Cuando un empresario del tamaño de Masayoshi Son dice que está dispuesto a comprar la eléctrica más grande de Japón para que el país no se quede atrás en inteligencia artificial, conviene prestar atención. No solo por lo ambicioso del movimiento, sino por lo que revela sobre el principal cuello de botella de la era de la IA: la electricidad.
El fundador y presidente de SoftBank Group aprovechó la junta de accionistas del 24 de junio para soltar varias bombas. La más llamativa fue su objetivo de alcanzar un valor neto de activos (NAV) de mil billones de yenes (unos 6,5 billones de dólares) en 16 años. Pero lo que más interesa a los que seguimos la infraestructura digital no es solo la cifra, sino cómo piensa llegar ahí.
Una apuesta que ya rinde frutos
Uno de los movimientos que más críticas le valió a Son fue la inversión de 300.000 millones de yenes (unos 2.000 millones de dólares) en Intel, en un momento en que el fabricante de chips atravesaba dificultades financieras. "Los expertos me criticaron, pero hoy esa inversión vale entre cinco y seis veces más", dijo en la junta. La razón de fondo, explicó, no era meramente financiera: es una jugada de seguridad nacional.
El razonamiento es sencillo. Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) domina la fabricación de chips avanzados. Intel es el segundo, pero con una brecha enorme. Estados Unidos no puede depender de un solo país para algo tan estratégico, así que necesita fortalecer a Intel. Y el mercado lo está validando: grandes clientes como Nvidia y Apple ya estarían negociando acuerdos de fabricación con Intel, lo que ha disparado su cotización.
Los tres pilares del imperio AI
Son delineó su estrategia en tres áreas que, según él, impulsarán el crecimiento de SoftBank en los próximos años:
- Los modelos de IA (como los de OpenAI)
- La infraestructura de IA (centros de datos)
- La IA física (robótica)
Estos tres pilares se apoyan en Arm, la empresa de diseño de chips que SoftBank controla, y que actúa como el núcleo que conecta todo. "Tenemos bastante confianza en lo que estamos preparando", dijo, al justificar por qué se atrevió a mencionar el objetivo de los mil billones.
El verdadero cuello de botella: la electricidad
Pero si hay un tema que acaparó la atención fue la energía. Son confirmó que SoftBank (la filial de telecomunicaciones del grupo) se ha postulado como candidato para adquirir Tokyo Electric Power (TEPCO), la gigantesca eléctrica que controla la región de Tokio y alrededores. El razonamiento es directo: Japón necesita centros de datos de IA, pero no tiene suficiente electricidad disponible.
"Si no tenemos centros de datos, Japón se quedará completamente atrás", advirtió. Y el problema no es solo de capacidad, sino de regulación. "Los permisos para una nueva conexión tardan seis años. ¡Seis años solo para la solicitud! Para entonces, la IA mundial habrá avanzado quién sabe cuánto".
La solución, en su visión, pasa por integrar verticalmente la generación eléctrica. Si TEPCO pasa a formar parte del grupo, podrían acelerar la construcción de nueva capacidad y atraer centros de datos hyperscale a Japón. No sería el primer movimiento de SoftBank en infraestructura: ya tiene proyectos en Ohio (Estados Unidos) con una capacidad equivalente a 10 reactores nucleares, además de otros en Texas y Francia.
¿Qué significa esto para América Latina?
Para un emprendedor o ejecutivo latinoamericano, la lección es doble. Primero, la disponibilidad de energía se está convirtiendo en el factor diferenciador para atraer inversión en IA. Los países que tengan capacidad de generación y procesos ágiles de permisos tendrán una ventaja enorme. Segundo, la estrategia de Son muestra que la integración vertical -controlar tanto la infraestructura digital como la energética- puede ser una jugada ganadora en mercados donde la electricidad es escasa o está mal regulada.
En nuestra región, donde los cortes de luz y la burocracia no son una rareza, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿estamos haciendo lo suficiente para asegurar que nuestros centros de datos tengan la energía que necesitarán en cinco años? Porque si Japón, con toda su tecnología, está preocupado por quedarse atrás, nosotros deberíamos estarlo aún más.