Players Anthropic somete su consejo a un fideicomiso sin capital para salir a bolsa
La startup de IA prepara su salida a bolsa con una estructura única: un fideicomiso sin participación económica elige la mayoría del consejo. Es un ensayo real de gobernanza algorítmica que observan reguladores latinoamericanos.
Anthropic se acerca a una salida a bolsa que podría valorarla en 2 billones de dólares con una anomalía estructural: sus fundadores poseen apenas el 2% cada uno, pero un fideicomiso externo sin derechos económicos —el Long-Term Benefit Trust (LTBT)— controla la mayoría del consejo mediante una clase especial de acciones. El mecanismo, diseñado para anteponer la misión de "beneficio a largo plazo de la humanidad" a la presión cortoplacista del mercado, será el primer test masivo de gobernanza algorítmica en bolsas públicas.
El fideicomiso incluye a Ben Bernanke, expresidente de la Reserva Federal, y se redujo recientemente a tres miembros tras la salida de Mariano-Florentino Cuéllar, exmagistrado del Supremo de California, quien pasó a ser director de asuntos globales de la compañía. Paralelamente, los fundadores buscan derechos de supervoto para blindarse de activistas e inversores institucionales, según reveló The Information y replicó Investing.com.
La jugada no es solo financiera. Anthropic opera como corporación de beneficio público (PBC), figura legal que permite a los directivos ponderar impacto social junto al valor accionarial sin incumplir su deber fiduciario. Si la OPI prospera —podría ocurrir ya en septiembre—, superará a Veeva Systems como la PBC más valiosa cotizada en EE. UU.
Un consejo diseñado para la transición
En febrero, la empresa nombró a Chris Liddell, ex director financiero de General Motors y artífice de la OPI de 23.000 millones de la automotriz en 2010, además de ex subjefe de gabinete en la Casa Blanca. Liddell aporta experiencia en salidas a bolsa complejas y en la intersección tecnología-gobierno. La ronda de 30.000 millones cerrada entonces elevó la valoración a 380.000 millones, muy lejos de los 2 billones que ahora se mencionan como techo aspiracional.
La distancia entre ambas cifras revela la tensión: los mercados públicos exigen crecimiento exponencial y predecible; el LTBT exige contención y seguridad. El artículo académico "Institutionalizing trust in AI governance" (AI and Ethics, 2026) teoriza justo este punto: la confianza como principio meso-nivel entre la ley dura (rígida) y la blanda (inaplicable). Anthropic está materializando esa teoría: el fideicomiso actúa como "amortiguador estructural único frente a la influencia tradicional del mercado", en palabras de Investing.com.
Lo que está en juego para América Latina
Para ejecutivos y reguladores de la región, el caso no es anecdótico. Brasil avanza en su marco regulatorio de IA (PL 2338/2023), Chile aprobó su ley de transformación digital con principios de gobernanza algorítmica y México discute la Ley Federal de Inteligencia Artificial. Todos buscan mecanismos de rendición de cuentas que no frenen la innovación.
El modelo de Anthropic ofrece tres lecturas operativas:
- Certificación de confianza dura: el LTBT funciona como un esquema de certificación vinculante, no voluntario. Los reguladores latinos podrían exigir estructuras análogas —consejos de ética con poder de veto— para modelos de alto riesgo.
- Asimetría de información: los fideicomisarios no son inversores; su incentivo es reputacional y de misión. Eso reduce el conflicto de interés clásico entre junta y accionistas, pero opaca la toma de decisiones al mercado.
- Costo de capital: la prima de riesgo que exigirán los inversores por ceder control a un órgano no económico determinará si el modelo es replicable o queda como experimento de élite.
La distribución exacta del poder de voto entre fundadores y fideicomiso sigue fluida mientras se finaliza el folleto. Lo que sí está fijado es la apuesta: que la gobernanza basada en confianza institucionalizada puede convivir con la disciplina bursátil. Si Anthropic lo logra, habrá creado un precedente legal y financiero para cualquier empresa latinoamericana que quiera escalar IA responsable sin vender el control a corto plazo. Si fracasa, la lección será que el mercado sigue sin precio para la ética estructural.