Negocios La apuesta de SoftBank por OpenAI: ¿burbuja o blasfemia?
SoftBank acaba de desembolsar otros $10.000 millones en OpenAI. Su CEO defiende que la IA no es burbuja. ¿Qué significa para las empresas de América Latina?
SoftBank Group ejecutó el 1 de julio el segundo tramo de su inversión adicional en OpenAI: 100.000 millones de dólares (unos 1,6 billones de yenes). Con este desembolso, la firma japonesa acumula ya 64.600 millones de dólares en la creadora de ChatGPT, lo que representa aproximadamente el 13% de su capital. El tercer y último tramo, otros 10.000 millones, llegará en octubre. La operación, anunciada en febrero pasado, totalizará 30.000 millones nuevos, y se suma a los 34.600 millones que SoftBank ya había inyectado desde 2024.
El movimiento confirma una obsesión: Masayoshi Son, fundador y CEO de SoftBank, cree que la inteligencia artificial es la mayor oportunidad de la historia. En la última conferencia anual de resultados, Son fue tajante con quienes comparan el auge de la IA con la burbuja de las puntocom: "Creo que decir que es una burbuja es una blasfemia contra la IA". Aseguró que el potencial está recién comenzando a descubrirse y que, incluso si hubiera una corrección, vendrían "muchos días dorados". Para respaldar la jugada, SoftBank firmó en marzo un crédito récord de 40.000 millones de dólares, el mayor de la historia corporativa japonesa. La apuesta ya le ha dado resultados bursátiles: el grupo superó a Toyota como la empresa más valiosa de Japón, alcanzando una capitalización de 47 billones de yenes (unos 300.000 millones de dólares).
La visión de Son contrasta con las dudas que circulan en el mercado. Mientras él ve un horizonte sin techo, analistas y algunos directivos del propio SoftBank se preguntan si el retorno justificará semejante concentración de capital. OpenAI sigue siendo una máquina de perder dinero —sus costos operativos superan con creces los ingresos— pero Son apuesta a que Sam Altman, su CEO, logrará convertir la promesa técnica en rentabilidad sostenida.
Para los ejecutivos latinoamericanos, esta noticia no es solo un espectáculo financiero lejano. La inyección de capital significa que OpenAI podrá seguir escalando su infraestructura global, incluyendo centros de datos que abaraten el acceso a modelos avanzados. Eso es relevante en una región donde el costo de la computación en la nube sigue siendo un freno para startups y empresas que quieren integrar IA generativa en sus procesos. Además, la confianza de un gigante como SoftBank valida que la inteligencia artificial seguirá atrayendo inversión durante años, lo que presiona a los gobiernos latinoamericanos a acelerar sus propias regulaciones: sin normas claras sobre datos, propiedad intelectual y responsabilidad algorítmica, la región podría quedar rezagada en la adopción segura de estas tecnologías.
Las empresas de América Latina enfrentan una disyuntiva familiar: esperar a que el polvo se asiente o saltar ahora. La apuesta de Son sugiere que el costo de no hacer nada puede ser más alto que el riesgo de equivocarse. Pero el tamaño de la inversión también plantea una pregunta que cada directivo debe hacerse: ¿está mi organización preparada para usar estas herramientas sin depender exclusivamente de un solo proveedor? La concentración de poder en OpenAI —y en su principal financista— es un recordatorio de que, frente a la IA, la autonomía estratégica empieza por entender qué problemas propios se quiere resolver y con qué modelo de negocio se sostendrá esa decisión.