Latam El mito del 'token ilimitado': el Ejército de EE.UU. agotó su IA en un mes
Tras prometer tokens ilimitados, el Ejército estadounidense quemó un año de capacidad en semanas. La lección para América Latina: la IA tiene un costo real, y hay que planificarlo.
Apenas un mes después de que el Pentágono anunciara que casi la mitad de sus 3,5 millones de empleados ya usaban inteligencia artificial en el trabajo, los miembros del Comando de Desarrollo de Capacidades de Combate del Ejército (DEVCOM) recibieron un correo que les pedía moderar el consumo. El problema no era técnico ni de adopción, sino de presupuesto: se habían quedado sin tokens.
La plataforma que utiliza el Ejército es Ask Sage, un sistema multimodal de IA generativa que permite correr modelos como Gemini de Alphabet, Llama de Meta y ChatGPT de OpenAI. Según un memorando interno citado por WIRED y Techmeme, en mayo de 2026 la oficina del CIO del Ejército anunció que ofrecería tokens ilimitados. Para mediados de junio, el fondo conjunto ya se había agotado y fue necesario reinstaurar límites. La asignación anual de 100 millones de tokens —el paquete empresarial anual— se consumió en apenas unas semanas, dejando en el aire la renovación a partir del 1 de octubre.
La escala real del consumo
El dato clave no es solo el agotamiento, sino la velocidad. Cien millones de tokens parecen una cifra generosa, pero cuando hablamos de un ejército de 3,5 millones de personas —y la mitad ya usando IA— el cálculo se derrumba. Un solo análisis de documentos, una consulta a un modelo de lenguaje o una generación de informes puede consumir miles de tokens por usuario al día. Multiplicado por 1,75 millones de usuarios activos, el fondo se evapora en días.
El caso revela una verdad incómoda que las empresas tecnológicas suelen ocultar detrás de promesas de escalabilidad: la IA no es barata ni gratuita, y mucho menos cuando se despliega a nivel institucional. El sistema de tokens es el equivalente a un medidor de gas en un auto de alquiler: mientras no se vea, el conductor cree que el tanque es infinito. Pero cuando la factura llega, el vehículo se detiene.
Lo que América Latina debe aprender (antes de que sea demasiado tarde)
Para gobiernos y grandes corporaciones latinoamericanas, el episodio del Ejército estadounidense debería funcionar como una advertencia directa. En la región, donde los presupuestos de TI son mucho más ajustados y la infraestructura cloud suele ser compartida o tercerizada, confiar en ofertas de “tokens ilimitados” o en modelos de pago por uso sin un control de gasto riguroso es una receta para el fracaso.
El problema no es solo el costo, sino la dependencia del proveedor. Ask Sage es una plataforma privada; el Ejército no posee la infraestructura subyacente, solo la alquila. Cuando el fondo se agotó, no hubo alternativa inmediata. En América Latina, donde la soberanía de datos y la continuidad del servicio son aún más críticas, este tipo de bloqueos puede paralizar procesos administrativos, educativos o de seguridad ciudadana. ¿Qué pasa cuando una secretaría de educación o un ministerio de salud queman su presupuesto de tokens en tres semanas y no pueden renovar?
La lección es clara: la adopción de IA a escala requiere, antes que nada, una gobernanza de costos. Sin métricas de consumo por usuario, sin topes departamentales y sin un plan de contingencia, la promesa de eficiencia se convierte en una deuda operativa. Para las empresas latinoamericanas que están evaluando soluciones como ChatGPT Enterprise, Gemini for Workspace o plataformas locales, la pregunta correcta no es “¿cuánto puedes ahorrar?”, sino “¿cuánto puedes gastar sin saberlo?”.