevos profesionales en España y 50.000 en Europa hasta 2030.
El futuro: co-evolución de hardware, algoritmos y demanda
La infraestructura de semiconductores, la computación cuántica y la robótica convergen en un mismo punto: la necesidad de capacidades tecnológicas soberanas. Europa ha entendido que no puede depender de terceros en sectores críticos, pero también sabe que competir en fabricación masiva es inviable. La especialización en diseño, fotónica y electrónica de potencia, combinada con una apuesta decidida por la computación cuántica y la inteligencia artificial, puede dar resultados.
La realización de una ventaja cuántica práctica, como subraya Huang, no surgirá de un único avance sino de la co-evolución de hardware, algoritmos y descubrimientos orientados a aplicaciones. Algo similar ocurre con los semiconductores: la ventaja competitiva de Europa no estará en replicar las gigafábricas asiáticas, sino en construir un ecosistema integrado donde cada país aporte desde sus fortalezas.
Para España, esto significa evitar la dispersión y concentrar recursos en nichos donde ya existen capacidades diferenciales. La transferencia tecnológica, infraestructuras preindustriales como InnoFAB en Cataluña y la SETT para canalizar inversiones estratégicas son los instrumentos. La pregunta no es si Europa conseguirá dotarse de más protagonismo, sino cómo lo hará. La respuesta, como sugieren los expertos, pasa por la especialización, el talento y la ejecución más que por los titulares.