Negocios Copilot: el asistente que nadie usa
A pesar de la inversión masiva, menos del 4,5% de los usuarios empresariales de Microsoft 365 paga por Copilot. Entre costos crecientes, competencia y falta de adopción interna, el asistente de IA enfrenta su mayor prueba.
Microsoft ha invertido miles de millones en integrar inteligencia artificial en su ecosistema de productividad, pero el retorno dista de ser el esperado. Datos recientes indican que, de los aproximadamente 450 millones de usuarios corporativos de Microsoft 365, menos del 4,5% ha contratado el plan de pago de Microsoft 365 Copilot. Y lo que es más revelador: de ese grupo, solo entre el 20% y el 30% lo utiliza al menos una vez por semana, lo que equivale a menos del 1,35% del total de la base instalada. En la práctica, nueve de cada diez usuarios empresariales de Office nunca tocan la versión paga del asistente.
La razón principal no es técnica sino económica y estratégica. Para una empresa media, añadir Microsoft 365 Copilot a su suscripción existente cuesta 30 dólares por usuario al mes en el plan empresarial y unos 21 dólares en el plan para pymes. Si una compañía con 500 empleados decide licenciar a toda la plantilla, el desembolso anual supera los 180.000 dólares solo por el add-on de IA. A esto se suma que Microsoft acaba de incrementar el precio de las suscripciones base de Microsoft 365 para empresas, alegando mejoras en seguridad y funciones de IA que, según los números, los clientes aún no están dispuestos a pagar.
Frente a esta realidad, los competidores ganan terreno. ChatGPT, Claude de Anthropic y Gemini de Google ofrecen capacidades conversacionales y de análisis que, para muchas tareas cotidianas —redactar correos, resumir documentos o buscar información—, resultan suficientes sin necesidad de pagar un extra sobre la suite ofimática. El diferencial de Copilot, su capacidad de acceder al correo, los archivos y las reuniones de la empresa a través de Microsoft Graph, es potente, pero también genera dudas sobre privacidad y gobierno de datos, especialmente en mercados con regulaciones como la Ley de Inteligencia Artificial de Europa o las leyes de protección de datos de América Latina.
El problema de adopción no es nuevo ni exclusivo de Microsoft. Según consultoras como Hiberus Booster, más del 80% de las implantaciones de Copilot no supera el 30% de uso activo entre los empleados, y el valor en licencias sin usar —el llamado shelfware— se cuenta por cientos de millones de euros solo en el mercado europeo. La causa no es el producto, sino la ausencia de un programa de acompañamiento: sin casos de uso definidos por rol, sin capacitación ni métricas de impacto, la herramienta se prueba dos veces y se abandona.
Para las empresas latinoamericanas, la decisión de adoptar Copilot implica un análisis de costo-beneficio más estricto. En mercados donde el tipo de cambio y la presión sobre los presupuestos de TI son constantes, pagar 30 dólares adicionales por usuario al mes para una herramienta que la mayoría no usará semanalmente es difícil de justificar. La tentación de optar por alternativas gratuitas o de menor costo —ChatGPT en su versión básica, Gemini, o incluso modelos open source— crece, sobre todo cuando los equipos ya están familiarizados con ellas.
Microsoft parece consciente del desfase. En una comunicación interna citada por Windows Latest, Jacob Andreou, responsable de la división Copilot, afirmó que "Microsoft 365 Copilot debe ganarse el derecho a existir", reconociendo que estar preinstalado en Office y Windows no basta. La compañía ha comenzado a integrar modelos externos como Claude de Anthropic como una opción dentro de Copilot, lo que desde fuera se lee como un reconocimiento implícito de que sus propios modelos no siempre son los más adecuados. OpenAI, por su parte, se apresuró a declarar que GPT-5.6 es el "modelo preferido" de Copilot, en un esfuerzo por disipar rumores de distanciamiento, justo cuando Microsoft está desarrollando sus propios modelos MAI para reducir costes en tareas repetitivas.
Para el ejecutivo que evalúa esta inversión, lo relevante no es si Copilot funciona, sino si funciona mejor que las alternativas y si su equipo lo usará lo suficiente como para que el desembolso mensual tenga sentido. La evidencia sugiere que, sin un plan de adopción estructurado —con capacitación, definición de casos de uso por área y medición de resultados—, la probabilidad de que las licencias queden ociosas es alta.
La pregunta que cada empresa debe hacerse no es si necesita inteligencia artificial, sino si está dispuesta a pagar un premium por una integración que la mayoría de sus empleados aún no aprovecha.