IA hoy Trump bautiza a la IA como 'superinteligencia' y los técnicos frenan
Trump reemplaza 'inteligencia artificial' por 'superinteligencia' en la ONU y rechaza regularla; la ciencia advierte que el término significa otra cosa. Qué implica para las empresas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ante la Asamblea General de la ONU que su gobierno reemplazará el término "inteligencia artificial" por "superinteligencia" en toda la documentación oficial y pidió que otros países imiten el cambio. En su discurso del 22 de septiembre en Nueva York, el mandatario argumentó que la palabra "artificial" hace que el avance suene a algo falso cuando en realidad es "asombroso".
La medida viene acompañada de una posición de fuerza: Trump rechazó "esquemas globalistas" de regulación, afirmó que quien controle la superinteligencia ganará y aseguró que EE.UU. aventaja a China por amplio margen. "No vamos a ahogar el crecimiento de algo más grande que la revolución industrial", declaró, aunque dijo que el Departamento de Justicia vigilará el sector.
El rebranding tuvo un origen peculiar. Días antes, el mandatario consultó en Truth Social tres nombres alternativos: Superior Intelligence, Extreme Intelligence y Supreme Intelligence. Ninguna era la opción final "Super Intelligence" que terminó anunciando en la ONU. Su entorno ya la adoptó: el director de tecnología de la Casa Blanca, Ethan Klein, escribió que Estados Unidos "es y seguirá siendo el líder mundial en SI", y el embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, respaldó el término. Canadá respondió con ironía vía su ministro de IA, Evan Solomon: "Los canadienses no están entusiasmados, para nada, con renombrar cosas".
Para la comunidad técnica, la etiqueta no es neutra. Superinteligencia tiene un significado preciso: un intelecto que supera al ser humano en todas las capacidades cognitivas, descrito por el filósofo Nick Bostrom y todavía hipotético. Simon Coghlan, académico de ética digital en la Universidad de Melbourne, duda de que "SI" se imponga porque exagera lo que los sistemas actuales pueden hacer. La cientista computacional Kokil Jaidka y el académico de la Universidad Nacional de Singapur Ben Leong coinciden: al usar el término se "toma prestado" el prestigio de un concepto que los investigadores reservan para un salto mucho mayor.
Mientras la política redefine palabras, la ciencia trabaja en el desafío real que el término evoca. Un paper publicado en arXiv propone un protocolo de "múltiples cajas" para alinear superinteligencias: encerrar varios sistemas en aislamiento, sin interacción con humanos ni entre sí, y hacer que validen sus pruebas de alineación unos a otros mediante un sistema de reputación. La idea de fondo es elegante: si los sistemas no pueden comunicarse, solo pueden coincidir cuando convergen hacia la verdad. Es una propuesta teórica que asume la existencia de superinteligencias, pero evidencia la distancia entre el debate político y el estado del arte.
Para las empresas de América Latina, el episodio deja una advertencia operativa: la posición estadounidense debilita los marcos globales de regulación y deja a la región en una zona gris donde los proveedores definen las reglas. El peligro concreto es confundir la etiqueta política con el estado real de la tecnología. Los sistemas actuales no son superinteligentes, y tratarlos como si lo fueran puede llevar a sobreinvertir en la herramienta equivocada o a descuidar los controles básicos que una IA más modesta también requiere.