Latam 98% de empresas prueba inteligencia artificial, pero 95% no comprueba retorno
98% de las empresas brasileñas prueban IA, pero 95% no comprueba retorno. La Operação 100 y el Open Innovation buscan cerrar la brecha.
El contraste entre la adopción experimental y el impacto real de la inteligencia artificial quedó expuesto en cifras recientes del mercado brasileño: mientras que 98 % de las empresas del país ya utilizan IA de forma experimental, 95 % de las organizaciones a nivel global todavía no logran comprobar un retorno financiero concreto de la tecnología, según datos presentados por StartSe. La brecha entre la prueba y la producción es el problema que busca atacar la Operação 100, iniciativa lanzada por la plataforma de educación ejecutiva para acompañar a cien empresas brasileñas durante cien días en la implementación de cien soluciones operacionales. El programa se presentó en una transmisión gratuita el 22 de septiembre, conducida por el CEO y socio de la compañía, Piero Franceschi, y dirigida a dueños de pequeñas y medianas empresas.
El diagnóstico que plantea Franceschi golpea un punto ciego habitual: muchas compañías pagan la licencia de una herramienta de IA, capacitan a sus equipos y ejecutan un piloto, pero los indicadores de negocio no se mueven. La frase del ejecutivo es contundente: "Piloto que no se convierte en proceso es apenas costo". Esa realidad no es exclusiva de Brasil: en varias economías de América Latina, los proyectos de IA siguen atrapados en departamentos de innovación o en áreas de TI, sin cruzar la frontera hacia la operación diaria ni generar valor medible.
La ecuación económica del cambio
Detrás del problema hay una ecuación de dos caras. Por un lado, el costo de procesamiento de la IA cayó de forma significativa en los últimos dos años, lo que volvió la tecnología accesible incluso para compañías de menor porte. Por otro, el costo de crecer en Brasil aumentó, presionado por costos laborales y rigideces estructurales. Usar la tecnología apenas para acelerar actividades realizadas por las mismas estructuras y equipos, sin modificar procesos ni organigramas, solo reproduce el gasto a mayor velocidad.
La propuesta de StartSe es reorganizar las funciones entre personas y sistemas: que la máquina absorba el volumen bruto de trabajo, mientras el ser humano se concentra en las excepciones, el cliente difícil, las decisiones sensibles y la estrategia. Bajo esta visión, una empresa autónoma no es un negocio sin personas, sino una organización que necesita menos burocracia para funcionar, con el humano como centro de la confianza y de la definición de problemas.
Ese rediseño organizativo es precisamente lo que intenta catalizar el ecosistema de innovación abierta en la región. El 1 Congreso Internacional de Casos de Open Innovation, que se realizará en Río de Janeiro del 3 al 6 de octubre, reunirá decenas de experiencias reales de colaboración entre corporaciones, gobiernos y startups. Varias de ellas muestran aplicaciones de inteligencia artificial en problemas operacionales concretos: algoritmos de machine learning para predecir demanda y monitorear anomalías en redes de fibra óptica, plataformas para reducir pérdidas no técnicas en la distribución de energía, sistemas de visión computacional que identifican irregularidades a partir de imágenes y herramientas de IA para mejorar la calidad de la red prestadora de una operadora de salud.
Son ejemplos de que la tecnología ya está disponible y validada; lo que falta es el puente organizacional para llevarla a escala.
Lectura para el ejecutivo latinoamericano
La convergencia entre la Operação 100 y el congreso de Open Innovation ofrece una lectura estratégica para quienes deciden en la región. La IA no es un proyecto de tecnología, sino de rediseño operativo con métricas definidas antes de empezar. Los pilotos deben nacer con un indicador de negocio asociado y un responsable claro, y las alianzas con startups pueden acelerar el camino, evitando que cada empresa repita el ciclo de prueba y error. En ese sentido, la innovación abierta aparece como una vía para que la experiencia acumulada en un sector se transfiera a otro, reduciendo el tiempo entre la idea y el impacto.
La pregunta incómoda que deja el diagnóstico de StartSe es también la más necesaria: si el piloto de IA ya se hizo y los indicadores no cambiaron, ¿qué se está esperando para reestructurar el proceso? El costo de la tecnología ya no es excusa; el desafío ahora es decidir con qué velocidad las organizaciones están dispuestas a cambiar su forma de trabajar.