Investigación IA consume energía pero impulsa la descarbonización según MIT
La lista de innovadores climáticos de MIT revela a la IA como doble filo: consume energía pero acelera la descarbonización. El acero limpio de Hertha Metals y el litio latinoamericano en el centro.
La lista anual de 35 innovadores menores de 35 años que publica MIT Technology Review suele funcionar como un sismógrafo: donde tiembla el terreno, ahí está la próxima ola. En la edición 2026, los nueve galardonados en clima y energía dibujan un mapa nítido. La inteligencia artificial aparece en casi todos los frentes, pero no como protagonista heroica: es a la vez el problema energético que hay que domesticar y la herramienta sin la que no se cierran las cuentas de la descarbonización.
Jae-Won Chung, uno de los premiados, lleva meses midiendo el consumo real de modelos abiertos para que la industria deje de estimar y empiece a contabilizar. Su trabajo —que ya respaldó la investigación del propio MIT sobre la huella energética de la IA— apunta a una verdad incómoda.
Al otro lado, Jing Wei usa aprendizaje automático para coser datos de satélites y estaciones meteorológicas y mapear contaminación donde no hay sensores; Zhonghua Zheng entrena modelos climáticos que funcionan en ciudades, el punto ciego histórico de la simulación global. La IA, en resumen, deja de ser chatbot para convertirse en infraestructura de medición y predicción.
El acero, ese gigante silencioso, tiene su propia historia en la lista. Laureen Meroueh, fundadora de Hertha Metals, propone un horno que convierte mineral de hierro en acero líquido en un solo paso y sustituye el carbón por gas natural. El resultado: emisiones recortadas al menos a la mitad y costes un 25 % por debajo de la ruta tradicional. Para Brasil, México o Argentina —potencias siderúrgicas con acceso a gas y presión regulatoria creciente— la ecuación no es teórica: es la diferencia entre seguir exportando «acero sucio» o certificar producto verde para mercados que ya lo exigen.
Detrás de ambos avances late la misma vena: los materiales críticos. El litio, base de las baterías que almacenan renovables y mueven flotas eléctricas, es un material crítico. La lista del MIT lo señala sin rodeos: el cambio de matriz energética es, ante todo, un cambio de matriz mineral. Quien controle la extracción y el refino —y lo haga con estándares ambientales creíbles— definirá la geopolítica climática de la próxima década.
La biotecnología, cuarta pata de la premiación, añade una capa más: virus diseñados con IA generativa para absorber contaminación o producir fármacos. Suena lejano, pero la misma lógica de «diseño asistido por máquina» que acelera el acero limpio o los modelos climáticos impulsa ahora la biotecnología.
Para el ejecutivo latinoamericano, la lectura es clara. La IA no es solo un gasto de GPU: es el sistema nervioso que permite optimizar plantas, certificar trazabilidad de litio y modelar riesgos climáticos en activos reales. El acero verde abre una ventana de arbitraje regulatorio y de marca. Y el litio, bien gestionado, deja de ser commodity para convertirse en palanca de negociación tecnológica. La lista del MIT no predice el futuro; muestra quién ya está construyéndolo. La pregunta es si la región se sube al vagón de la instrumentación y la materia prima calificada, o se conforma con ver pasar el tren.