Ética & sociedad Los falsos médicos con IA que Meta deja operar sin control
Un experimento revela que Meta y otras plataformas permiten que avatares generados por inteligencia artificial se hagan pasar por doctores para vender curas falsas, mientras un estudio académico confirma que los usuarios confían más en el contenido con supervisión humana.
Imagine que busca información sobre un dolor persistente en las rodillas y se topa con el perfil de un médico sonriente, de bata blanca, que ofrece una fórmula natural milagrosa. El problema es que ese doctor jamás existió. Es un avatar generado por inteligencia artificial, creado para engañar y vender productos sin respaldo científico. Y, según una investigación reciente, plataformas como Meta permiten que estas cuentas operen sin mayores restricciones.
Un reportaje de Futurism detectó que, en Facebook e Instagram, proliferan perfiles falsos de profesionales de la salud creados con inteligencia artificial. Estas cuentas, que utilizan imágenes sintéticas generadas por algoritmos, promocionan remedios dudosos y curas milagrosas, dirigidas a personas vulnerables que buscan alternativas médicas económicas o desesperadas. La denuncia apunta directamente a la falta de controles por parte de Meta, que no moderaría efectivamente este tipo de contenido, pese a tener políticas contra la desinformación sanitaria.
Lo preocupante no es solo la existencia de estos perfiles, sino el contexto en el que operan. Un estudio publicado en Frontiers in Public Health confirmó que los usuarios tienden a confiar en los videos generados por IA cuando estos parecen naturales, y que esa confianza se incrementa si hay interacción humana detrás. Es decir, cuanto más pulido y humano parece el mensaje, más fácil resulta que un paciente potencial termine comprando una falsa cura.
Otro experimento académico, llevado a cabo por investigadores de varias universidades estadounidenses y publicado en Issues in Information Systems, puso a prueba dos modelos de difusión de contenido en Instagram y Meta. El primer modelo era completamente automatizado: generaba publicaciones con citas motivacionales e imágenes creadas por DALL-E, sin intervención humana. El segundo modelo combinaba contenido generado por IA con selección y respuesta manual de una persona real. Los resultados fueron contundentes: el modelo con supervisión humana obtuvo significativamente más interacciones, solicitudes de amistad y mensajes, mientras que el modelo automatizado no consiguió ni un solo seguidor. La moraleja es que la credibilidad se construye con el tacto humano, y que los perfiles falsos que simulan esa presencia son los que más daño pueden hacer.
Detrás de este fenómeno hay una cadena de producción barata. Crear un avatar médico cuesta menos de veinte dólares en tokens de API de OpenAI o en suscripciones a Midjourney. El costo de engañar es irrisorio. Y las víctimas potenciales, muchas de ellas en países de América Latina donde el acceso a la salud es limitado y la confianza en figuras con batas blancas sigue siendo alta, son un mercado perfecto para este tipo de estafas.
La pregunta que queda sobre la mesa es si las plataformas reaccionarán antes de que alguien resulte gravemente perjudicado, o si será necesario que un escándalo de salud pública fuerce cambios regulatorios en la región. Mientras tanto, desconfíe del médico sonriente que promete curas instantáneas. Puede que ni siquiera sea humano.