Players Travis Kalanick y el próximo 'Uber' de la robótica: qué significa para LatAm
Atoms, la nueva empresa del fundador de Uber, recauda US$1.700 millones para robotizar la economía física. La apuesta contrasta con el enfriamiento del hype en IA generativa y anticipa una disrupción que América Latina no puede ignorar.
Travis Kalanick ha vuelto. El fundador de Uber y artífice de una de las disrupciones más brutales del transporte urbano acaba de cerrar una ronda de US$1.700 millones para Atoms, su nueva empresa de robótica. La inversión, liderada por Andreessen Horowitz, incluye también a Uber —la misma compañía que lo despidió en 2017—, Bain Capital y Fifth Wall. Ben Horowitz se suma a la junta directiva de la compañía.
Atoms no nace de la nada. Es la evolución de City Storage Systems, la estructura bajo la que Kalanick venía operando CloudKitchens, su apuesta por las cocinas fantasma. En marzo anunció la adquisición de Pronto, firma de automatización industrial fundada por su excolega en Uber Anthony Levandowski. Pero ahora Kalanick amplía el alcance: su objetivo declarado es construir un “chasis para robots”, una plataforma común para desplegar máquinas especializadas en alimentación, minería, transporte y logística.
“Hace 16 años comencé un viaje para digitalizar el mundo físico —escribió Kalanick en su anuncio—. Comprender, predecir y controlar el mundo físico con software. Construir computadoras ‘basadas en átomos’ donde la CPU es la fabricación, el almacenamiento es el inmobiliario y la red es el transporte.” La tesis es clara: si la inteligencia artificial generativa automatiza lenguaje, la robótica automatiza ocupaciones enteras.
¿Hype o realidad? El ciclo de las expectativas
La apuesta de Kalanick llega en un momento particular para la industria. Según un estudio publicado en Electronic Commerce Research, el ciclo de hype de Gartner muestra que la IA generativa ya ingresó en la “depresión de la desilusión” (trough of disillusionment) en su reporte de 2024, tras salir del pico de expectativas infladas. Los robots inteligentes, en cambio, aunque también están en esa fase, avanzan más lentamente pero con un progreso sostenido hacia la madurez.
Esa madurez tiene respaldo empírico. Un estudio publicado en el Journal of the Knowledge Economy que analiza empresas manufactureras chinas entre 2011 y 2019 encuentra que la adopción de robots industriales incrementa significativamente la productividad total de los factores (TFP). El efecto se explica por tres mecanismos: aumento de técnicos calificados, aceleración de la transformación digital y reducción de los costos de gestión. Es decir, la robótica no solo automatiza: reorganiza la empresa.
Atoms no promete robots humanoides genéricos sino especializados. Kalanick los define como “gainfully employed robots”: robots empleados en tareas que generen abundancia económica. En su manifiesto, describe que el software ya automatizó lenguaje y matemáticas; la frontera pendiente es la autonomía en el mundo físico: cultivar, extraer, fabricar, cocinar, transportar y entregar.
Lo que esto significa para América Latina
Para los ejecutivos de la región, el movimiento de Kalanick debería leerse como una señal de alerta y oportunidad. América Latina tiene una alta concentración de empleo en sectores expuestos a la automatización física: manufactura, logística, agricultura y servicios presenciales. La OCDE advierte que los trabajadores con menor nivel educativo están sobrerrepresentados en ocupaciones con mayor riesgo de automatización, y que el crecimiento del empleo ha sido menor en esos puestos.
Si la primera ola de IA afectó principalmente a trabajadores de oficina con capital educativo para reciclarse, la robótica amenaza con impactar capas laborales más vulnerables. La evidencia del estudio chino sugiere que la robotización sí aumenta la productividad, pero también exige más técnicos y una gestión más eficiente. Para las empresas latinoamericanas, esto implica que la inversión en robótica no puede verse como un simple reemplazo de mano de obra barata, sino como una transformación organizacional que requiere perfiles calificados que muchas veces escasean en la región.
Además, el estilo de Kalanick —el mismo que en Uber avanzó primero y negoció después— podría chocar con entornos regulatorios latinoamericanos donde los derechos laborales y las normativas de seguridad industrial tienen un peso importante. La pregunta no es si los robots llegarán a las operaciones de la región, sino cuándo y bajo qué condiciones.
Enrique Dans, profesor de IE University, lo resume así: “Cuando Kalanick huele una disrupción real, no se dedica a comentarla. La organiza, la financia, la escala y la lanza contra la realidad hasta que esta cede.” Para los líderes de negocio en América Latina, el mensaje es claro: la próxima gran disrupción no estará en una pantalla, sino en el movimiento, la manipulación y la fabricación. Y viene con el apellido Kalanick.