China domina el 97% de los robots humanoides y Latinoamérica importa sin estrategia

Mientras China acapara la fabricación y los datos físicos que entrenan la IA encarnada, la región importa tecnología sin estrategia propia. El modelo 'robot como servicio' llega a México como caballo de Troya.

China domina el 97% de los robots humanoides y Latinoamérica importa sin estrategia

Foto: Daniel Miksha

La cifra duele por lo que revela: alrededor del 97 % de la cuota de mercado en robots humanoides lleva sello chino. No es una anécdota comercial ni una ventaja coyuntural. Es la consolidación de un dominio que combina escala fabril, captura masiva de datos del mundo físico y una política industrial que alinea universidades, empresas estatales y espacios de prueba bajo un solo mandato. Mientras Occidente debate regulaciones y Estados Unidos veta importaciones con el argumento de proteger el desarrollo de la inteligencia artificial, Pekín ya despacha máquinas que aprenden a moverse en fábricas reales, hoteles y almacenes.

El salto no es tecnológico únicamente; es epistemológico. La inteligencia artificial más avanzada llevaba años atrapada en centros de datos, procesando texto e imágenes sin tocar la materia. La robótica humanoide rompe ese cerco: obliga a los modelos a lidiar con fricción, gravedad, imprevistos y fatiga de materiales. Cada caída, cada error de manipulación, cada tarea incompleta genera información que ningún simulador puede producir.

China lo entendió primero y convirtió sus olimpiadas de robots en Pekín —2.056 máquinas, 666 equipos, 641 delegaciones propias— en la mayor fábrica de datos de entrenamiento del planeta. Más de 500 horas diarias de movimiento en entornos que imitan supermercados y talleres; 150.000 horas al año. UBTECH, uno de los campeones nacionales, atribuye su progreso a más de 100 millones de registros recogidos en líneas industriales reales.

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Ese bucle —fabricar, desplegar, capturar datos, reentrenar, fabricar mejor— es la ventaja invisible. No se compra con capital de riesgo; se construye con paciencia estatal y tolerancia al fracaso a escala. La meta oficial para 2026 supera las 100.000 unidades. En Foshan ya rueda una línea que entrega un humanoide cada 30 minutos. El Walker S2 de UBTECH trabaja en plantas de BYD, NIO, FAW Volkswagen y Foxconn clasificando componentes, inspeccionando calidad, manipulando materiales flexibles. No son demostraciones de salón: son turnos de producción.

América Latina observa el fenómeno desde la tribuna. México ilustra la asimetría: importó 192 millones de dólares en robots industriales durante 2024; China fue el segundo proveedor con 33,8 millones (18 % del total), solo por detrás de Japón. Las compras se concentran en el corredor manufacturero —Nuevo León, Chihuahua, Querétaro, San Luis Potosí—. Pero los Censos Económicos 2024 revelan el punto de partida: apenas el 1,2 % de las unidades económicas que usan herramientas digitales reporta robótica avanzada.

La brecha es abismal y, paradójicamente, es el mercado al que apuntan los esquemas chinos de "robot como servicio" y renta operativa. No exigen desembolso inicial; exigen acceso a la operación, a los datos, a la curva de aprendizaje. Es una estrategia de entrada para economías que no pueden asumir grandes inversiones de capital, pero que entregan a cambio su soberanía operativa.

No admite eufemismos la cuenta de empleo. Las máquinas que hoy compiten en escenarios de fábrica y hotel están diseñadas para ocupar puestos concretos. La propia política industrial china exige medir el aumento de eficiencia de cada operación. En la región, donde la manufactura y los servicios intensivos en mano de obra siguen siendo columna vertebral del empleo formal, la sustitución no es una especulación académica: es una variable de diseño. La respuesta regulatoria occidental —vetos dispersos, incentivos aislados— llega tarde y fragmentada. China coordina; Occidente reacciona.

Los directores y ministros deberían preguntarse no cuándo llegarán los robots, sino qué capacidad propia tiene la región para decidir cómo, dónde y para qué se despliegan. Sin datos de entrenamiento propios, sin cadena de suministro local, sin marco regulatorio que obligue a la transparencia algorítmica y a la retención de valor, América Latina no adopta tecnología: la alquila. Y en ese contrato de arrendamiento, quien posee el cuerpo y el cerebro de la máquina escribe las reglas del juego.

El mundo físico ya cambió de turno. La única incógnita es si la región seguirá viendo el partido desde la grada o si, de una vez, decide saltar al campo.

Fuentes

  1. La IA necesita un cuerpo y China ya lo está fabricando
  2. Los envíos de robots humanoides se han triplicado en lo que va de año. Las cinco empresas que lideran el ranking son chinas
  3. La china Unitree saca a bolsa sus robots humanoides y enloquece al mercado: se dispara un 629%
Marcelo Peguero

Escrito por

Marcelo Peguero

Experto en estándares

Cofundador de ISOINNOVA y especialista en diseño de procesos de calidad, con más de 20 años implantando sistemas de gestión en organizaciones públicas y privadas de Latinoamérica. Su trabajo parte de una convicción simple: un proceso mal diseñado no se arregla poniéndole tecnología encima, se amplifica. Desde ahí mira cómo la inteligencia artificial entra en la operación de las empresas — qué promete, qué mide de verdad y quién termina asumiendo el costo cuando el estándar llega después de la herramienta.