China convierte sus fábricas de IA y robots en parques temáticos: ¿y América Latina?

Las plantas de Xiaomi, NIO y XPeng reciben a miles de turistas como si fueran museos. ¿Qué implica este fenómeno de marketing industrial para las empresas latinoamericanas que quieren adoptar IA?

China convierte sus fábricas de IA y robots en parques temáticos: ¿y América Latina?

En China, una fábrica de coches eléctricos ya vale tanto por los vehículos que produce como por los visitantes que atrae. Xiaomi, NIO, XPeng y BYD han abierto sus plantas al público, convirtiendo líneas de montaje robotizadas en atracciones turísticas que, en el caso de la fábrica de Xiaomi en Pekín, recibieron 130.000 personas solo en 2025 según datos de Xataka. La demanda es tal que la empresa sorteó las plazas con una tasa de aceptación del 0,4%, y en plataformas de segunda mano se llegaron a pedir hasta 1.000 yuanes (unos 125 euros) por una entrada gratuita.

El fenómeno no es espontáneo. El gobierno chino, a través del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información, ha impulsado rutas de turismo industrial que integran fábricas inteligentes en los circuitos turísticos del país. Según un informe de Zero Power Intelligence Group citado por Xinhua, el turismo industrial representa entre el 10% y el 15% de la producción turística mundial, pero en China está por debajo del 5%, y se proyecta que crezca a una tasa anual del 18% para alcanzar un mercado de más de 300.000 millones de yuanes (unos 43.800 millones de dólares) en 2030. En ciudades como Wuhan, el monorraíl suspendido “fotón del valle óptico” conecta museos de ciencia, parques tecnológicos y superfábricas: solo el primer día del feriado del Día del Trabajo registró más de 13.000 visitas, un 5% más que el año anterior.

Lo que parece una simple excursión escolar es en realidad una operación de marketing de largo plazo. Como señala el análisis de Baiguan recogido por Xataka, estos tours buscan generar una conexión emocional con la marca: algunos padres confiesan que la visita influyó en su decisión de compra, y otros esperan que sus hijos acaben trabajando en esas empresas. No es caridad corporativa: es una forma de sembrar lealtad desde la infancia, usando la robótica como espectáculo. Y funciona: en la planta de NIO en Hefei, las visitas se han convertido en un premio para los usuarios activos de su app, y las listas de espera se miden en meses.

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Lo que China sí hace y América Latina no

Detrás de este boom hay dos factores que América Latina debería observar con atención. Primero, una política industrial activa: el gobierno chino no solo financia la innovación, sino que la convierte en producto turístico, integrando tecnología y consumo en un mismo circuito. Segundo, una penetración real de la automatización en plantas que ya operan con niveles de robotización que permiten que, como en la fábrica de Xiaomi en Yizhuang, apenas se vea un trabajador humano en la línea de montaje.

Para un ejecutivo latinoamericano, la pregunta no es si sus empleados querrían visitar una fábrica automatizada —la respuesta probablemente sería sí—, sino si su empresa tiene el nivel de sofisticación tecnológica para que valga la pena abrir las puertas. En la región, salvo contadas excepciones como las plantas de General Motors en Brasil o las de Volkswagen en México, la mayoría de las fábricas aún dependen de procesos manuales. El turismo industrial chino es un lujo que solo pueden permitirse quienes han invertido fuerte en IA y robótica.

Pero hay un aprendizaje más incómodo. El éxito de estas visitas también enmascara una tensión laboral real: al mostrar una fábrica casi sin trabajadores, se normaliza la idea de que la automatización no destruye empleo, sino que lo convierte en espectáculo. En un contexto donde en América Latina el 60% del empleo industrial es vulnerable a la automatización (según estudios del BID), ver a niños chinos fascinados con robots que reemplazan a sus padres debería ser una señal de alerta, no de entretenimiento.

El riesgo de normalizar el espectáculo de la sustitución

Convertir la producción en show tiene otro costado que los medios suelen omitir: problemas de seguridad industrial, protección de propiedad intelectual y la difuminación de la frontera entre información y publicidad. Como señala el artículo de Ara.cat, abrir la fábrica al público puede blanquear tensiones laborales. Que una marca venda como “innovación” lo que en realidad es una estrategia de marketing no debería pasar desapercibido para los reguladores latinoamericanos que evalúan cómo fomentar la adopción de IA sin sacrificar derechos.

Mientras tanto, el gobierno de Pekín ya se ha fijado la meta de atraer 20 millones de visitas de turismo industrial al año para 2027, con ingresos estimados en 3.000 millones de yuanes (438 millones de dólares). En Latinoamérica, las pocas iniciativas de turismo industrial —como las visitas a la fábrica de SEAT en Martorell o a la planta de Coca-Cola en Bogotá— no tienen el componente de alta tecnología que convierte una cadena de montaje en un imán turístico.

La pregunta que deberían hacerse los directivos de la región no es si abrirán sus fábricas al público, sino si están dispuestos a invertir en la automatización que hace que esas visitas valgan la pena. O si prefieren seguir siendo turistas de la tecnología en lugar de anfitriones.

Fuentes

  1. China impulsa el turismo industrial con fábricas de robots y coches eléctricos
  2. Enfoque de China: El turismo tecnológico gana popularidad en China | Spanish.xinhuanet.com
  3. Las fábricas de coches de Xiaomi o Xpeng son tan avanzadas que se han convertido en el destino favorito de los colegios chinos
  4. Las fábricas de coches eléctricos, nueva atracción turística
  5. El turismo industrial experimenta un auge en China. | TV BRICS, 08.12.25
Redacción

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Turing magazine

Equipo editorial de Turingmag. Cobertura institucional sobre inteligencia artificial para ejecutivos y directivos en Latinoamérica.