Ética & sociedad Anthropic paga 1.500 millones y los autores latinos quedan sin compensación
El acuerdo con Anthropic revela el vacío legal global: el entrenamiento se declara lícito, la piratería se multa, y los creadores fuera de EE.UU. quedan sin compensación. América Latina no tiene marco ni registro que proteja sus obras.
Un juez de California dictaminó que entrenar a Claude con siete millones de libros robados de bibliotecas sombra era legal. Lo ilegal fue cómo consiguieron los libros. Anthropic paga 1.500 millones de dólares —la mayor indemnización por derechos de autor en la historia de EE.UU.— pero solo 500.000 obras registradas en la Oficina de Copyright estadounidense cobrarán. El 93 % del corpus pirata queda impune.
La sentencia del juez William Alsup equipara la ingesta masiva de textos a un escritor que lee para aprender. "Como cualquier lector que aspira a ser escritor", escribió. La abogada Cathy Gellis lo resume: el fallo beneficia a las IA. Para una empresa que proyecta 200.000 millones de ingresos anuales en 2028, la multa es costo operativo.
El truco del "uso transformativo"
En la doctrina del fair use estadounidense, todo depende de si el nuevo uso compite con el original. Thomson Reuters ganó contra Ross Intelligence porque este clonaba su producto legal. Pero los chatbots no han sido declarados competidores directos de novelistas —aunque generen novelas sintéticas a escala industrial.
En la UE, la Directiva 2019/790 permite minería de textos y datos salvo que el titular reserve sus derechos (opt-out). Japón va más lejos: excepción amplia sin opt-out. Rusia, según el análisis de Artem Nikiforov en Digital Law Journal, considera que entrenar no es "usar" la obra porque no reproduce su forma expresiva ni permite percepción humana.
América Latina: tierra de nadie
Mayoritariamente, nuestros países son tradición derecho civil: no existe fair use, los derechos morales son irrenunciables y los registros son declarativos, no constitutivos. No hay excepción de TDM en la legislación de Brasil, México, Argentina, Chile ni Colombia. Tampoco hay registro tipo Copyright Office que habilite reclamaciones masivas.
Cuando Meta, Google o Anthropic rasparon "todos los libros del mundo" —palabras de un exejecutivo de Google contratado por Anthropic para "adquirir todos los libros evitando problemas legales"—, la literatura latinoamericana entró en el corpus sin licencia, sin pago, sin rastro.
El sindicato de escritores de Canadá lo resume: sus autores no cobran porque sus editores no registraron las obras en EE.UU. En LatAm, ni siquiera existe esa vía.
El siguiente frente: regulación ex ante vs ex post
En la UE, la apuesta es el AI Act: transparencia obligatoria de datos de entrenamiento, respeto al opt-out, gobernanza ex ante. Reino Unido y EE.UU. prefieren litigios ex post. Japón impulsa innovación sin freno.
LatAm observa. Brasil discute el PL 2338/2023; México tiene iniciativa en el Senado; Chile aprobó ley de protección de datos pero no toca propiedad intelectual. Mientras no haya marco propio, la única palanca es contractual: licenciar colectivamente o demandar en jurisdicciones extranjeras —caro, lento, incierto.
Lo dijo claro la directora de la asociación de editores de Quebec: las IA valoran los hechos curados, los análisis estructurados, las narrativas cautivadoras de los libros. No la basura de internet. Ese valor es humano, es cultural, es nuestro. Y hoy se extrae gratis.
¿Cuántos Cien años de soledad, Pedro Páramo o La casa de los espíritus alimentan a Claude, GPT o Llama sin que sus herederos —ni los Estados que los declararon patrimonio— hayan autorizado ni cobrado un peso?