El círculo que Nvidia no esconde
La semana pasada, Nvidia reconoció algo que muchos analistas ya sospechaban: una parte importante de sus ingresos futuros proviene de los mismos laboratorios de IA que la compañía financia con su propio balance. La CFO, Colette Kress, dijo ante inversores que la demanda de los laboratorios respaldados por Nvidia representará cerca de una cuarta parte de su negocio el próximo año — un dato que la propia empresa mencionó antes de que cualquier crítico la acusara de financiamiento circular.
El mecanismo es simple: Nvidia invierte en un laboratorio de IA. Ese laboratorio usa el dinero (o el crédito que la participación de Nvidia desbloquea) para construir un centro de datos. El centro se llena con chips de Nvidia. Esa compra se registra como ingresos de Nvidia. Las acciones y el efectivo crecen, y Nvidia invierte de nuevo. Nvidia ha colocado cerca de US$50 mil millones en los laboratorios que compran sus chips y tiene compromisos por más de US$500 mil millones.
Wall Street como extensión del ecosistema
Para mover ese volumen, Nvidia firmó acuerdos con seis de las gestoras de activos más grandes del mundo: Apollo, Blackstone, BlackRock, Brookfield, Goldman Sachs y KKR. La idea es crear plataformas de financiamiento que movilicen más de US$500 mil millones de capital de terceros para construir infraestructura de IA. El comunicado oficial de Nvidia describe el cómputo como "una clase de activo invertible" — el mismo lenguaje que usan los fondos de infraestructura para hablar de puertos o autopistas. Jensen Huang lo resumió así: "En IA, el cómputo es ingreso".
Las cifras son difíciles de dimensionar: Nvidia aseguró terreno, energía y capacidad de construcción con SB Energy que albergará solo equipo de Nvidia — la primera fase soporta 4,25 gigavatios y será usada por OpenAI, cuyos compromisos existentes y planificados rondan los 12 gigavatios de cómputo Nvidia hasta 2030. Para un segundo laboratorio no nombrado, Nvidia dará soporte crediticio por casi dos gigavatios.
¿Riesgo real o estrategia con respaldo?
Los críticos comparan este entramado con los acuerdos circulares de la burbuja de las puntocom. Pero Huang responde con el argumento de la escala: "Esta es la primera generación de startups que necesitaba decenas de miles de millones de dólares para financiarse", dijo en entrevista con Jim Cramer en CNBC. "No tienen el historial financiero para conseguir capital a bajo costo. Ahí es donde Nvidia puede ayudar". Huang defiende que el riesgo es bajo porque su infraestructura puede redesplegarse entre clientes y cargas de trabajo. Por eso prefiere ser visto como un inversor en "empresas que ocurren una vez por generación".
Los resultados refuerzan la jugada: ingresos trimestrales de US$96,2 mil millones, más del doble que el año anterior, con un crecimiento del 117 % en centros de datos. Sin embargo, las acciones solo suben 12 % en el año — el mercado ya descuenta el riesgo de que parte de esta demanda sea autoinducida.
Qué significa para América Latina
Para los ejecutivos latinoamericanos, este esquema tiene una lectura incómoda. Los acuerdos de Nvidia concentran el acceso a cómputo de punta en un puñado de laboratorios con balance corporativo — ninguno de ellos en la región. Las empresas locales que quieran entrenar modelos grandes pagarán precios fijados por un mercado donde el principal proveedor también es el principal financista de la demanda. No es ilegal, pero sí es una estructura de mercado que reduce el poder de negociación del comprador.
A la vez, el interés de fondos como Brookfield y KKR por el cómputo como activo invertible podría abrir puertas: parte de esos US$500 mil millones podría fluir hacia centros de datos en países con energía barata y estabilidad regulatoria — Chile, Colombia o Uruguay, por ejemplo — si consiguen alianzas con los operadores que Nvidia está habilitando. Pero la región necesita resolver su propia ecuación de capital antes de subirse a esa ola: sin inversión local en infraestructura, el acceso a IA quedará mediado por decisiones de tesorería de fondos de Nueva York o Dallas.
El círculo de Nvidia no es una burbuja clásica; es un mecanismo financiero que redefine cómo se financia la tecnología más cara de la historia. Para las empresas latinoamericanas, la pregunta no es si el círculo es sostenible, sino cómo insertarse en él antes de que se cierre.
La paradoja del guardián
Nvidia juega a ser juez, banquero y proveedor. Los US$500 mil millones son una intención; los acuerdos aún no son contratos vinculantes. Pero la dirección es clara: si la IA genera valor, Nvidia cobrará por la infraestructura, la energía y la deuda que la sostiene. Si el valor colapsa, la compañía tiene poder de rehipotecar sus chips. En esa asimetría de riesgo está la verdadera ventaja competitiva — y la lección para cualquier ejecutivo regional que quiera depender de una pieza clave de la cadena de suministro de IA: diversificar no solo los proveedores, sino también la estructura financiera que los sostiene.
La región tiene una oportunidad si actúa desde la posición de quien compra cómputo con reglas propias, no desde la de quien solo recibe chips. Hasta que eso ocurra, cada dólar que Nvidia pone en la mesa es también una apuesta de quién gobierna el futuro de la IA.