Ética & sociedad 60% de la Generación Z usa ChatGPT, pero apenas 13% recibe formación
El 60% de la Generación Z utiliza inteligencia artificial en su trabajo diario, pero solo el 13% ha recibido formación de su empresa. La brecha de habilidades amenaza con convertirse en un riesgo operativo.
La inteligencia artificial se ha instalado en el día a día de los jóvenes profesionales, pero el acompañamiento formal desde las organizaciones avanza a un ritmo mucho más lento. Según el informe 2025 Gen Z & Millennial Survey de Deloitte, el 60% de los trabajadores de la Generación Z en España ya usa herramientas de IA en su trabajo diario, frente al 48% de los millennials. La cifra representa un salto abrupto respecto al año anterior, cuando solo el 23% de los centennials y el 14% de los millennials reportaban su uso.
El dato parece positivo a simple vista: una generación que adopta la tecnología con naturalidad. Sin embargo, la misma encuesta revela una carencia crítica. Apenas el 13% de la Generación Z y el 16% de los millennials ha recibido formación específica en inteligencia artificial por parte de su empleador. Esto significa que la gran mayoría está usando la tecnología por cuenta propia, sin lineamientos corporativos, sin protocolos de seguridad y sin entender del todo los riesgos operativos que implica.
Aquí hay un problema de fondo. La adopción sin control puede traducirse en filtraciones de datos, errores en procesos automatizados o dependencias tecnológicas que la empresa no puede auditar. Para Latinoamérica, la situación es aún más delicada. En una región donde el acceso a capacitación formal en IA es limitado incluso en las grandes compañías, y donde las pymes suelen carecer de áreas de innovación dedicadas, el riesgo de que los jóvenes utilicen herramientas como ChatGPT o Copilot sin supervisión se multiplica. La brecha que muestra el estudio español probablemente se replica, o se agranda, en mercados como el argentino, el colombiano o el mexicano.
Dos generaciones, un mismo desafío
Además, el informe de Deloitte detalla cómo cada grupo etario utiliza la IA. Los millennials la emplean sobre todo para análisis de datos (43%), mientras que la Generación Z la usa con mayor frecuencia para creación de contenido (35%). Son dos caras de la misma moneda: ambas generaciones reconocen que la tecnología mejora su productividad, pero los más jóvenes —los que han crecido con TikTok y ChatGPT— tienden a verla como una herramienta creativa, mientras que los millennials la asocian más al procesamiento de información.
En el mundo académico también se toma nota. Un estudio publicado en ScienceDirect titulado Emerging roles of AI mindset, experiential learning and soft skills in developing career readiness for Accountant 5.0 of Gen Z accounting students se centra en la preparación para el futuro laboral de los estudiantes de contabilidad. La investigación es un ejemplo de cómo las profesiones tradicionales están siendo redefinidas por la automatización. Si los futuros contadores necesitan un “mindset de IA”, los profesionales de cualquier sector deberían estar desarrollándolo hoy.
La confianza que no llega desde arriba
Otro hallazgo relevante del estudio de Deloitte toca la relación con los líderes. El 56% de los jóvenes considera que sus jefes deberían ofrecer orientación y apoyo en el uso de nuevas herramientas, pero solo el 26% de la Generación Z y el 21% de los millennials percibe que realmente lo recibe. La brecha entre expectativa y realidad es enorme. Además, el 41% de los centennials y el 38% de los millennials desea líderes que fomenten un entorno equilibrado y saludable, pero apenas uno de cada cinco siente que eso ocurre.
Estos números dibujan un escenario donde el talento joven está dispuesto a aprender y a adoptar tecnología, pero la organización no le ofrece el andamiaje necesario. Rocío Abella, socia de Capital Humano de Deloitte, lo resume en el informe: “La adopción acelerada de la inteligencia artificial, el peso creciente del propósito y las nuevas expectativas sobre el liderazgo evidencian un cambio estructural”. Para las empresas latinoamericanas, ese cambio estructural llega con preguntas concretas: ¿estamos capacitando a nuestros equipos jóvenes en IA o solo dejando que ellos mismos descubran cómo usarla? ¿Tenemos políticas de uso de herramientas generativas? ¿Nuestros líderes intermedios están preparados para guiar este proceso?
¿Inempleables o un activo sin pulir?
Recientemente, el Foro Económico Mundial publicó un artículo bajo el título Generación Z: ¿Inempleable o nuestro mayor activo? La pregunta captura la tensión que atraviesan hoy muchas organizaciones. Por un lado, hay un discurso que etiqueta a los jóvenes como poco comprometidos o difíciles de gestionar. Por otro, los datos muestran una generación que incorpora la IA de forma intuitiva, que valora el propósito y que exige liderazgos más humanos.
La clave no está en decidir si la Generación Z es un problema o una ventaja, sino en entender que el déficit no está en el talento, sino en la estructura que debería acompañarlo. Una empresa que no forma a sus jóvenes en IA está delegando la seguridad y la calidad de sus procesos a un aprendizaje autodidacta sin controles. Y eso, en un mercado cada vez más competitivo y regulado, es un riesgo que ningún ejecutivo debería subestimar.
Para los líderes latinoamericanos, el desafío es doble: cerrar la brecha de formación en IA y, al mismo tiempo, reconstruir la confianza entre generaciones. Si la organización no provee el marco, los jóvenes encontrarán su propio camino. La pregunta es si ese camino será el que la empresa necesita.