Players OpenAI se prepara para lanzar un altavoz con forma de disco que se mueve solo
El dispositivo de OpenAI, diseñado con Jony Ive, costaría entre 300 y 400 dólares, tendrá piezas que se mueven solas para simular vida, y apunta a reemplazar al smartphone. Llega en 2027 en medio de una demanda de Apple.
OpenAI está listo para sacudir el mercado de hardware de consumo con un dispositivo que no se parece a nada de lo que hoy ocupa un escritorio o una mesita de luz. Según reportes de Bloomberg replicados por varios medios, la empresa creadora de ChatGPT lanzará en 2027 un altavoz inteligente con forma de dona —del tamaño de un disco de hockey— que no solo responde por voz sino que se mueve solo para parecer "más vivo". El precio estimado, entre 300 y 400 dólares, lo coloca muy por encima de cualquier Amazon Echo o Google Nest, pero por debajo de un iPhone estándar. La ambición, según fuentes cercanas al proyecto, es que este dispositivo algún día reemplace al smartphone como centro de la vida digital de las personas.
El diseño corre por cuenta de Jony Ive, el legendario exdirector de diseño de Apple, y su estudio LoveFrom. La pieza —descrita como un parlante sin pantalla, alimentado por batería y fácil de llevar con una mano— incorpora partes mecánicas que se activan cuando el dispositivo habla o escucha. La idea, según reveló el periodista Mark Gurman, es que el objeto se sienta "más animado" que los parlantes estáticos actuales, usando además luces LED, una cámara y sensores para percibir el entorno y alimentar visualmente al modelo de lenguaje. A diferencia de un asistente de voz tradicional, este dispositivo correrá versiones más avanzadas de los modelos de ChatGPT, capaces de mantener conversaciones más naturales y de aprender del usuario con el tiempo.
El movimiento no es menor para el ecosistema de inteligencia artificial. Mientras Amazon y Google dominan el hogar con asistentes que rara vez se actualizan más allá de comandos básicos, OpenAI apuesta por un hardware que no solo ejecuta órdenes sino que construye una relación: el altavoz se mueve cuando interactúa, enciende luces cuando escucha y, según la compañía, "aprende" a comportarse de forma más humana.
La pregunta para los ejecutivos latinoamericanos es si este tipo de interacción justifica un desembolso que en la región, con impuestos y aranceles, podría superar fácilmente los 500 dólares. Para el mercado de consumo masivo en América Latina, un precio así lo coloca directamente en el segmento de lujo tecnológico, lejos de la masificación que tuvo Alexa con los Echo Dot a precios de menos de 50 dólares.
OpenAI planea una familia completa de dispositivos, según declaró su presidente Greg Brockman, y ve este altavoz como la puerta de entrada. Pero el lanzamiento se produce en medio de una tormenta legal con Apple, que acusa a OpenAI de haber robado secretos comerciales relacionados con técnicas de acabado de metales, supuestamente solicitadas a un proveedor común de Apple. OpenAI respondió con un escrito judicial donde afirma que el dispositivo "es algo completamente nuevo y diferente de todo lo que hay en Apple" y que la demanda de la manzana es "especulativa" y busca ocultar sus propios fracasos en inteligencia artificial. El caso amenaza con retrasar la producción si un juez concede la medida cautelar que Apple solicitó, aunque internamente OpenAI sigue adelante a toda máquina.
Para las empresas tecnológicas y los tomadores de decisión en Latinoamérica, esta jugada de OpenAI confirma una tendencia que ya se insinuaba: la inteligencia artificial no se va a quedar en la nube ni en las pantallas de los teléfonos. La industria se prepara para una oleada de hardware nativo de IA, con interfaces de voz y comportamientos autónomos, que busca capturar la atención del usuario en todo momento.
El riesgo, como bien señalan analistas, es que el mercado aún no ha demostrado que quiera pagar 400 dólares por un asistente conversacional que se mueve, mientras que en los hogares latinoamericanos los asistentes de voz ya cumplen funciones básicas —alarmas, recordatorios, búsquedas— con equipos mucho más baratos. OpenAI tendrá que demostrar que su "parlante vivo" resuelve problemas que los parlantes tontos no pueden ni siquiera enunciar.