Una noticia sacudió el mercado la semana pasada: Anthropic, el desarrollador del modelo Claude, firmó un acuerdo a largo plazo por 9.100 millones de dólares con Riot Platforms, una compañía que hasta hace poco era simplemente un minero de Bitcoin. El contrato cubre 191 megavatios de capacidad de cómputo en el campus de Riot en Rockdale, Texas, y se extiende hasta 2048, con opciones de prórroga que podrían elevar el valor total a 16.100 millones de dólares. La acción de Riot saltó un 17% en la preapertura, y la historia fue un poderoso recordatorio de que la frontera entre la minería de criptomonedas y la infraestructura de inteligencia artificial se está desdibujando rápidamente.
Riot no está sola. Core Scientific firmó un multimillonario acuerdo con CoreWeave; TeraWulf, Hut 8, Iren y Cipher Mining han anunciado planes para arrendar potencia a clientes de IA. El denominador común es la energía eléctrica: los mineros de Bitcoin ya tenían acceso a grandes volúmenes de electricidad barata, algo que las empresas de IA necesitan desesperadamente para entrenar y ejecutar modelos.
La brecha de ejecución: promesas vs. realidad
Sin embargo, el optimismo generalizado tiene un contrapunto necesario. Un informe de VanEck publicado en junio advierte que la industria enfrenta un déficit de financiamiento a corto plazo de aproximadamente 50 mil millones de dólares y necesidades de capital a largo plazo que podrían alcanzar los 221 mil millones si todos los planes de desarrollo se concretan.
Hasta ahora, solo se ha entregado alrededor del 25% de la capacidad de IA y computación de alto rendimiento que los mineros han arrendado a sus clientes. "La ejecución, no la firma, se convierte en el siguiente valor premium", escribieron Griffin MacMaster y Matthew Sigel de VanEck. Las empresas que no cumplan con los hitos de construcción corren el riesgo de sufrir "rebajas estructurales" en su valoración.
Los analistas de Jefferies, por su parte, son más optimistas. Iniciaron cobertura de cinco mineros con recomendaciones de compra para Cipher, Hut 8, TeraWulf y Core Scientific, y solo un "mantener" para Riot. Jefferies estima que el mercado norteamericano de centros de datos de colocación podría crecer de 30.000 millones de dólares en ingresos anuales en 2025 a unos 92.000 millones en 2030, impulsado por una demanda que supera con creces la oferta. La disponibilidad de energía es "la restricción determinante", según la firma, y los mineros que ya tienen acceso a infraestructura eléctrica están en una posición privilegiada.
¿Qué significa esto para América Latina?
Aquí entra el ángulo regional. América Latina tiene algunos de los recursos energéticos renovables más abundantes del planeta: energía solar en el norte de Chile y México, eólica en Argentina y Brasil, hidroeléctrica en Colombia y Perú. Ese es exactamente el tipo de energía que las empresas de IA están buscando para alimentar sus centros de datos, especialmente en un contexto donde los gobiernos de estados como Virginia, Georgia o Pensilvania están empezando a restringir nuevos desarrollos por el impacto en la red eléctrica y el consumo de agua.
Para los ejecutivos latinoamericanos, la pregunta es si la región puede convertirse en un hub de infraestructura de IA, aprovechando la experiencia de los mineros de Bitcoin locales que ya operan con energía renovable. En países como Chile, que tiene una industria minera consolidada y fibra óptica submarina, podría ser una oportunidad real. En Argentina, donde la minería de criptomonedas floreció gracias a los subsidios energéticos, la reconversión hacia centros de datos para IA podría encontrar barreras regulatorias e inflacionarias.
Pero el riesgo de ejecución que señala VanEck también aplica aquí. Construir un centro de datos de IA no es solo cuestión de enchufar GPUs: implica inversiones en sistemas de refrigeración avanzada, conectividad de alto ancho de banda y acuerdos de operación a 20 o 30 años. Los mineros latinoamericanos suelen ser más pequeños y tener menor acceso a financiamiento que sus pares estadounidenses. La brecha de capital de 50.000 millones de dólares que enfrenta la industria global podría ser aún más pronunciada en la región.
El futuro: entre la energía y la ejecución
A largo plazo, los ganadores serán aquellos que logren convertir megavatios arrendados en centros de datos operativos, cumpliendo plazos y presupuestos. VanEck anticipa que las valoraciones empezarán a diferenciarse según la calidad de los inquilinos: los operadores que sirvan a hiperescaladores con grado de inversión —como Amazon, Google o Microsoft— disfrutarán de costos de financiamiento más bajos y múltiplos más altos que aquellos que trabajen con startups de IA más pequeñas.
Para una empresa latinoamericana que esté evaluando si entrar en este negocio, la decisión no es trivial. Tener acceso a energía barata es una ventaja, pero no es suficiente. La pregunta clave que debería hacerse cualquier ejecutivo de la región es: ¿puedo financiar, construir y operar infraestructura a la escala que exigen los hyperscalers, o corro el riesgo de quedarme atrapado entre un negocio minero en declive y un prometedor pero incierto futuro en IA? La respuesta definirá quiénes serán los actores relevantes en la próxima década.