Ética & sociedad La IA como requisito base: la brecha que se abre en dos años
El 70% de las competencias laborales cambiará antes de 2030. Expertos advierten que quienes no dominen la IA quedarán fuera del mercado en dos años. ¿Qué significa para América Latina?
Dominar la inteligencia artificial ya no es un diferenciador en el currículum, sino un requisito base que se vuelve urgente. Según datos de LinkedIn citados por Forbes, el 70% de las competencias necesarias para la mayoría de los empleos cambiará antes de 2030 y las personas tendrán el doble de empleos a lo largo de su vida que hace 15 años. En este contexto, el experto Jon Hernández advierte en el pódcast La fórmula del éxito que en un plazo de dos años quienes no sean capaces de manejar estas tecnologías se encontrarán fuera del mercado laboral si su trabajo implica el uso de ordenadores.
Para América Latina, donde la adopción tecnológica es desigual y la inversión en capacitación sigue siendo un desafío, el mensaje es claro: la ventana se cierra rápido.
La percepción de la IA como un complemento opcional está quedando obsoleta. Hernández compara el manejo de la inteligencia artificial con habilidades básicas como el correo electrónico, un procesador de texto o una hoja de cálculo: lo que antes era un plus ahora es parte del piso. Más de un tercio de los ejecutivos en Estados Unidos ya planea evaluar a sus empleados según su dominio de herramientas de IA durante el próximo año. En América Latina, aunque muchas empresas aún exploran el terreno, el riesgo de quedarse rezagado es doble: por un lado, la competencia global avanza; por otro, la brecha digital local puede ampliarse si no se actúa con rapidez.
Cinco habilidades clave para no quedar fuera
Forbes identificó, junto a especialistas, cinco capacidades que construyen una ventaja competitiva real frente a la automatización. La primera es la ingeniería de prompts: saber formular preguntas precisas a la IA determina la calidad de los resultados. La segunda, la alfabetización en IA: entender qué puede y qué no puede hacer la tecnología sin necesidad de programar. La tercera es la adaptabilidad, descrita como una “superhabilidad” en un entorno que exige cambios constantes. La cuarta, el pensamiento analítico, que permite interpretar críticamente los datos que la IA procesa. La quinta, la creatividad, sigue siendo exclusivamente humana y se potencia al delegar tareas repetitivas a las máquinas.
Para los profesionales latinoamericanos, desarrollar estas competencias implica superar barreras de acceso a herramientas de pago, internet estable y contenido en español. Pero también abre oportunidades: la necesidad de adaptar la IA a contextos locales (como la atención al cliente en portugués o la generación de informes con jerga regional) puede convertirse en un nicho de especialización.
Del temor a la práctica cotidiana
En su guía sobre uso de IA en el trabajo, la consultora Cegos destaca que el primer paso es quitarse el miedo. La experta Hélène Couderc compara la IA con un coche: “Es muy útil, pero puede ser peligroso si no conoces el código de circulación. Y aquí hablamos de un código que va a cambiar constantemente”. Aplicaciones concretas van desde la automatización de actas de reuniones hasta la gestión de correos electrónicos, la creación de presentaciones y el apoyo a la toma de decisiones. La clave está en el prompt: cuanto más claro y contextualizado sea el pedido (rol, objetivo, formato), mejores serán las respuestas.
En el ámbito latinoamericano, donde muchas pymes carecen de procesos digitales maduros, la IA puede ser un salto directo a la eficiencia. Automatizar tareas como resúmenes de reuniones o limpieza de datos en hojas de cálculo libera tiempo para tareas de mayor valor.
El costo de no adaptarse
Según LinkedIn, el 40% de los empleados teme quedarse rezagado frente a colegas con mayor dominio de la IA. La experta en carreras Catherine Fisher señala que aferrarse a métodos tradicionales puede significar perder competitividad e incluso oportunidades laborales. Para las empresas latinoamericanas, el desafío es doble: capacitar a sus equipos y al mismo tiempo definir políticas claras sobre qué información se puede compartir con estas herramientas.
No se trata de si la IA transformará el trabajo en la región, sino de si las empresas y los profesionales latinoamericanos están dispuestos a invertir el tiempo y los recursos necesarios para que esa transformación los favorezca, en lugar de dejarlos fuera.