La carrera cuántica: el tablero geopolítico que definirá el siglo

Estados Unidos, China y la Unión Europea compiten por el dominio de la computación cuántica, una tecnología que promete revolucionar la criptografía, la defensa y la inteligencia artificial. ¿Quién liderará la próxima era?

La carrera cuántica: el tablero geopolítico que definirá el siglo

Foto: 铮 夏

¿Qué es la computación cuántica y por qué desata una competencia global?

La computación cuántica no es una evolución más de los chips de silicio; representa un salto de paradigma. Mientras los ordenadores clásicos procesan bits que solo pueden ser 0 o 1, los ordenadores cuánticos utilizan qubits que pueden existir en múltiples estados gracias a la superposición y el entrelazamiento. Esto les permite resolver problemas que incluso los supercomputadores más potentes tardarían siglos en calcular: desde el diseño de nuevos materiales hasta la optimización logística, pasando por la simulación molecular y —lo que más preocupa a los gobiernos— la ruptura del cifrado RSA que protege las comunicaciones globales.

Romper el cifrado asimétrico actual convertiría la ciberseguridad mundial en un castillo de naipes. Bancos, transacciones financieras, mensajes diplomáticos, infraestructuras críticas: todo quedaría expuesto. Por eso, la computación cuántica ha dejado de ser un tema exclusivo de laboratorios para convertirse en un eje central de la estrategia nacional de potencias como Estados Unidos, China y la Unión Europea. La pregunta no es solo quién llegará primero, sino cómo se gobernará una tecnología capaz de redefinir el poder global.

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Los protagonistas geopolíticos: Estados Unidos, China y la Unión Europea en la lucha por la supremacía cuántica

Estados Unidos mantiene el liderazgo en investigación fundamental y en el ecosistema de startups. Empresas como IBM, Google, Honeywell y Quantinuum están a la vanguardia, respaldadas por fondos federales del National Quantum Initiative Act, que ha destinado más de 1.200 millones de dólares desde 2018. El enfoque estadounidense combina inversión pública, colaboración universitaria y un sector privado agresivo. Sin embargo, la fragmentación política y la incertidumbre sobre el financiamiento a largo plazo podrían frenar su avance.

China ha convertido la computación cuántica en una prioridad del Partido-Estado. El gobierno de Xi Jinping ha inyectado miles de millones de dólares a través del Megaproyecto de Información Cuántica, y ya ostenta hitos como el satélite Micius para comunicaciones cuánticas o el ordenador Zuchongzhi, capaz de realizar una tarea en segundos que a un supercomputador clásico le tomaría miles de años. La estrategia china es vertical: controla desde la investigación básica hasta la fabricación de componentes, y aplica el conocimiento en vigilancia y defensa. El riesgo, desde la perspectiva occidental, es que Pekín pueda saltarse regulaciones éticas y avanzar más rápido en aplicaciones militares.

Por su parte, la Unión Europea ha apostado por la cooperación multilateral con el Quantum Flagship, un programa de 1.000 millones de euros a diez años. Países como Alemania, Francia y Países Bajos tienen nodos de excelencia, pero la fragmentación de esfuerzos entre estados miembros y la falta de una empresa tecnológica propia del tamaño de Google o Huawei limitan su capacidad de escalar. La ventaja europea reside en su enfoque en la soberanía tecnológica y en la regulación ética, que podría convertirse en un estándar global si logra combinar desarrollo con derechos fundamentales.

Avances tecnológicos clave: del entrelazamiento cuántico a los ordenadores de 1000 qubits

El camino hacia la computación cuántica útil se mide en qubits y en calidad de los mismos. Los primeros ordenadores cuánticos comerciales, como el IBM Q System One, rondaban los 20 qubits. Hoy, IBM ha mostrado un procesador de 433 qubits (Osprey) y tiene en su hoja de ruta llegar a 1.121 qubits en 2025 con el chip Condor. Google, por su parte, demostró la supremacía cuántica en 2019 con Sycamore (53 qubits) y ahora trabaja en un ordenador de 1.000 qubits para finales de la década.

Pero el número de qubits no es suficiente. La tasa de error sigue siendo el talón de Aquiles. Los qubits son frágiles: necesitan temperaturas cercanas al cero absoluto y están sujetos a interferencias externas que generan decoherencia. Por eso, el desarrollo de códigos de corrección de errores y qubits lógicos (múltiples qubits físicos que actúan como uno solo) es tan importante como escalar el hardware. Honeywell, por ejemplo, ha optado por qubits de iones atrapados, que ofrecen mayor fidelidad aunque menor escalabilidad. La apuesta por diferentes plataformas (superconductores, iones atrapados, fotónica, átomos neutrales) mantiene abierta la carrera.

En China, los avances han sido igual de resonantes. El equipo de Pan Jianwei logró en 2020 el primer ordenador cuántico basado en fotones, Jiuzhang, que resolvía problemas de muestreo bosónico. Y en 2021 presentó Zuchongzhi 2.1, un procesador superconductor de 66 qubits. Aunque Pekín no publica todos sus datos, los indicios sugieren que están cerca de la paridad técnica con EE.UU. en hardware, y quizás por delante en comunicaciones cuánticas.

El papel del sector privado: IBM, Google, Honeywell y las startups que lideran la innovación

Si la investigación básica la financian los gobiernos, la comercialización y el desarrollo de aplicaciones corren por cuenta de las empresas. IBM ha sido la más agresiva en democratizar el acceso: su plataforma IBM Quantum Experience permite a investigadores y empresas ejecutar algoritmos en sus ordenadores cuánticos reales vía la nube. La compañía también ha formado la Quantum Network, un consorcio de más de 200 organizaciones que exploran casos de uso en finanzas, química y logística.

Google mantiene un perfil más reservado pero igual de impactante. Su laboratorio Quantum AI, en colaboración con la NASA y universidades, apunta a demostrar la utilidad práctica más allá de la supremacía. En 2023, Google mostró que un ordenador cuántico podía simular un sistema magnético simple más rápido que los mejores simuladores clásicos, un paso hacia la aplicación en ciencia de materiales.

Honeywell y Quantinuum (su spin-off) han desarrollado el ordenador de iones atrapados más potente del mundo, con 32 qubits de alta fidelidad. Su enfoque en la reducción de errores les ha dado una ventaja en nichos como la criptografía cuántica y la simulación molecular. Además, el ecosistema de startups es vibrante: IonQ, Rigetti, Xanadu, D-Wave (especializada en recocido cuántico) y muchas más. La inversión de capital riesgo en startups cuánticas alcanzó los 1.800 millones de dólares en 2022, según datos de McKinsey, aunque en 2023 se ralentizó por el entorno macroeconómico.

Tiene prisa el sector privado. Nadie quiere quedarse fuera cuando la tecnología madure. Pero el riesgo de una burbuja es real: muchas promesas aún no se han materializado en aplicaciones comerciales masivas, y los plazos para la corrección de errores a gran escala se estiman para después de 2030.

Implicaciones estratégicas: ciberseguridad, defensa y la amenaza a los sistemas de cifrado actuales

No será en la computación, sino en la seguridad, la primera gran sacudida cuántica. Un ordenador cuántico con suficiente potencia y baja tasa de error —lo que se conoce como ordenador cuántico tolerante a fallos— podría romper los algoritmos de clave pública RSA y ECC que protegen internet. Se estima que se necesitarían unos 20 millones de qubits lógicos para ello, una escala aún lejana, pero los expertos advierten que los gobiernos ya están recolectando datos cifrados para descifrarlos cuando la tecnología esté disponible. Es el llamado "cosechar ahora, descifrar después".

Por ello, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de EE.UU. (NIST) está liderando el proceso de estandarización de la criptografía post-cuántica: algoritmos clásicos resistentes a ataques cuánticos. En 2024, el NIST seleccionó cuatro algoritmos, y se espera que sean adoptados por gobiernos y empresas en los próximos años. Sin embargo, la migración de los sistemas existentes a estos nuevos protocolos llevará décadas y costará miles de millones.

En el ámbito militar, la computación cuántica permitirá optimizar cadenas de suministro, diseñar explosivos y materiales sigilosos, e incluso simular escenarios de guerra complejos. China ya ha integrado la computación cuántica en su estrategia de defensa, mientras que EE.UU. ha creado el Quantum Information Science and Technology Center en el Departamento de Defensa. No es una carrera por la velocidad bruta, sino por la capacidad de procesar información que otros no pueden.

Desafíos éticos y regulatorios: el control de una tecnología disruptiva en un mundo fragmentado

Plantea dilemas éticos profundos la computación cuántica. Su capacidad para romper el cifrado amenaza la privacidad de todos los ciudadanos. Si un gobierno o empresa obtiene la supremacía cuántica, podría ejercer un control sin precedentes sobre la información. También podría exacerbar la brecha tecnológica: los países que no accedan a esta tecnología quedarían rezagados en inteligencia artificial, ciencia de materiales y ciberseguridad.

Es incipiente la regulación. La Unión Europea ha propuesto un enfoque basado en derechos fundamentales, pero carece de la industria para imponer estándares. China no tiene incentivos para restringirse a sí misma, y EE.UU. oscila entre la cooperación internacional y un enfoque de seguridad nacional. El riesgo de una fragmentación normativa es alto: cada bloque crearía sus propias reglas, dificultando la colaboración científica y el comercio.

Además, el control de las exportaciones de tecnología cuántica ya es un campo de batalla. EE.UU. ha incluido equipos cuánticos en las listas de control de la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) para evitar que China acceda a componentes avanzados. China responde con inversiones en soberanía tecnológica. Este "desacople tecnológico" podría retrasar el progreso global y duplicar esfuerzos.

Perspectivas a 2030: ¿hacia un monopolio o una colaboración global en la era cuántica?

A 2030, todo apunta a que no habrá un único ganador. La computación cuántica tolerante a fallos seguirá siendo un objetivo, pero veremos los primeros ordenadores cuánticos modulares con miles de qubits físicos, capaces de resolver problemas industriales concretos, no universales. Es probable que surja un oligopolio tecnológico con actores en EE.UU., China y quizás Europa, pero con fuertes lazos de dependencia en la cadena de suministro (criogenia, electrónica de control, software).

Es deseable la colaboración global, pero improbable en el corto plazo. La desconfianza geopolítica y el temor a la transferencia tecnológica frenan los proyectos conjuntos. Existe un área donde la cooperación es inevitable: la criptografía post-cuántica. Nadie quiere un internet inseguro, y la estandarización internacional es un interés común.

No se parece la carrera cuántica a la carrera espacial del siglo XX. No hay una luna a la que llegar, sino un ecosistema de capacidades que se construye lentamente. Quien domine la computación cuántica no tendrá un monopolio inmediato, pero sí una ventaja decisiva en inteligencia artificial, defensa y economía del conocimiento. La pregunta no es solo quién llegará primero, sino cómo gestionará ese poder sin desatar una nueva era de vulnerabilidad global.

En los qubits no está escrito el futuro cuántico, sino en las decisiones políticas, las inversiones empresariales y los marcos éticos que se adopten hoy. Y en ese tablero, la jugada más inteligente no es necesariamente la más rápida, sino la más responsable.

Fuentes

  1. La guerra cuántica: el nuevo frente de batalla geopolítico
  2. Así es el mapa mundial de la computación cuántica - BBVA
  3. El Estado Global de la Computación Cuántica (2025)
  4. ¡Contrarreloj! - Telos Fundación Teléfonica
  5. Trump impulsa la carrera cuántica en EE. UU.: ordena la creación de un ...
  6. China adelanta a España y lleva sensores y computación cuántica a la red eléctrica para detectar apagones antes de que se provoquen
  7. Revisión estratégica de las capacidades cuánticas en la defensa militar y cibernética nacional
  8. Ciberseguridad y computación cuántica: un análisis cuantitativo que propone un marco para evaluar la madurez de la ciberseguridad cuántica
Bryan Brea

Escrito por

Bryan Brea

Abogado y comunicador

Abogado, broadcaster y comunicador dominicano, reconocido por una trayectoria que combina voz, criterio público y presencia en escenarios de comunicación social. Como locutor internacional, ha sido distinguido en espacios como Praise Music y Premios Galardón, además de figurar como nominado al Micrófono de Oro, reflejando una labor sostenida en la palabra hablada, la conducción y la conexión con audiencias. Su perfil proyecta a un profesional versátil, con vocación comunicacional, capacidad de influencia y una presencia pública construida desde la credibilidad, la cercanía y el compromiso con mensajes de valor.