Los asistentes de codificación con IA cumplen su promesa inmediata: los desarrolladores escriben código más rápido. Pero dos investigaciones independientes —una a escala organizacional masiva, otra longitudinal con profesionales— convergen en la misma paradoja: la ganancia en la fase de creación se disipa en la verificación posterior, sin traducirse en mayor entrega de software ni en mejor experiencia para quien programa.