Radar ChatGPT ahora registra tu actividad en Mac sin grabar la pantalla
OpenAI lanzó Computer History para ChatGPT en Mac: registra clics y tecleo para dar contexto al asistente sin capturar pantalla. Disponible en planes Pro, Business y Enterprise desde el 13 de agosto de 2026.
OpenAI acaba de dar un paso que redefine cómo entendemos la memoria de un asistente de inteligencia artificial. El 13 de agosto de 2026 la compañía presentó Computer History, una función integrada en la versión de escritorio de ChatGPT para Mac que registra la actividad del usuario en el equipo y la convierte en contexto disponible para el modelo, sin necesidad de que quien lo usa tenga que explicar de cero en qué estaba trabajando.
La pregunta que surge de inmediato es si esto implica que ChatGPT ahora ve todo lo que ocurre en la pantalla. La respuesta, según la documentación oficial de OpenAI, es que no. Computer History no captura pantallas, ni graba video, ni accede al micrófono o al audio del sistema. Lo que registra son eventos de interacción: clics, pulsaciones de teclas, atajos y cambios entre aplicaciones. Esa información se convierte en resúmenes de texto que quedan almacenados localmente en el equipo del usuario, no en la nube, y a los que ChatGPT puede recurrir cuando recibe una instrucción como "¿qué estaba haciendo antes del almuerzo?" o "resumí mi sesión de trabajo de hoy".
Esta función reemplaza a Chronicle, una característica previa en fase de investigación que sí tomaba capturas de pantalla. El cambio no es menor: OpenAI optó por un enfoque más conservador con la privacidad, aunque la empresa advierte que los datos no se almacenan cifrados en el disco —dependen de la protección general de la cuenta de macOS— y recomienda excluir fuentes de información sensible, así como pausar el registro durante conversaciones con otras personas a menos que exista un consentimiento explícito.
Computer History está disponible desde el primer momento para los suscriptores de los planes Pro, Business y Enterprise. La función viene desactivada por defecto y debe ser habilitada manualmente desde el menú de configuraciones de la aplicación, donde también se pueden seleccionar qué aplicaciones o sitios web serán monitoreados. En el caso de cuentas corporativas, se requiere además la autorización del administrador del espacio de trabajo antes de que los usuarios puedan activarla.
Un detalle relevante para equipos de tecnología en América Latina: la función no está disponible en el Espacio Económico Europeo, Suiza ni Reino Unido, pero su despliegue es global para el resto del mundo, lo que significa que equipos en la región ya pueden probarla. Sin embargo, para startups y empresas que operan con datos de clientes bajo regulaciones locales de privacidad —como la Ley de Protección de Datos Personales en varios países latinoamericanos— el hecho de que los datos se almacenen sin cifrar en el disco del usuario y que el procesamiento de los eventos para generar los resúmenes ocurra en los servidores de OpenAI plantea preguntas que cada equipo de seguridad debería responder antes de habilitar la función.
OpenAI declara que los archivos de evento no se conservan después del procesamiento ni se usan para entrenar modelos, salvo que el usuario haya autorizado explícitamente el uso de datos de memoria en los chats. La compañía también recomienda desactivar Computer History cuando se maneja información que no debe quedar registrada.
Para equipos de desarrollo que trabajan con múltiples ventanas y aplicaciones —editores de código, herramientas de diseño, clientes de correo— la promesa es clara: poder preguntarle al asistente por un error que apareció hace veinte minutos sin tener que describir todo el contexto otra vez. La realidad, sin embargo, es que esta capa de memoria introduce un nuevo vector de ataques por inyección de instrucciones en el prompt, algo que la propia OpenAI reconoce en su documentación, y que los equipos de ciberseguridad de la región deben considerar.
El desembarco de Computer History marca un punto de inflexión en la relación entre los asistentes de IA y el entorno de trabajo cotidiano. Hasta ahora, la memoria contextual se limitaba a lo que el usuario decidía compartir en cada conversación. Ahora, el asistente puede construir un mapa de la jornada laboral por sí mismo. La pregunta que queda para los líderes de tecnología en América Latina no es si esta capacidad será útil, sino si están preparados para gestionar los riesgos de privacidad que trae consigo.