Players Apple demanda a OpenAI por robo de secretos: la guerra del hardware
Apple acusa a OpenAI de robar secretos comerciales para desarrollar hardware propio. La demanda señala a altos ejecutivos y ex empleados. El caso resquebraja la alianza de 2024 y pone en alerta a empresas latinoamericanas sobre riesgos de propiedad intelectual en la era de la IA.
La relación entre Apple y OpenAI pasó de ser una alianza estratégica a una batalla legal en menos de dos años. El viernes 10 de julio de 2026, Apple presentó una demanda en el Tribunal de Distrito de EE. UU. para el Norte de California acusando a OpenAI de robo sistemático de secretos comerciales. La acción judicial nombra a Tang Tan, actual director de hardware de OpenAI y ex vicepresidente de Apple durante 24 años, como uno de los principales responsables de una trama que, según el escrito, operó "en todos los niveles" de la organización.
El caso revela un patrón de apropiación de información que habría comenzado durante el reclutamiento de talento. Apple afirma que Tan instruyó a candidatos que aún trabajaban en la compañía a llevar "piezas reales" de hardware a sus entrevistas en OpenAI para sesiones de "muestra y cuenta" en las que se extraían más datos confidenciales. Además, la demanda acusa a OpenAI de enseñar a empleados que dejaban Apple cómo evadir los procedimientos de seguridad de la empresa. Uno de esos exempleados, Chang Liu, ingeniero eléctrico de sistemas durante ocho años en Apple, habría robado un portátil corporativo tras mudarse a OpenAI en 2026 y lo habría usado para descargar información protegida.
De socios a rivales
La demanda supone un giro radical para dos empresas que en 2024 firmaron una sonada alianza: ChatGPT se integró en el sistema operativo del iPhone y Sam Altman visitó la sede de Apple para anunciarlo. Pero la relación se enfrió cuando OpenAI reveló sus planes de entrar en el mercado de hardware. En 2025, la startup compró por 6.400 millones de dólares IO Products, la compañía fundada por Jony Ive, el legendario diseñador del iPhone. Altman confirmó en noviembre de 2025 que los primeros prototipos ya estaban terminados. Analistas como Ming-Chi Kuo especulan que OpenAI podría lanzar un smartphone basado en agentes de inteligencia artificial, sin aplicaciones tradicionales, lo que representaría una amenaza directa al núcleo del negocio de Apple.
Apple también sostiene que OpenAI está utilizando una técnica de acabado metálico desarrollada por la compañía y que habría engañado a sus proveedores haciéndoles creer que contaban con autorización para usarla. La demanda incluye a IO Products como co-demandada y solicita indemnizaciones, medidas cautelares y una orden judicial para que OpenAI cese el uso de los secretos presuntamente robados.
El distanciamiento ya se había manifestado en el software: la nueva versión de Siri, que Apple lanzará este otoño, se apoya en los modelos Gemini de Google, no en ChatGPT. La compañía no ha querido comentar si la demanda afectará la integración actual de ChatGPT en Apple Intelligence.
Lo que este caso significa para América Latina
Para ejecutivos latinoamericanos, la disputa entre Apple y OpenAI enciende varias alarmas. La primera es la fragilidad de las relaciones de propiedad intelectual cuando hay movilidad de talento altamente calificado. En mercados como Brasil, México o Chile, donde la contratación de ingenieros de IA se ha intensificado, este caso recuerda que los acuerdos de confidencialidad y las auditorías de seguridad en la salida de empleados no son un trámite burocrático, sino una protección clave contra filtraciones.
La segunda lección es estratégica: la decisión de Apple de reemplazar ChatGPT por Gemini en Siri muestra cómo los conflictos legales pueden reconfigurar alianzas tecnológicas. Las empresas latinoamericanas que han construido sus servicios sobre APIs de OpenAI deben considerar que, si el litigio escala, podrían verse arrastradas a cambios de proveedor o a un ecosistema más fragmentado. No es descartable que la demanda impulse a más compañías a diversificar sus motores de IA, reduciendo la dependencia de un solo actor.
Por último, el caso expone el valor creciente de la propiedad intelectual en hardware de IA. OpenAI está decidida a tener su propio dispositivo, y Apple está dispuesta a llegar a los tribunales para defender sus procesos de fabricación. Para startups latinoamericanas que desarrollan chips, sensores o dispositivos inteligentes, la lección es clara: patentar cada innovación de proceso y mantener registros detallados de la cadena de diseño puede marcar la diferencia entre ser un socio legítimo o un objetivo de litigio.
El desenlace judicial tomará años, pero el mensaje ya está dado: en la carrera por el hardware de inteligencia artificial, no hay alianzas que duren para siempre.