Google supera 13.000 veces al superordenador clásico

El avance de la computación cuántica en 2025 desafía la criptografía actual y la economía digital. La pregunta no es si romperá los cifrados, sino cuándo. La transición a la seguridad post-cuántica es una urgencia estratégica.

Google supera 13.000 veces al superordenador clásico

Foto: Cess Idul

La computación cuántica avanza a dos ritmos: el de los laboratorios, donde se pulen detalles que nadie ve, y el de los titulares, que exigen fechas claras. En 2025, ese segundo ritmo se aceleró hasta convertirse en un rumor constante. Entre anuncios de ventaja cuántica, procesadores con qubits más fiables y rondas de financiación millonarias, un concepto incómodo empezó a instalarse en la conversación pública: la seguridad digital que sostiene la economía moderna podría tener los días contados.

En gran medida, la economía moderna es una economía de claves. Cada transacción, cada correo, cada historial médico y cada contrato depende de algoritmos criptográficos que hoy parecen indescifrables. La computación cuántica amenaza con convertir esas claves en papel mojado. La pregunta no es si la romperá, sino cuándo. Y la respuesta a esa pregunta define una carrera contrarreloj que enfrenta a gobiernos, grandes tecnológicas y startups.

El año en que la ventaja cuántica dejó de ser teoría

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Durante años, la ventaja cuántica fue un espejismo: la demostración de que una máquina cuántica podía superar a un superordenador clásico en una tarea concreta, aunque de valor práctico limitado. En 2025, el espejismo se convirtió en una serie de anuncios verificables. D-Wave, una de las compañías pioneras, reivindicó su lugar en el club. Google fue más lejos y presentó una prueba donde su ordenador cuántico resolvió un problema 13.000 veces más rápido que el superordenador clásico más veloz del mundo. Microsoft, IBM y Quantinuum también comunicaron progresos en la corrección de errores, el obstáculo técnico más difícil de sortear para construir máquinas a gran escala.

Quantinuum presentó Helios, un sistema que la propia compañía describe como el ordenador cuántico más preciso construido hasta la fecha. IBM, por su parte, publicó un artículo en el que explicaba por qué resulta tan complejo evaluar las afirmaciones sobre ventaja cuántica, y añadía que sus propios sistemas ya superan a los clásicos en determinados escenarios. La conclusión de sus investigadores fue contundente: "ya hemos llegado a un punto en el que la computación cuántica es una herramienta científica útil, capaz de realizar cálculos que ni siquiera los mejores algoritmos clásicos exactos pueden llevar a cabo".

El hito no es menor. Implica que estas máquinas, todavía pequeñas y ruidosas, ya no son solo un experimento de laboratorio. Sin embargo, el salto hacia la utilidad comercial sigue siendo enorme. Los sistemas actuales no son ordenadores de uso general, sino especializados en problemas de optimización, como los que plantean la logística y la cadena de suministro. La brecha entre la demostración científica y el impacto económico real es el terreno donde se libra la verdadera batalla.

El riesgo silencioso: robar ahora, descifrar después

A diferencia de la promesa de riqueza, el riesgo de la computación cuántica no cotiza en bolsa. Se llama estrategia cosechar ahora, descifrar después, y es tan simple como perturbadora. Los atacantes pueden robar datos cifrados hoy —correos, historiales médicos, contratos, claves—, almacenarlos durante años y esperar a que la tecnología cuántica sea lo suficientemente potente para descifrarlos. La criptografía actual introduce una grieta temporal: lo que hoy es indescifrable puede no serlo dentro de diez o veinte años.

No es un parche la transición a la criptografía post-cuántica. Es un proceso que exige reemplazar los algoritmos en todos los sistemas que dependen de ellos, desde los servidores bancarios hasta los dispositivos del internet de las cosas, pasando por los certificados digitales que sostienen la identidad en línea. Las empresas y los gobiernos que no comiencen ahora esa migración quedarán expuestos a una amenaza que se materializará de forma silenciosa.

La seguridad digital no es un hecho técnico, sino una condición de confianza. Si esa confianza se quiebra, las consecuencias irán más allá de los datos filtrados: afectarán a la estabilidad de los mercados financieros, la integridad de las elecciones y la privacidad de las personas. Quien domine la computación cuántica dominará la criptografía, la inteligencia y la economía digital. La pregunta es quién llegará primero.

El dinero habla: inversiones que marcan el ritmo

Las cifras reflejan la magnitud del desafío. Bain estima que la computación cuántica podría desbloquear hasta 250.000 millones de dólares en valor de mercado en sectores como farmacéutica, finanzas, logística y ciencia de materiales, aunque el mercado actual aún no supera los 1.000 millones. Esa diferencia entre el potencial y la realidad explica por qué las inversiones se concentran en unas pocas empresas con la capacidad técnica para cruzar el abismo.

Hacia las startups que han demostrado avances en corrección de errores fluye el dinero, como QuEra, Alice & Bob, Anyon Computing, Atom Computing, Diraq, Infleqtion, IonQ, IQM Quantum Computers, ORCA Computing y Oxford Quantum Computing.

Mientras tanto, Microsoft ha presentado Majorana 1, un chip con qubits más fiables, y sitúa en 2029 su primer ordenador cuántico escalable. La capacidad de mover los qubits, lograda por el enfoque de átomos neutros, abre la puerta a una corrección de errores más eficiente, un avance que la mayoría de los expertos consideraba lejano.

La carrera entre la innovación y la obsolescencia

El ritmo de la innovación plantea una paradoja: los avances que acercan los ordenadores cuánticos a la utilidad también aceleran la obsolescencia de la seguridad digital actual. Las mismas empresas que compiten por construir las máquinas más potentes son las que tendrán que garantizar que sus sistemas sean resistentes a los ataques cuánticos. Esa doble responsabilidad convierte la carrera en un ejercicio de equilibrio.

Que el primer ordenador cuántico a gran escala se construya o no, la verdadera prueba será quién llega primero a un ecosistema seguro y resiliente. Los gobiernos, los reguladores y las empresas tienen la responsabilidad de acelerar la adopción de la criptografía post-cuántica, pero la transición exige algo que no siempre abunda: visión a largo plazo. La computación cuántica es una tecnología dual, capaz de generar riqueza y de destruir confianza. La historia de la seguridad digital dependerá de cómo se gestione esa dualidad.

Mientras los titulares celebran cada hito, la economía de las claves se enfrenta a una fecha de caducidad. La pregunta no es si la computación cuántica romperá la criptografía actual, sino si las instituciones estarán listas cuando lo haga. La respuesta, como suele ocurrir, se escribirá en los próximos años.

Fuentes

  1. Los principales avances cuánticos de 2025 | Computerworld.es
  2. Solana resistencia cuántica: Falcon se despliega y Ethereum esperará hasta 2027
  3. Oxford: la memoria cuántica decidirá si la computación cuántica rompe el Bitcoin o nace el dinero cuántico
  4. Computación Cuántica | Reportajes, Entrevistas, Guías y Noticias
  5. El impacto de la computación cuántica en los sistemas criptográficos: la urgencia de algoritmos resistentes a la computación cuántica y aplicaciones prácticas en criptografía
  6. La ilusión cuántica: cómo una tecnología aún inmadura amenaza la seguridad que sostiene la economía
Valmis Di Carlo

Escrito por

Valmis Di Carlo

Especialista en infraestructura

Especialista en administración de sistemas UNIX/Linux, ciberseguridad e infraestructura tecnológica, con experiencia en consultoría TI, investigación computacional y operación de entornos críticos. Desde DICATECH, SRL, combina dominio técnico en OpenBSD, FreeBSD, Solaris y GNU/Linux con una mirada práctica sobre seguridad, continuidad y arquitectura de servicios, ayudando a organizaciones a construir plataformas más estables, seguras, auditables, escalables y resilientes.