IA hoy Congresos de EE.UU. y México ya usan IA, pero sin reglas claras
El Congreso de EE.UU. gastó $100,580 en ChatGPT en un año, mientras que en México un estudio detectó uso creciente de modelos de lenguaje en discursos. La adopción avanza sin marcos regulatorios.
El uso de inteligencia artificial en los poderes legislativos ya no es un experimento aislado. Tanto en el Congreso de Estados Unidos como en el de México, los modelos de lenguaje como ChatGPT y Gemini se han convertido en herramientas de trabajo cotidianas, aunque sin reglas claras que regulen su empleo.
En Washington, la Cámara de Representantes gastó al menos 100.580 dólares en ChatGPT durante el año que terminó en marzo de 2026, según registros de desembolsos analizados por CNBC. Esa cifra representa cerca del 90% del gasto total en herramientas de IA en la institución, estimado en 113.740 dólares. Anthropic recibió 13.160 dólares por Claude, muy por detrás. Las oficinas demócratas desembolsaron 54.165 dólares, más del triple que los 15.782 dólares gastados por las republicanas.
Los asesores legislativos utilizan ChatGPT para redactar memorandos, resumir proyectos de ley, preparar materiales para audiencias, responder a los votantes y redactar publicaciones en redes sociales. El informe de CNBC excluye el uso de cuentas gratuitas o de herramientas incluidas en contratos de software más amplios, por lo que el volumen real de adopción es aún mayor.
México presenta una situación paralela pero con menos transparencia. Un análisis de las intervenciones en tribuna detectó un aumento significativo de "huellas lingüísticas" asociadas a modelos generativos a partir de septiembre de 2024: patrones como enumeraciones reiterativas ("primero… segundo… tercero…"), palabras recurrentes ("claro", "visión", "fortalecer") y estructuras de enlace ("no solo… sino…").
Los legisladores del Partido Verde son los que más recurren a estas herramientas: el 20% de sus discursos presentan señales de uso de IA, frente al 10% del resto de las bancadas. El estudio, presentado en la Asociación Mexicana de Internet, subraya que no existe un sistema de detección automática 100% fiable a gran escala, pero las tendencias son consistentes.
El problema de fondo no es el uso de la tecnología, sino la falta de reglas. En 2023, Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, declaró ante el Senado de EE.UU. que su "peor temor es causar un daño significativo al mundo" y pidió una combinación de requisitos de licencia y registro para modelos con capacidades críticas. Su llamado fue considerado histórico porque pocas industrias solicitan ser reguladas.
En México no existe una Ley General de Inteligencia Artificial, ni acuerdos o guías internas en las sedes legislativas. Bárcena advierte que los modelos de lenguaje fueron entrenados con datos que contienen sesgos culturales e ideológicos, y que su uso sin un marco ético puede reflejar esos sesgos en dictámenes y discursos. "Es clave que las personas que lo usan tengan claro que estos modelos pueden generar respuestas distintas según el género que perciben o el tipo de lenguaje que replican", señaló.
Para los ejecutivos y tomadores de decisiones en América Latina, el mensaje es operativo: la adopción de IA en instituciones públicas avanza más rápido que la capacidad de los gobiernos para regularla. El caso mexicano no es una excepción, sino un anticipo de lo que ocurrirá en otros países de la región cuando la infraestructura lo permita.
Sin reglas de transparencia —como el registro obligatorio del uso de IA en documentos oficiales— se corre el riesgo de erosionar la confianza pública y de delegar decisiones políticas en sistemas algorítmicos opacos. La pregunta para las empresas no es si la regulación llegará, sino si estarán preparadas para operar en un entorno donde la trazabilidad y la auditoría de los modelos serán condiciones de cumplimiento.