Dejá de adivinar: cómo medir el retorno real de la IA

OpenAI, Atlassian y consultoras proponen frameworks para medir el retorno de la IA. De la eficiencia operativa a la innovación, cada etapa exige métricas distintas. Una guía para ejecutivos latinoamericanos.

Dejá de adivinar: cómo medir el retorno real de la IA

Foto: Stephen Dawson

Durante los últimos dos años, miles de empresas adoptaron herramientas de inteligencia artificial empujadas por la urgencia de no quedar fuera. Pero cuando los directores financieros piden cuentas claras sobre el retorno de esa inversión, la respuesta suele ser un conjunto de anécdotas sobre horas ahorradas o correos redactados más rápido. Eso ya no alcanza.

Ahora, actores clave del ecosistema están proponiendo formas concretas de medir el valor real de la IA. OpenAI, Atlassian y firmas consultoras como Gitogi coinciden en algo fundamental: el retorno de la IA no se mide con una sola cifra, sino con un conjunto de métricas que evolucionan a medida que la organización madura. Para las empresas latinoamericanas, donde los márgenes suelen ser más ajustados y cada inversión debe justificarse, contar con un marco de medición claro no es un lujo: es una condición para escalar.

El problema de medir lo que no se ve

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Sarah Friar, CFO de OpenAI, presentó recientemente un "AI scorecard" que propone medir cuatro dimensiones: trabajo útil realizado, costo por tarea exitosa, confiabilidad y retorno sobre el cómputo. Es una señal potente: incluso el principal proveedor de modelos de IA reconoce que sus clientes necesitan herramientas para justificar el gasto. Pero su enfoque tiene un sesgo inevitable: mide lo que pasa dentro de la herramienta, no lo que esa herramienta genera en el negocio.

Atlassian, desde su Teamwork Lab, plantea un modelo más ambicioso. Su Enterprise AI ROI Value Framework divide la madurez en cuatro etapas: Exploración, Optimización, Mejora y Transformación. En cada una, la métrica principal cambia. En la primera, lo que importa es la adopción: cuántas personas usan IA, con qué frecuencia y en qué contextos. En la segunda, la eficiencia: horas ahorradas, ciclos reducidos, costos evitados. En la tercera, la calidad: errores detectados, cumplimiento normativo, satisfacción del cliente. Y solo en la cuarta etapa aparece la innovación: nuevos productos, ingresos incrementales, mercados antes inaccesibles.

"Nuestro principal problema hoy son las métricas", dijo un Chief AI Officer de una empresa con más de mil ingenieros citado en el informe de Atlassian. "El directorio quiere entender qué está pasando cuando la teoría se encuentra con la práctica".

Un enfoque complementario desde las firmas profesionales

El framework de Gitogi, bautizado Value Scorecard, organiza la medición en cuatro cuadrantes: eficiencia operativa, crecimiento de ingresos, experiencia del cliente y gobernanza. La propuesta es útil porque aterriza en KPIS concretos. Por ejemplo, un estudio de abogados de ocho personas que implementa IA en la redacción de dictámenes fiscales puede ahorrar dos horas diarias por profesional. A una tasa interna de 60 euros la hora, el ahorro anual ronda los 240.000 euros. El retorno sobre la inversión típico, según la consultora, es de 3 a 5 veces en doce meses.

Lo interesante es que estos tres frameworks no compiten: se complementan. OpenAI mide el motor, Atlassian mide el viaje de madurez, y Gitogi mide el impacto en el negocio. Una empresa latinoamericana podría usar los tres en paralelo: el scorecard de OpenAI para evaluar si está usando bien las herramientas, el marco de Atlassian para saber en qué etapa está, y el Value Scorecard para traducir todo eso a resultados financieros concretos.

Lo que significa para América Latina

Para las empresas de la región, esta claridad llega en un momento crítico. La adopción de IA en Latinoamérica crece rápido, pero muchas organizaciones saltan de una herramienta a otra sin un plan de medición. Un bufete en Buenos Aires, un banco en Bogotá o una fintech en São Paulo no pueden darse el lujo de invertir en IA sin saber si está generando valor real.

La recomendación práctica es empezar por lo básico: definir una línea de base durante dos semanas, midiendo tiempos de tareas, volúmenes de trabajo y tasas de error. Luego identificar dos o tres casos de uso de alto impacto y baja complejidad —como automatización de comunicaciones, análisis preliminar de documentos o investigación normativa— y medir el cambio cada quince días. El objetivo no es demostrar un retorno millonario en el primer trimestre, sino construir la evidencia que permita escalar con confianza.

Al mismo tiempo, la gobernanza no puede quedar fuera. El marco de Gitogi incluye un cuadrante completo dedicado a cumplimiento normativo, algo particularmente relevante en un entorno donde la regulación de IA avanza a ritmos dispares. Países como Brasil, Chile y Colombia ya discuten sus propios marcos legales. Las empresas que no midan su cumplimiento desde el día uno se exponen a multas o a tener que rediseñar procesos más adelante, cuando el costo del cambio es mayor.

Lo que viene

El movimiento hacia métricas estandarizadas de IA no es una moda pasajera. Cuando el CFO de la empresa que creó ChatGPT dice que hay que medir el retorno, es señal de que la industria entera está madurando. Para los ejecutivos latinoamericanos, la pregunta ya no es "deberíamos adoptar IA", sino "cómo sabemos que nos está dando resultado". Tener un scorecard, un marco de madurez y KPIS claros no es burocracia: es la diferencia entre una inversión que transforma el negocio y un gasto que solo genera ruido.

Fuentes

  1. Una tarjeta de puntuación para la era de la IA
  2. OpenAI propone nuevas métricas de retorno de inversión en IA
  3. Tarjeta de valor: Cómo medir el retorno de inversión de la IA en su empresa
  4. Deje de adivinar el retorno de inversión en IA: Un marco de cuatro etapas para resultados reales
Redacción

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Turing magazine

Equipo editorial de Turingmag. Cobertura institucional sobre inteligencia artificial para ejecutivos y directivos en Latinoamérica.