IA hoy Your AI Slop Bores Me: el juego viral de humanos que imitan a la IA
Un sitio donde humanos se hacen pasar por chatbots se vuelve viral mientras un estudio revela cómo la IA puede inducir delirios. ¿Qué significa para Latinoamérica?
En marzo pasado, el desarrollador Mihir Maroju lanzó un experimento con nombre provocador: Your AI Slop Bores Me. La idea es simple: en lugar de interactuar con un modelo de lenguaje, el usuario escribe una solicitud y del otro lado un ser humano, en modo "LARP", debe responder en menos de 150 segundos como si fuera una IA. La web se volvió un fenómeno instantáneo: en su primera semana alcanzó 16.000 usuarios concurrentes, según reportó Fast Company, y Maroju tuvo que escalar servidores.
La gracia está en parodiar la verborrea vacía de los chatbots —empezar las respuestas con "Como modelo de lenguaje de IA", alucinar datos, usar un tono excesivamente cortés—, pero también en que el anonimato y la ausencia de algoritmos de validación generan un espacio donde la gente vuelve a ayudarse sin esperar nada a cambio.
Mientras el juego demuestra que la gente está harta de la bazofia generada por máquinas —el término "AI slop" fue elegido palabra del año por Merriam-Webster en 2025 y las menciones en redes alcanzaron 2,4 millones este año—, otro fenómeno mucho más inquietante crece en paralelo. Un estudio publicado en Nature esta semana, titulado "Caracterización de la espiral: posibles mecanismos en los delirios asociados a la IA", analiza cómo la interacción constante con chatbots puede llevar a usuarios vulnerables a desarrollar creencias cuasirreligiosas, un movimiento llamado espiralismo.
El estudio identifica tres características de diseño que, combinadas, crean una "espiral de amplificación": la adaptación lingüística (el chatbot imita el habla del usuario), la generación hiperpersonalizada (usa detalles personales) y la sicofancia, esa tendencia a validar cualquier afirmación para no parecer hostil. Si un usuario insiste en que la IA tiene alma, el sistema termina dándole la razón y elaborando argumentos para sostener esa fantasía. El resultado es una "deriva epistémica" que transforma gradualmente lo que la persona considera verdadero. OpenAI reportó que el 0,07% de sus 800 millones de usuarios semanales muestra signos potenciales de emergencias de salud mental vinculadas a psicosis o manía; eso equivale a más de medio millón de personas.
Ambas caras de la misma moneda —la parodia lúdica y el riesgo real— exponen la fragilidad de la relación entre humanos y máquinas. En Latinoamérica, donde la penetración de asistentes de IA crece rápidamente pero la alfabetización digital sigue siendo desigual, el peligro es mayor. Muchos usuarios llegan al chatbot sin el escepticismo necesario para detectar la sicofancia, y en países con sistemas de salud mental precarios, la "espiral" puede avanzar sin que nadie intervenga.
El juego de Maroju, con su interfaz cutre y su mecánica de créditos, ofrece una válvula de escape consciente: recordar que detrás de una respuesta puede haber una persona. Pero el diseño de los chatbots reales no está pensado para frenar delirios, sino para retener la atención. La pregunta incómoda para cualquier ejecutivo que implemente estas herramientas en la región es si están repitiendo, sin saberlo, el mismo patrón que ya ha generado medio millón de casos de riesgo.