Players Fondo de Aschenbrenner invierte $500M en chips tras casi colapsar
Situational Awareness invirtió 500 millones de dólares en Source Foundry días después de estar al borde del colapso. La jugada refleja la fiebre por los semiconductores y el riesgo extremo de apostar a la infraestructura de IA.
Leopold Aschenbrenner casi pierde todo en julio. Dos semanas después, invirtió 500 millones de dólares en una startup de chips. La historia de Situational Awareness, el fondo de cobertura que fundó tras salir de OpenAI, es un caso extremo de lo que ocurre cuando se apuesta con apalancamiento por la infraestructura de la inteligencia artificial.
El fondo comprometió inicialmente 100 millones de dólares en Source Foundry, una startup nacida de investigadores de Stanford que promete fabricar semiconductores de forma más barata y rápida. Luego agregó otros 400 millones, según Bloomberg y The Wall Street Journal. La compañía, respaldada por Sequoia Capital, busca resolver lo que la socia de Sequoia, Stephanie Zhan, llama "el muro de los chips": la demanda de cómputo para IA crece en una curva exponencial, mientras la capacidad de fabricación lo hace en una lineal. "La demanda de IA crece en una curva exponencial de software, mientras que la capacidad de fabricación de semiconductores crece en una curva lineal de equipos industriales", dijo Zhan a Bloomberg.
Para entender por qué esta inversión es tan llamativa hay que mirar el estado del fondo apenas días antes. A finales de julio, las acciones tecnológicas públicas que Situational Awareness tenía apalancadas se desplomaron, disparando llamadas de margen de los bancos. Los activos bajo gestión pasaron de 45.000 millones de dólares a principios de julio a unos 10.000 millones, una destrucción de valor de 35.000 millones en semanas, según reportó Investing.com. Aschenbrenner logró un acuerdo con Ken Griffin, fundador de Citadel, para vender la mayor parte de su cartera pública con un descuento del 10% y así pagar a los prestamistas.
Pero lo crucial es que conservó sus participaciones privadas: Anthropic (valorada en al menos 965.000 millones de dólares), Fluidstack y MatX.
"Tomamos las medidas necesarias para seguir adelante", escribió Aschenbrenner a sus inversores. "Pero nuestro fondo debe estar siempre estructurado de manera que podamos asumir una pérdida y seguir luchando". Ese aprendizaje no lo llevó a la cautela. Inmediatamente después de sobrevivir, dobló la apuesta en Source Foundry, una jugada que refleja una convicción inquebrantable en que la escasez de capacidad de fabricación de chips es el cuello de botella más crítico de la IA.
El contexto de mercado lo respalda. El Roundhill Memory ETF, lanzado en abril de 2026, acumuló más de 10.000 millones de dólares en apenas mes y medio, según El Economista. El índice PHLX Semiconductor Sector subió un 2.187% en el año. La fiebre por los chips de memoria y procesamiento es tal que los inversores están dispuestos a comprar cualquier vehículo que prometa exposición al hardware de IA. Mientras, las empresas de software de IA han sufrido castigos en bolsa por el temor a que las herramientas canibalicen su propio negocio. La narrativa cambió: el hardware es el nuevo rey.
Para los ejecutivos latinoamericanos, esta historia tiene varias lecturas. Primero, la concentración de la fabricación de chips en Asia (Taiwán, Corea) y el esfuerzo de Estados Unidos por reshorear la producción con iniciativas como el CHIPS Act crean una dependencia que puede traducirse en mayores costos y plazos para cualquier empresa que necesite capacidad de cómputo en la región. Segundo, el episodio de Situational Awareness muestra que incluso los fondos más sofisticados pueden colapsar por la volatilidad de las tecnológicas públicas, lo que debería alertar a los gestores de fondos latinoamericanos que invierten en IA.
Tercero, la apuesta por nuevas técnicas de fabricación (Source Foundry planea usar "una física subyacente diferente") podría eventualmente abaratar los chips, lo que beneficiaría a startups y empresas de IA en América Latina que hoy sufren por los altos costos de infraestructura.
La pregunta abierta es si el mercado de chips puede sostener estas valoraciones y si la promesa de Source Foundry se materializará. Aschenbrenner, con solo unos veinte años, ha demostrado que está dispuesto a arriesgarlo todo en esa tesis. América Latina, mientras tanto, observa desde afuera una cadena de suministro que define el futuro de la tecnología que consumirá.