Google ha puesto en el escritorio de millones de trabajadores su primer agente personal de trabajo, Gemini Agent. La demostración técnica es impecable: un único cuadro de texto que redacta, codifica, resume y busca en el contexto corporativo —correos, documentos, hojas de cálculo— como si fuera un analista senior que nunca duerme. Pero la ingeniería, por brillante que sea, no resuelve el problema que ahora tienen los directores de tecnología y los CEO en México, Colombia, Chile o Brasil: ¿qué ocurre cuando ese analista digital comete un error que cuesta dinero, filtra información sensible o discrimina a un candidato?