Ética & sociedad La 'Genesis Mission' de Trump pone 5.000 millones en IA para la ciencia, pero críticos ven captura política
La administración Trump lanza un megaproyecto científico con IA, pero investigadores advierten que es una politización del sistema que prioriza velocidad sobre descubrimiento.
La administración de Donald Trump ha puesto en marcha una de las iniciativas de investigación más ambiciosas de las últimas décadas: la denominada "Genesis Mission", un programa que inyecta 5.000 millones de dólares en cientos de proyectos científicos impulsados por inteligencia artificial. La Casa Blanca ha comparado su urgencia con la del Proyecto Manhattan, y el director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica, Michael Kratsios, la ha presentado como el camino hacia una "Nueva Edad Dorada" de la ciencia estadounidense. Pero el anuncio ha generado un intenso debate sobre si se trata de un verdadero plan de renovación o de una jugada política que podría desmantelar décadas de institucionalidad científica.
Una apuesta por la velocidad y los resultados medibles
En un informe de julio de 2026 titulado "Science: A New Golden Age", Kratsios plantea una crítica frontal al sistema actual: lo describe como "estancado", con incentivos desalineados, una crisis de reproducibilidad y una carga burocrática que frena a los investigadores. Su propuesta es transformar la forma en que se financia la ciencia, pasando de un modelo único a una cartera flexible que incluya subvenciones rápidas, premios por desafíos y proyectos de largo plazo. La inteligencia artificial aparece como el gran catalizador: "La IA acelerará y transformará radicalmente la forma en que hacemos ciencia", afirma el informe, pero advierte que incluso los modelos más capaces se ralentizarán si no se modernizan las instituciones.
El programa Genesis Mission es la punta de lanza de esta visión. Los 5.000 millones se destinarán a proyectos donde la IA actúe como motor de descubrimiento, desde el diseño de nuevos materiales hasta la simulación de procesos biológicos complejos. El gobierno de Trump ha presentado esto como una respuesta directa al avance de competidores globales, principalmente China, que según el informe "están usando tácticas que Estados Unidos nunca toleraría" para capturar la cadena de valor de las tecnologías estratégicas.
Desmantelamiento o renovación: la visión de los críticos
Sin embargo, el escepticismo en la comunidad académica es profundo. Investigadores citados en reportes de prensa advierten que la agenda de Trump no es un plan de renovación, sino una "captura de poder politizada" que no entiende cómo funciona realmente la ciencia. Señalan que, en lugar de tratar la investigación pública como un bien común, se asemeja más a una startup de Silicon Valley, priorizando resultados medibles y velocidad sobre el trabajo lento e incierto que ha llevado a algunos de los descubrimientos más significativos de la historia.
El informe oficial reconoce que se han suprimido proyectos considerados "woke" o de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI), y que se amenaza con recortes de fondos a universidades por motivos ideológicos. También se limita el flujo de estudiantes e investigadores internacionales y se otorga un control sin precedentes sobre la financiación federal a nombramientos políticos. Para los críticos, esto es un desmantelamiento sistemático de las normas e instituciones que, a pesar de sus defectos, ayudaron a convertir a Estados Unidos en una potencia científica global.
¿Qué significa esto para América Latina?
Para los ejecutivos y tomadores de decisiones en América Latina, la transformación del modelo científico estadounidense tiene implicaciones directas. En primer lugar, el énfasis en la velocidad y la IA acelera la brecha tecnológica: si EE.UU. concentra sus recursos en proyectos donde la inteligencia artificial es el motor principal, las colaboraciones internacionales y el acceso a datos abiertos podrían reducirse, afectando a centros de investigación locales que dependen de redes globales.
Además, la politización del financiamiento científico introduce un riesgo para las universidades y startups latinoamericanas que buscan asociarse con instituciones estadounidenses. Cualquier proyecto que toque temas sensibles —desde ética en IA hasta sostenibilidad— podría quedar fuera de los fondos. Por otro lado, la Genesis Mission también abre ventanas de oportunidad: los países de la región que inviertan en infraestructura de IA y en formar talento especializado podrían posicionarse como socios en esta nueva carrera, sobre todo en áreas como bioprocesos, energía y modelado climático, donde Latinoamérica tiene ventajas naturales.
Un cierre con interrogantes
El plan de la administración Trump es claro: modernizar las instituciones científicas para la era de la IA, con un fuerte énfasis en resultados inmediatos y en la seguridad nacional. Pero la pregunta que queda en el aire es si esa modernización terminará siendo un motor de descubrimiento genuino o una maquinaria que sacrifica la profundidad de la ciencia básica en nombre de la eficiencia. Para los líderes latinoamericanos que observan desde afuera, la lección es doble: la IA puede ser un acelerador de ciencia, pero el verdadero valor de largo plazo depende de instituciones estables, colaboración abierta y respeto por los métodos que han probado su eficacia durante décadas.