La Casa Blanca prepara aranceles amplios a semiconductores que, según la industria tecnológica, llegarían en el «peor momento absoluto» y harían «condenar» la innovación en inteligencia artificial en Estados Unidos. Politico reporta que el marco en discusión «expandiría dramáticamente el número de productos tecnológicos sujetos a derechos, golpeando no solo chips sino potencialmente muchos de los bienes fabricados con ellos, como consolas de videojuegos o los servidores que llenan los centros de datos» fuente. La medida amenaza con encarecer la infraestructura base de la IA: GPUs, aceleradores, servidores y equipos de red.
El diagnóstico económico: aranceles amplios fallan en chips de alta gama
Un modelo multisectorial publicado en el World Journal of Economics and Business Research evalúa combinaciones de aranceles y subsidios por nivel tecnológico y llega a una conclusión contundente: «los subsidios focalizados son más efectivos que los aranceles para superar barreras tecnológicas en semiconductores de alta gama, mientras que los aranceles altos y amplios brindan solo ganancias limitadas de relocalización manufacturera y aumentan riesgos de inflación y bienestar» fuente.
El estudio calibra una sensibilidad arancelaria de 0,35 para chips de alta gama (frente a 0,85 para los de baja gama) y una eficiencia de subsidio de 0,45 en alta gama (contra 0,25 en baja). En términos llanos: gravar los chips más avanzados apenas mueve la aguja de producción doméstica, pero subsidiar I+D y fabs sí lo hace.
Con importaciones estadounidenses de semiconductores por 245.000 millones de dólares en la línea base de 2024, Taiwán y Corea del Sur eran los proveedores principales y el arancel era cero. El paquete de 2025 elevó el arancel promedio ponderado de EE. UU. al 20,11%, desencadenando represalias y acelerando la reconfiguración de cadenas globales.
Lo que está en juego para América Latina
Latinoamérica no fabrica chips de vanguardia, pero sí los consume masivamente. Cada centro de datos que se levanta en Querétaro, São Paulo, Santiago o Bogotá compra servidores llenos de silicio taiwanés, coreano y estadounidense. Si los aranceles encarecen un 15-25% los componentes y los sistemas terminados, el costo de entrenar e inferir modelos sube en la misma proporción para empresas locales, startups y gobiernos que hoy apuestan por soberanía de datos y adopción de IA generativa.
El mismo modelo académico muestra que los aranceles al automóvil japonés reasignaron producción hacia EE. UU. y México (+66,7% en producción mexicana a mediano plazo). En semiconductores, la relocalización es más difícil por barreras tecnológicas, pero el ensamblaje final de servidores y el packaging avanzado podrían migrar. México, con su integración en cadenas automotrices y de electrónica, y Costa Rica, con historial en testing y ensamblaje de semiconductores, están mejor posicionados que nadie en la región para capturar una fracción de ese movimiento —si ofrecen certidumbre regulatoria, energía competitiva y talento.
Riesgo asimétrico: el comprador paga la factura
Citada en el estudio, la evidencia empírica de 2018-2019 muestra que «gran parte de la carga arancelaria recayó en importadores y consumidores estadounidenses». En el caso de semiconductores, la demanda es inelástica a corto plazo: no hay sustituto inmediato para un H100 o un Blackwell. El sobrecosto termina en la factura de nube de AWS, Azure o Google Cloud, y de ahí en los presupuestos de TI de bancos, retailers, fintechs y sector público en LatAm.
Brasil ya sintió el efecto inverso en soja: cuando China subió su arancel de represalia del 7,5% al 25%, las exportaciones estadounidenses cayeron 23,5% y Brasil capturó el 76,4% de la cuota. En chips, no hay un «Brasil» alternativo que surta a EE. UU. de nodo 3nm; la capacidad está concentrada en TSMC y Samsung. El resultado neto es inflación de insumos tecnológicos globales.
Lectura estratégica para el ejecutivo latinoamericano
1. Presupuesto 2026-2027: asumir un encarecimiento de 10-20% en infraestructura de IA (servidores, GPUs, networking). Negociar contratos de nube con cláusulas de revisión por aranceles. 2. Cadena de suministro: mapear proveedores de hardware y evaluar ensamblaje final en México o Costa Rica para mitigar aranceles de producto terminado. 3. Talento sobre silicio: la ventaja comparativa regional no está en fabricar chips, sino en desarrollar modelos, fine-tuning, aplicaciones verticales y gobernanza de datos. Invertir ahí rinde más que perseguir fabs. 4. Diálogo regulatorio: presionar a gobiernos para que negocien excepciones o cuotas en acuerdos comerciales (USMCA, Alianza del Pacífico, Mercosur-UE) que protejan insumos críticos de IA.
No va a crear una industria de semiconductores en Latinoamérica la guerra arancelaria. Pero sí redefine el costo de entrada a la economía de la IA. Quien entienda la asimetría —subsidios focalizados ganan, aranceles amplios inflan— tomará mejores decisiones de capex y sourcing mientras Washington y Beijing se disputan el tablero.