Opinión Sobresalientes que no aprenden: la IA ensancha la brecha escolar
Los datos muestran que la IA no mejora las notas por sí sola: premia a los aplicados y hunde al resto. El sistema educativo tiene un problema.
La paradoja del estudiante brillante
El acceso masivo a inteligencia artificial generativa ha disparado las calificaciones universitarias. En Estados Unidos y otros países, la proporción de sobresalientes crece año tras año. Pero detrás de ese espejismo de excelencia, los datos cuentan una historia más incómoda: los estudiantes pueden obtener las máximas notas en todas las tareas y, al mismo tiempo, no aprender prácticamente nada.
Un estudio realizado en el ámbito universitario —citado por Eduforics— revela que la IA amplifica las diferencias entre quienes ya tienen buenos hábitos de estudio y quienes carecen de ellos. Los primeros usan la herramienta para profundizar; los segundos, para trabajar menos. El resultado no es un ascensor homogéneo, sino un abismo que se ensancha.
El 68 % que ahorra tiempo, y el 43 % que realmente entiende
Según una encuesta de GoStudent publicada en mayo de 2025, el 68 % de los estudiantes usa IA porque ahorra tiempo. Solo el 43 % dice que le ayuda a comprender mejor temas complejos. La mayoría reconoce que la tecnología es un atajo, no un puente hacia el conocimiento. Y el dato más preocupante no es la trampa deliberada, sino el autoengaño: el alumno que entrega un trabajo perfecto cree haberlo entendido, pero al examen siguiente descubre que no retuvo nada.
Un informe del Banco Mundial lo plantea sin rodeos: una verdad incómoda es que los estudiantes pueden obtener excelentes calificaciones en todas las tareas de clase y no aprender prácticamente nada. La distorsión entre rendimiento y aprendizaje amenaza con vaciar de sentido el sistema de notas.
¿Ayuda o perjudica? Depende de quién pregunta
Coursera encuestó en febrero de 2026 a más de 4.200 estudiantes y educadores de cinco países. El 80 % de los estudiantes afirmó que la IA les ayuda a mejorar sus calificaciones. Sin embargo, la percepción de los docentes suele ser más matizada: muchos observan que las herramientas se convierten en una muleta que reemplaza el esfuerzo cognitivo en lugar de potenciarlo.
El mecanismo no es exclusivo de Estados Unidos, advierte El País: si los estudiantes tienen acceso a IA y los cursos se apoyan en evaluaciones tradicionales —tareas escritas, resúmenes, ejercicios repetitivos—, el sistema se vuelve permeable a la automatización. La nota deja de medir conocimiento y pasa a medir habilidad para usar prompts.
El riesgo de una generación de sahumerios
Las encuestas citadas coinciden en un punto: la brecha no se cierra sola. Los estudiantes con capital cultural, disciplina y acompañamiento familiar se benefician más de la IA que aquellos que llegan rezagados. Sin intervención pedagógica, la tecnología no iguala oportunidades: las amplifica. El sistema educativo debe rediseñar sus evaluaciones para que medir comprensión, no velocidad de escritura generada por un modelo de lenguaje.
Mientras tanto, la paradoja persiste: nunca hubo tantos sobresalientes, y quizá nunca tan poca seguridad sobre lo que esos números significan.