Ética & sociedad ¿La inteligencia artificial reemplaza o complementa? Dos Nobel discrepan
Los economistas Daron Acemoglu y Philippe Aghion, premios Nobel 2025, discrepan sobre si la IA sustituye o complementa al trabajador. Visiones opuestas que coinciden en un punto clave: el resultado depende de políticas públicas.
La inteligencia artificial promete transformar la economía global, pero ¿cómo? Dos de las voces más influyentes de la economía académica —y ahora premios Nobel— ofrecen diagnósticos divergentes que merecen atención.
Dos premios Nobel, dos hipótesis
Daron Acemoglu, del MIT, y Philippe Aghion han liderado el debate sobre el impacto de la IA en el crecimiento y el empleo. Acemoglu recibió el Nobel de Economía junto con Simon Johnson, pero sus enfoques apuntan en direcciones distintas.
Acemoglu propone un marco analítico donde la IA puede elevar la productividad por dos vías: automatizando tareas, lo que sustituye trabajo humano, o complementando al trabajador, potenciando sus capacidades. La pregunta central es cuál de estos dos caminos terminará predominando. El economista advierte que el efecto agregado podría ser limitado si la IA afecta intensamente a pocas ocupaciones, sin extenderse al conjunto de la economía.
Para Acemoglu, una IA que solo sustituye trabajadores puede profundizar la desigualdad sin generar un crecimiento compartido.
La visión optimista: destrucción creativa
Philippe Aghion, en cambio, adopta una postura más optimista. En el documento AI and Growth: Where Do We Stand?, elaborado junto a Simon Bunel, utiliza dos enfoques para estimar el impacto macroeconómico de la IA sobre la productividad en la próxima década. El primero se basa en la analogía con revoluciones tecnológicas pasadas; el segundo sigue una metodología sectorial similar a la de Acemoglu.
Aghion coincide con Acemoglu en que la IA puede generar ganancias de productividad, pero pone el énfasis en la destrucción creativa: la capacidad de la tecnología para abrir nuevas oportunidades, crear nuevas tareas y aumentar el valor agregado de los trabajadores que saben complementarla.
Donde Acemoglu ve un posible estancamiento si la automatización gana la partida, Aghion ve un motor de transformación que, bien gestionado, puede elevar el crecimiento de forma sostenida.
Un punto de convergencia: el factor institucional
Pese a sus diferencias, ambos economistas coinciden en un punto crucial: el impacto final de la IA no está predeterminado por la tecnología, sino que depende de las políticas e instituciones que la canalicen. La IA puede ser una herramienta de inclusión o de exclusión, un motor de productividad o una fuente de desigualdad, según cómo se diseñen las reglas del juego.
Este consenso es particularmente relevante para América Latina. En una región donde la informalidad laboral es alta y la capacidad de adaptación tecnológica desigual, la discusión sobre si la IA reemplaza o potencia no es académica: es una decisión de política pública.
La invitación de ambos premios Nobel es a no dejar el futuro de la IA en manos del mercado ni de la inercia tecnológica. El resultado —sugieren— se escribe desde hoy, en leyes, inversiones y programas de formación.