Unitree desembarca en el mercado STAR de Shanghái y dispara su cotización

El debut bursátil de Unitree y la apuesta de OpenAI encienden la carrera por darle cuerpo a la IA, entre euforia inversora, hardware complejo y dudas sobre cuándo será rentable.

Unitree desembarca en el mercado STAR de Shanghái y dispara su cotización

Foto: ThisisEngineering

Los robots de Unitree Robotics bailan, corren, dan volteretas y practican artes marciales. Desde el 19 de agosto, además, cotizan en bolsa. El debut de Unitree en el mercado STAR de Shanghái fue tan explosivo como el espectáculo de sus máquinas: las acciones salieron a 150,8 yuanes, abrieron a 1.100 y llegaron a valorar la empresa en cerca de 57.200 millones de euros, antes de moderar el avance. La operación captó unos 784 millones de euros y convirtió a su fundador, Wang Xingxing, en uno de los grandes multimillonarios de la tecnología china, con una participación cercana a los 15.000 millones de dólares.

Lo que compraron los inversores no es el negocio actual de Unitree: la compañía facturó unos 218 millones de euros en 2025 y obtuvo un beneficio neto cercano a los 35,7 millones. Compraron una hipótesis. Esa hipótesis sostiene que la inteligencia artificial necesita un cuerpo para convertirse en la próxima gran plataforma tecnológica y que los robots humanoides recorrerán el mismo camino que otras tecnologías: del laboratorio y los videos virales a la producción masiva en fábricas, almacenes, comercios y, algún día, hogares. La pregunta es si la euforia llegó antes que la capacidad técnica.

La IA necesita cuerpo

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El fenómeno tiene nombre técnico: IA encarnada o embodied AI, la rama que busca desarrollar máquinas capaces de percibir, decidir y actuar en el mundo físico. La señal más fuerte llegó cuando Sam Altman confirmó que OpenAI desarrolla un robot humanoide. «Sin duda, crearemos un humanoide. También desarrollaremos otros formatos», dijo, aunque aclaró que fabricar el cuerpo es menos importante que comprender el cerebro que lo controla.

OpenAI no está sola. Nvidia construyó la plataforma GR00T para desarrollo de humanoides y hasta presentó un diseño de referencia abierto basado en un chasis de Unitree. Google DeepMind lanzó Gemini Robotics y trabaja con Apptronik, Boston Dynamics y Franka. Skild AI recaudó 1.400 millones de dólares en enero, con una valuación superior a 14.000 millones, para crear un cerebro «omnicuerpo» capaz de controlar distintos tipos de robots. Physical Intelligence avanza en la misma dirección. Todos compiten por la capa intelectual, la más valiosa de la cadena.

La investigación académica confirma que esa capa sigue siendo el cuello de botella. Una revisión reciente sobre IA generativa en manipulación robótica enumera tres obstáculos persistentes: la falta de datos y la dificultad para recolectarlos, la planificación de tareas complejas de largo aliento y el razonamiento multimodal necesario para operar en entornos diversos. Los modelos generativos ayudan a generar datos, imágenes y trayectorias, pero el salto del laboratorio a la operación continua sigue sin resolverse.

China industrializa antes que la inteligencia

China parte con una ventaja que ningún otro ecosistema iguala: capacidad industrial para fabricar a escala. Según Omdia, de los aproximadamente 15.000 humanoides vendidos en el mundo durante 2025, Unitree y su rival AgiBot colocaron más de 5.000 unidades cada una. BofA Global Research eleva la cifra total a cerca de 20.000 y estima que los fabricantes chinos representan el 95 % de los envíos. El gobierno chino espera construir más de 100.000 humanoides este año, y BofA proyecta 1,2 millones de envíos anuales en el mundo para 2030.

Pero la producción no es sinónimo de inteligencia. Un análisis de Reuters sobre el auge humanoide chino muestra la brecha entre la ambición oficial y la capacidad real de las máquinas. En un centro de entrenamiento en Liuzhou, más de 100 robots humanoides aprenden a clasificar cajas, empaquetar fideos o preparar café; un entrenador novato necesita unos 300 intentos para lograr un movimiento utilizable, y uno experimentado lo consigue una de cada 50 veces. «El coeficiente intelectual de los robots es demasiado bajo. Mucho de lo que vemos es baile disfrazado de trabajo», resumió Tang Wenbin, CEO de Yuanli Lingji.

Los números de la demanda cuentan otra parte de la historia. Los gobiernos chinos gastaron al menos 230 millones de dólares en compras de humanoides y equipos relacionados en el primer semestre, frente a 62 millones en el mismo período del año anterior y apenas 6 millones en 2024. State Grid planea invertir 1.000 millones de dólares en robots para mantenimiento de redes, y Lingyi iTech ya produce en una «superfábrica» que aspira a 500.000 robots de IA encarnada por año para 2030. Parte de esa demanda es real; otra, sin embargo, está creada por subvenciones estatales. Deep Robotics, por ejemplo, reveló que las subvenciones representaron 42 % de su beneficio neto y vendió solo cuatro humanoides entre 2024 y 2025.

Quiénes ganaron la apuesta

Cómo se reparte esa hipótesis lo muestra la salida a bolsa de Unitree. Meituan, la plataforma de reparto y servicios locales, controlaba 9,65 % de la empresa antes del debut y su participación pasó a valer unos 4.400 millones de dólares. HongShan, la ex Sequoia China, invirtió 15 millones de yuanes en su primera apuesta y un total de 102 millones; al cierre del primer día, su posición valía unos 3.100 millones de dólares, 206 veces el capital invertido. Shunwei Capital, Matrix Partners China y CITIC Goldstone terminaron con participaciones de entre 2.300 y 2.500 millones de dólares.

DeepSeek, la empresa de inteligencia artificial, se sumó a la colocación como pieza estratégica: desembolsó 141 millones de yuanes y acordó colaborar con Unitree en modelos de IA encarnada, con acceso prioritario a robots y modelos. Más de 170 empleados participaron del programa de incentivos y acumularon acciones por unos 224 millones de dólares. A diferencia de Silicon Valley, el capital estatal participa de forma directa: fondos vinculados a Pekín, Shanghái y Zhongguancun figuran entre los accionistas. China trata a la robótica humanoide como industria estratégica, no como una apuesta de capital de riesgo más.

El cuerpo también es un problema de ingeniería

Aunque los inversores premian la inteligencia, la fabricación de cuerpos robóticos es una de las barreras más duras de la industria. Según McKinsey, los actuadores —los componentes que mueven las articulaciones— representan entre 40 % y 60 % del costo total de las piezas. Los reductores armónicos y los husillos de precisión, esenciales para movimientos finos, dependen de un pequeño grupo de proveedores. China controla cerca de 69 % de la extracción de tierras raras y alrededor de 90 % del procesamiento de imanes; fabricar un robot avanzado sin proveedores chinos costaría unos 131.000 dólares, frente a 46.000 con componentes chinos, según estimaciones de OpenMind.

Tesla lo aprendió en carne propia. La compañía no entregó las 10.000 unidades de Optimus que prometió para 2025 y Musk admitió en enero que ningún robot realizaba tareas útiles en las fábricas. En la conferencia de resultados lo definió como «el producto más difícil de fabricar a gran escala que jamás hayamos creado». Figure AI, la empresa que recibió 675 millones de dólares de OpenAI, rompió su colaboración con la firma de IA para desarrollar su propia tecnología integrada verticalmente. «No podemos externalizar la IA por la misma razón por la que no podemos externalizar nuestro hardware», explicó su CEO, Brett Adcock.

Por eso las búsquedas laborales de OpenAI dicen más que sus anuncios. La división de robótica pasó de 11 a 19 puestos vacantes, cuatro dedicados específicamente a actuadores, así como ingenieros de engranajes, diseño electromagnético e infraestructura de pruebas. Nadie diseña sus propios actuadores si cree que el cuerpo es la parte fácil. OpenAI, que canceló su proyecto de robótica en 2021 por falta de datos, necesita robots reales para recolectar la información sensorial que exige la IA física: saber con qué fuerza se sujeta un objeto, cómo responde el entorno, qué falla y qué se corrige. Los humanoides no son solo un producto; son una fábrica de datos.

Geopolítica, empleo y dilemas de la próxima década

En el tablero geopolítico también se juega la carrera por los humanoides. Estados Unidos prohibió en julio la importación de nuevos modelos extranjeros de robots humanoides y cuadrúpedos, alegando seguridad nacional. La medida afecta a futuros modelos de Unitree, que obtuvo más de 40 % de sus ingresos en el exterior y alrededor de 13 % en Estados Unidos durante 2025. China, mientras tanto, proyecta su cadena de suministro hacia Europa: Minth y AgiBot inauguraron en Sabac, Serbia, la primera gran fábrica de humanoides en suelo europeo, con 20 millones de euros iniciales y un plan de hasta 200 millones para un parque de robótica industrial.

Las declaraciones del presidente serbio, Aleksandar Vucic, resumen la ambigüedad del momento. Dijo que Serbia superará a Alemania, el Reino Unido y España en fabricación de androides, que los robots con IA reemplazarán a las personas en tareas de alto riesgo y que el Instituto Técnico Militar ya instaló armas en perros robóticos capaces de infligir daños considerables a una fuerza enemiga. El uso militar de la robótica avanzada, sumado a la promesa de Altman de que «algún día» todos deberían tener un robot personal, convierte a la ética en una asignatura pendiente: ¿quién responde por las decisiones de una máquina autónoma en una fábrica, en un hospital o en un campo de batalla?

¿Burbuja o revolución?

Las proyecciones del sector son estratosféricas. El CEO de Agile Robots, Zhaopeng Chen, estimó que la industria de la robótica humanoide podría llegar a ser diez veces más grande que la automotriz actual; Elon Musk dijo ante el G20 que podría haber 1.000 millones de robots en el planeta en una década.

Pero dentro de la propia industria hay voces más escépticas. Algunos fundadores describen el sector como una «burbuja» y Kevin Xu, de Interconnected Capital, vaticina una consolidación inevitable: «Solo es cuestión de quién y cuán feo sea». El riesgo de corrección existe: la financiación pública y la capacidad instalada están muy por delante de la demanda comercial real, y los humanoides todavía no demuestran que pueden realizar durante horas una tarea útil, fiable y suficientemente barata.

Aun así, la apuesta tiene una lógica estratégica difícil de ignorar. La estrategia china de subsidiar, sobreproducir y competir ferozmente —el modelo de los «Juegos del Hambre»— ya dejó ganadores globales en vehículos eléctricos y paneles solares. Unitree es rentable, vende miles de unidades y acaba de abrir el mercado de capitales al sector. OpenAI, Nvidia y Tesla, por su lado, entienden que sin control del hardware y de los datos físicos ningún modelo de IA podrá gobernar el mundo real. La burbuja, si existe, no impedirá que algunos de estos actores se conviertan en los gigantes de la próxima década.

No es solo una moda bursátil la robótica humanoide. Es el frente más ambicioso de la inteligencia artificial: la construcción de máquinas que aprenden, se mueven y actúan en un mundo diseñado para humanos. La próxima revolución no será únicamente de software. Será una lucha por el mundo físico, y recién comienza.

Fuentes

  1. La china Unitree saca a bolsa sus robots humanoides y enloquece ...
  2. La fiebre por los robots humanoides disparó el valor de Unitree: quiénes son los grandes ganadores de su salida a bolsa
  3. Arranca en Serbia la primera gran fábrica europea de robots humanoides con inversión China
  4. Robots humanoides de China aún no son lo suficientemente inteligentes para quitarle su puesto a una persona… todavía
  5. Sam Altman adelanta el próximo gran proyecto de OpenAI: un robot ...
  6. Inteligencia artificial generativa en la manipulación robótica: una revisión
Giselle Meza

Escrito por

Giselle Meza

Consultora de estándares

Profesional en gestión de compliance, responsabilidad social empresarial y derechos humanos, con trayectoria en diseño e instrumentación de marcos normativos para empresas con operaciones internacionales. Ha desarrollado su carrera en la intersección entre el sector privado y los estándares globales de gobernanza, participando en espacios como la Corte Interamericana de Derechos Humanos y articulando propuestas de debida diligencia alineadas a normas ISO 9001, ISO 37001 e ISO 37301. Su enfoque combina rigor técnico con visión institucional, orientado a que las organizaciones integren los Objetivos de Desarrollo Sostenible como eje transversal de su operación y estrategia.