IA hoy Centros de datos de IA: el precio ambiental que nadie quiere pagar
La demanda energética de la IA mantiene plantas de carbón activas y agota recursos hídricos. Earthjustice advierte sobre el costo para la salud, mientras América Latina observa la misma tendencia.
El auge de la inteligencia artificial está cobrando una factura que va más allá del consumo eléctrico. La administración Trump está facilitando que los centros de datos contaminen sin restricciones, sacrificando la salud pública para acelerar la construcción de estas instalaciones, según advierte Earthjustice, organización ambientalista que litiga contra los permisos de nuevas plantas. Los centros de datos que alimentan los modelos de IA funcionan las 24 horas y consumen tanta energía como una ciudad entera, una carga que amenaza con mantener en funcionamiento centrales de carbón antieconómicas y retrasar la transición hacia energías limpias.
Las implicaciones son concretas para las comunidades y para el clima. Earthjustice señala que las empresas de servicios públicos ven en los centros de datos una oportunidad lucrativa para obtener utilidades garantizadas, mientras que los hogares terminarían pagando la factura. La organización también advierte que la mayoría de los centros de datos dependen de sistemas de refrigeración por evaporación ineficientes, que consumen grandes cantidades de agua, un recurso cada vez más escaso en varias regiones del mundo.
¿Qué significa esto para América Latina? La situación debería servir como advertencia: los reguladores locales tienen la oportunidad de exigir eficiencia energética y fuentes renovables desde el inicio, tal como lo piden los abogados de Earthjustice en Estados Unidos. La lección es que la demanda energética descontrolada puede socavar la transición a energías limpias y agotar recursos hídricos, algo que ya es crítico en zonas áridas de la región.
La respuesta desde el activismo
Earthjustice está presionando para que los centros de datos paguen lo que les corresponde y adopten tecnologías más eficientes. La propuesta central es que las empresas tecnológicas desarrollen nuevas fuentes de energía limpia —solar, eólica, geotérmica y baterías— para alimentar sus infraestructuras, en lugar de depender de centrales fósiles. También exigen que los organismos reguladores garanticen que los centros de datos gestionen su demanda y mejoren su eficiencia energética, algo que podría replicarse en marcos regulatorios latinoamericanos.
Para los ejecutivos que están evaluando inversiones en IA en la región, esto tiene implicaciones operativas directas. La continuidad de un centro de datos depende de la estabilidad eléctrica y del acceso a recursos hídricos; sin regulación clara, el costo social y ambiental se trasladará a las comunidades, generando resistencia ciudadana similar a la que ya se observa en Estados Unidos. La historia reciente muestra que los proyectos de infraestructura fallan cuando ignoran el entorno en el que operan.
La tendencia global es que la demanda energética de la IA seguirá creciendo exponencialmente. La pregunta no es si habrá más centros de datos en América Latina, sino bajo qué condiciones se construirán. Exigir generación renovable y eficiencia hídrica desde el diseño no solo es ambientalmente responsable; también reduce riesgos de continuidad operativa y protege a las empresas de futuros conflictos regulatorios. Los reguladores latinoamericanos aún están a tiempo de aprender de estos errores antes de que el problema se agrave en su territorio.