Anthropic, la empresa detrás del asistente Claude, firmó un acuerdo para alquilar aproximadamente US$45.000 millones en capacidad de cómputo al proveedor británico de infraestructura Nscale, según confirmó una fuente cercana a TechCrunch. El contrato, que se extiende por seis años, utilizará los nuevos chips Vera Rubin de Nvidia en el centro de datos insignia de Nscale en Virginia Occidental, con una capacidad energética estimada de 460 megavatios —suficiente para abastecer unas 345.000 viviendas estadounidenses, según cálculos de Investing.com citados por Yahoo Finanzas.
La estrategia: acaparar cómputo antes de salir a bolsa
El acuerdo con Nscale no es un hecho aislado. En los últimos ocho meses, Anthropic ha desplegado una ofensiva para asegurar capacidad de procesamiento que supera los US$60.000 millones en compromisos adicionales:
- En agosto, firmó un acuerdo de US$10.000 millones con Volta, una startup de nube creada en enero de 2026, con un centro de datos en Noruega.
- En julio, selló un acuerdo de US$5.000 millones con AMD.
- En mayo, cerró un contrato con SpaceX para alquilar US$1.250 millones mensuales en capacidad, usando los clústeres Colossus y Colossus II de la empresa de Elon Musk.
- En abril, amplió su alianza con Amazon, sumando 5 gigavatios adicionales, y expandió su relación con Google y Broadcom.
La compañía proyecta ingresos de entre US$190.000 y US$200.000 millones para 2028, frente a un ritmo anualizado actual de US$47.000 millones, según información de Reuters reproducida por Forbes México. La lógica es clara: para sostener el crecimiento de productos como Claude Code, su herramienta de programación, necesita garantizar capacidad de cómputo a escala antes de su esperada oferta pública inicial.
El acuerdo con Nscale tiene un detalle revelador: Microsoft había firmado una carta de intención para ese mismo sitio en Virginia Occidental en marzo, pero se retiró a principios del verano, según Investing.com. Anthropic ocupó ese vacío y, con ello, le dio a Nscale el impulso que necesitaba para su propia salida a bolsa, prevista para el próximo mes. Nscale, fundada en 2024, ya tiene contratos con Microsoft en otros proyectos, pero este acuerdo la convierte en un actor central de las llamadas "neoclouds": empresas que alquilan capacidad de cómputo enfocada exclusivamente en IA.
¿Qué significa para América Latina?
El acceso a la capacidad de cómputo no es solo un problema de los gigantes tecnológicos. Para las empresas latinoamericanas, tiene tres implicaciones directas.
Primero, costo de los servicios de IA. Las herramientas que usan las empresas de la región —desde asistentes hasta modelos de programación— dependen de la infraestructura que Anthropic, OpenAI y Google están asegurando ahora. Esos costos de capital se trasladarán a los precios de las APIs y suscripciones. Un acuerdo de US$45.000 millones no se paga solo: se amortiza en los millones de empresas que pagan por token o por usuario mensual.
Segundo, dependencia infraestructural. Hoy la capacidad de cómputo de IA está concentrada en Estados Unidos, Noruega y, cada vez más, en países nórdicos. América Latina no tiene centros de datos de esta escala para IA. La región importa cómputo como importa chips: con riesgo de escasez y sin poder de negociación. El caso de Nscale —una empresa fundada hace dos años que consigue un contrato de US$45.000 millones— muestra que la infraestructura es el nuevo petróleo, y quienes no la tienen, la alquilan.
Tercero, oportunidad de arbitraje energético. Países como Chile, México o Colombia tienen excedentes energéticos y condiciones para desarrollar centros de datos. La producción de tarjetas de circuito para data centers ya está generando interés en lugares como Ciudad Juárez, según informó Forbes México. Pero la ventana se cierra rápido: si los gigantes aseguran capacidad por décadas en el hemisferio norte, la región quedará rezagada como consumidora de servicios, no como proveedora de infraestructura.
El riesgo de una burbuja de cómputo
El incremento de acuerdos también plantea interrogantes. Anthropic ha comprometido decenas de miles de millones en un momento en que su valoración alcanza los US$965.000 millones (mayo de 2026). Nadie cuestiona que la demanda de IA crecerá, pero la historia reciente —de la burbuja de las puntocom a la sobrecapacidad de fibra óptica— sugiere que la sobreinversión en infraestructura puede generar ciclos de corrección. La deuda corporativa para financiar IA ya está probando los límites de los inversores, como reportó Forbes México en julio.
Los acuerdos de Anthropic tienen un componente adicional de riesgo: dependen de chips que aún no operan en producción. La capacidad de Nscale arrancará recién a fines de 2027, y los servidores en el resto del campus Monarch, que totalizará 1,35 gigavatios cuando esté completo, comenzarán a suministrar energía recién en 2028. Un retraso en la entrega de los Vera Rubin —recordemos los retrasos históricos de Nvidia en generaciones anteriores— dejaría a Anthropic con capacidad contratada que no puede usar, pero que sí debe pagar.
Infraestructura como estrategia de largo plazo
El aprendizaje para los ejecutivos latinoamericanos es más estructural que inmediato. La IA no es solo algoritmos: es capacidad física. Quien controla los chips, los centros de datos y la energía, controla la velocidad a la que los modelos pueden entrenarse y desplegarse. Eso significa que las decisiones de adopción de IA en la región deberían considerar no solo qué modelo usar, sino de qué infraestructura depende ese modelo, cuál es el costo de esa dependencia y si existe una alternativa local o regional viable en el mediano plazo.
Mientras Anthropic, OpenAI, Google y Meta compiten por acaparar megavatios, América Latina observa desde la tribuna. La pregunta no es si la región se subirá a la ola de la IA —ya lo está haciendo— sino si lo hará como socio de infraestructura o como cliente cautivo de un sistema que se decide a miles de kilómetros, en campus de Virginia Occidental y fiordos noruegos.