¿A quién pertenece el tiempo que la IA libera en la empresa?

La experiencia de Klarna muestra que la IA puede ahorrar horas de trabajo, pero el verdadero valor depende de cómo se comparta el beneficio entre empresa y empleados.

¿A quién pertenece el tiempo que la IA libera en la empresa?

El dilema del tiempo ganado por la IA

Imagínese que cada trabajador recupera dos horas al día gracias a una herramienta de inteligencia artificial. ¿A quién corresponde ese tiempo? ¿A la compañía, que ve reducidos sus costos operativos, o a los empleados, que pueden dedicarlo a tareas de mayor valor o a su descanso? La respuesta no es excluyente: la ganancia debe ser vista como un recurso compartido. Esta cuestión, aunque parece social, tiene implicaciones estratégicas. Las organizaciones que la aborden de forma equilibrada pueden convertir la IA en una ventaja competitiva sostenible; las que la traten como un simple sustituto de mano de obra corren el riesgo de crear experimentos costosos y dañinos para su reputación.

El cálculo económico y sus limitaciones

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Desde una perspectiva estrictamente financiera, la fórmula parece clara: la IA asume actividades repetitivas, la carga sobre el personal disminuye y los gastos se reducen. Los economistas describen ese escenario como una ganancia neta. Sin embargo, esa visión ignora riesgos reales, como la desmotivación o el desconfianza de una plantilla que percibe la automatización como una amenaza. Además, el conocimiento, la empatía y la capacidad de juicio siguen siendo atributos humanos que no pueden ser sustituidos sin costo. Por tanto, cualquier estrategia de IA debe articular cómo el beneficio económico se traduce también en bienestar y retención del talento.

Lección de Klarna: tres etapas de un experimento fallido

El caso del fintech sueco Klarna ilustra claramente los peligros de una implementación unilateral. Entre 2022 y 2023 la empresa recortó su plantilla de aproximadamente 5.500 a 3.500 empleados y canceló contratos con proveedores externos de atención al cliente. En la primavera de 2024 anunció que un chatbot basado en IA reemplazaría a 700 puestos a tiempo completo, recibiendo elogios internacionales por su supuesta eficiencia.

A mediados de ese mismo año surgieron los problemas: en consultas complejas, quejas emocionales y situaciones de vulnerabilidad financiera, la IA no pudo ofrecer respuestas satisfactorias. La insatisfacción de los clientes se disparó y Klarna tuvo que volver a involucrar a desarrolladores y diseñadores en el centro de atención para gestionar la avalancha de reclamos.

En 2025‑2026 el director ejecutivo, Sebastian Siemiatkowski, reconoció públicamente que la empresa había puesto el ahorro de costos por encima del factor humano. Claramente, el modelo de sustitución total resultó en una costosa reversión y daño reputacional, obligando a la compañía a recontratar personal de soporte a gran escala.

Lo que la IA sí puede y lo que no puede reemplazar

El episodio muestra dos fronteras bien definidas. Las tareas estandarizadas y de alta frecuencia, como responder a preguntas simples sobre el estado de un reembolso, pueden ser atendidas por la IA de manera rápida y barata. En contraste, los casos que requieren juicio, sensibilidad emocional o una comprensión profunda del contexto siguen siendo dominio del personal humano. Los clientes en apuros financieros, por ejemplo, no solo buscan una respuesta rápida sino también empatía y orientación personalizada.

Un enfoque híbrido, que combina la capacidad de filtrado y alivio de carga de la IA con la toma de decisiones y el contacto humano, representa una madurez operativa. No se trata de retroceder, sino de reconocer los límites tecnológicos y diseñar procesos que aprovechen las fortalezas de ambos componentes.

Marco de actuación: guías de IA como brújula

En lugar de preguntar cuántos puestos pueden eliminarse, la cuestión estratégica debería ser: ¿cómo diseñar la transición para que empresa y empleados se beneficien simultáneamente? El Centro de Investigación en IA del NRW propone formalizar esa cuestión en guías de IA, no como normas rígidas, sino como un compás que establezca valores compartidos.

Las guías eficaces cumplen varias funciones:

  • Definen que la IA sirve tanto a la competitividad de la organización como al alivio de los trabajadores.
  • Identifican explícitamente qué tareas monótonas o gravosas serán automatizadas.
  • Aseguran una gestión de expectativas que evite sorpresas desagradables para ninguna de las partes.
  • Se construyen mediante talleres conjuntos, garantizando que las perspectivas de directivos y empleados queden reflejadas.

Los detalles operativos se dejan abiertos a la negociación social, lo que permite que las soluciones se adapten a la cultura y al contexto de cada empresa.

Implicaciones para los líderes empresariales

La historia de Klarna deja claro que la IA puede liberar una cantidad significativa de horas de trabajo, pero intentar suplantar por completo la intervención humana genera retrocesos costosos. El verdadero valor radica en tratar el tiempo ahorrado como un bien colectivo: la empresa lo utiliza para mejorar su oferta o reducir costos, mientras que los empleados pueden dedicarlo a actividades de mayor valor o a su desarrollo personal.

Quienes inicien conversaciones estructuradas sobre el uso de la IA, involucrando a representantes sindicales, equipos de recursos humanos y unidades de negocio, ganarán en eficiencia y resiliencia. Evitar errores como los de Klarna será cuestión de diseñar un modelo híbrido desde el principio y de acompañarlo con guías claras que reflejen un acuerdo social sobre la distribución de los beneficios.

¿Hasta dónde debe llegar la automatización antes de que la dimensión humana vuelva a imponerse?

La respuesta dependerá de la capacidad de cada organización para crear marcos de trabajo que equilibren productividad y bienestar. En última instancia, la IA no decidirá el éxito o el fracaso; será la forma en que empresas y trabajadores pacten su uso la que determinará si la tecnología se convierte en una ventaja duradera o en una ilusión pasajera.

Melina Rodríguez

Escrito por

Melina Rodríguez

Especialista Inteligencia Artificial

Arquitecta de profesión, estratega de IA por convicción. Máster en Gestión Urbana por la Universidad Politécnica de Cataluña y certificada en ISO 42001 — la norma internacional de gestión de inteligencia artificial. Co-fundadora de 3Dual Studio y consultora en Bewos, ha diseñado programas de alfabetización en IA para organizaciones públicas y privadas en América Latina.

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