Opinión Dattos aterriza en México y recupera 660 horas al mes en Avon
La fintech brasileña Dattos llega a México con IA para finanzas. El caso Avon, 660 horas mensuales ahorradas, enciende la alerta sobre la transformación pendiente en la región.
La inteligencia artificial que realmente está transformando las empresas latinoamericanas no se anuncia en los grandes eventos de modelos generativos. Se instala en la capa silenciosa de las finanzas: procesos de conciliación, control de pagos, flujo de caja y compliance. La brasileña Dattos acaba de iniciar su operación comercial en México con una plataforma que automatiza la gestión financiera y reduce hasta 99 % el tiempo dedicado a tareas manuales. El dato que debería detener a cualquier director financiero de la región es el que viene de Avon México, integrada a la estructura regional de Natura: 660 horas mensuales recuperadas en actividades operativas.
Esa cifra no es una promesa de transformación digital abstracta. Es el tipo de resultado que se mide en semanas, no en años de consultoría, y golpea directamente el estado de resultados. La compañía cerró 2025 con un crecimiento del 43 % y afirma que su plataforma analiza hasta 300 millones de líneas en una sola ejecución, un rendimiento que asegura 20 veces superior al de otras soluciones del mercado. Para un director financiero en Colombia, Perú o Chile, eso significa dejar de esperar reportes y empezar a decidir con datos.
El desembarco que no nació de un estudio de mercado
Esa operación mexicana de Dattos no surge de un análisis clásico de mercado. La compañía ya acompañaba a un cliente brasileño con operaciones en México, y ahora esa operación adquiere independencia comercial, con una red de socios como palanca de crecimiento. Según su CEO, Guilherme Pessoa, el país fue elegido para liderar la nueva etapa de expansión en América Latina. Pero lo más revelador es lo que transporta una multilatina brasileña cuando cruza la frontera: no solo software, sino estándares de automatización, lógicas de control financiero y requisitos que terminan propagándose hacia cientos de proveedores locales. La integración productiva que la región declama desde hace décadas se convierte así en una consecuencia directa de la adopción tecnológica.
Esa escala del negocio ya no es marginal. La base de clientes de Dattos factura el equivalente al 9,6 % del PIB de Brasil, y su diagnóstico sobre el mercado es contundente: el financiero corporativo brasileño todavía trabaja en buena parte con hojas de cálculo. Si eso ocurre en la economía más grande de la región, la oportunidad de diferenciación para quien automatice primero es enorme.
La pregunta incómoda para las tesorerías
El fenómeno no es aislado. Un informe de Visa presentado en la 59.ª Asamblea de la Federación Latinoamericana de Bancos señala que las medianas empresas de la región ya ahorran alrededor de 22,6 millones de dólares, equivalentes al 5 % de sus ingresos totales, gracias al uso de IA y herramientas digitales. El estudio, que relevó a 1.457 directores financieros y tesoreros en 23 países, indica que 62 % de las empresas que ya adoptaron IA la usan para mejorar previsiones financieras, automatizar tareas rutinarias y optimizar la integración con proveedores. Un 97 % planea incorporar soluciones de capital de trabajo basadas en tecnología durante el próximo año.
Incluso el mercado premia la decisión de automatizar. Un estudio sobre el ecosistema colombiano entre 2013 y 2023 encontró que las fintech generan retornos anormales acumulados de 0,94 %, frente al 0,18 % de las entidades financieras tradicionales. La adopción tecnológica no es solo eficiencia interna: es valoración bursátil.
Para las consultoras tradicionales y los proveedores que siguen vendiendo implementaciones largas y costosas, esta expansión debería leerse como una advertencia. La automatización de procesos financieros está madurando en la región más rápido de lo que sugieren los informes de adopción. Mientras muchas empresas tratan la IA como un proyecto piloto, otras la están convirtiendo en una ventaja competitiva concreta para sus tesorerías. Que sea una compañía brasileña, y no un gigante estadounidense, la que lidere este movimiento modifica el tablero: el conocimiento del mercado local pesa más que el músculo de las plataformas globales.
El flujo de caja de miles de empresas latinoamericanas todavía se mueve entre hojas de cálculo y correos electrónicos, exactamente donde la automatización más rinde. La infraestructura técnica hace tiempo que dejó de ser la barrera; la barrera es la decisión de convertir la automatización en una política de negocios con metas de ahorro y controles de calidad. Si una fintech brasileña puede expandirse por la región con una estructura comercial ligera y una red de socios, la pregunta que debería atravesar las salas de directorio es directa: ¿qué están haciendo las empresas locales con su propia estrategia de IA? Las que no miden cuántas horas mensuales pierden en tareas automatizables ya tienen la respuesta. No es alentadora.