La inteligencia artificial ya opera en algunos quirófanos y salas de diagnóstico de la República Dominicana. No en todos. No en los que más falta hace.
Clínicas privadas como la Abreu y el Centro Médico Express en Santo Domingo, el Homs en Santiago y el Centro Médico Central Romana en La Romana han invertido en equipos con IA integrada. Los centros que los han adoptado lograron reducir hasta un 22% los errores en sus diagnósticos, entregados además de forma más temprana y certera. Eso es notable. También es una excepción.
La fractura visible
La salud pública dominicana carga con décadas de subinversión y gestión deficiente. Sin expedientes electrónicos unificados ni interoperabilidad real entre centros, hablar de inteligencia artificial suena, para muchos, a ciencia ficción. El paciente con seguro privado accede a diagnósticos asistidos por algoritmos. El que depende del sistema público espera horas, muchas veces sin expediente, muchas veces sin diagnóstico claro.
El gobierno firmó un memorando con NVIDIA para crear el Centro de Excelencia en IA y formar a más de 1,000 profesionales dominicanos en IA para 2026. Pero los médicos que ya usan IA clínica señalan algo más urgente: no existe un marco legal que defina lo que se puede hacer y lo que no, y hay riesgo y desinterés en los inversionistas que a veces no entienden que invertir en salud es invertir en capital.
La Ley 74-25 cambió el tablero
Lo que hasta hace poco era una conversación sobre eficiencia es ahora una conversación sobre responsabilidad legal. Por primera vez en la historia legislativa dominicana, un centro de salud como persona jurídica puede ser procesado, condenado y hasta disuelto judicialmente. La responsabilidad se activa cuando la infracción se produce por acción u omisión de sus órganos, representantes o subordinados, actuando en nombre o en beneficio de la entidad.
La normativa reconoce los programas verificables de cumplimiento y prevención como herramientas relevantes para la gestión institucional de riesgos, incluyendo mecanismos de identificación de riesgos, estructuras de supervisión, protocolos de actuación y medidas de control. Un hospital que implementa IA sin esa arquitectura no solo enfrenta riesgo operativo. Enfrenta riesgo penal.
El eslabón que nadie menciona
La IA amplifica lo que existe. Si lo que existe es desorden, la IA amplifica el desorden. El problema de fondo no consiste únicamente en penalizar mejor. También consiste en construir un sistema sanitario más seguro, más organizado y menos precario.
Esa construcción empieza por la gestión: procesos documentados, registros clínicos trazables, estructuras de supervisión verificables. Los estándares internacionales ISO 9001, ISO 37001 e ISO 31000 son precisamente esa arquitectura. A ellos se suma la ISO 37101, estándar de gestión para el desarrollo sostenible de comunidades y organizaciones, que ofrece un marco para que las instituciones de salud alineen su operación con criterios de bienestar colectivo, eficiencia de recursos y resiliencia sistémica. En un sector que sirve a poblaciones vulnerables y opera con recursos limitados, esa dimensión no es opcional. Empresas como ISOINNOVA acompañan a organizaciones de salud en República Dominicana y América Latina a construir los sistemas de gestión que la nueva legislación exige y que la adopción tecnológica requiere. No como requisito burocrático. Como protección institucional.
La IA en salud no es un lujo tecnológico. Es una herramienta de gestión. Y como toda herramienta, su valor depende de quién la sostiene, con qué capacidad y bajo qué reglas.
En Santo Domingo, hoy, esa pregunta tiene respuesta legal. Lo que falta es la respuesta institucional.
Fuente: Presidencia RD