Nvidia force la venta de chips a China mientras el Congreso de EE. UU. intenta frenarla

La Casa Blanca alinea su política de exportación con los intereses de Nvidia, pero el Congreso avanza con una ley para bloquear las ventas de chips avanzados a China. Para LatAm, la incertidumbre geopolítica encarece y vuelve volátil el suministro de infraestructura de IA.

Nvidia force la venta de chips a China mientras el Congreso de EE. UU. intenta frenarla

La administración Trump está a punto de otorgar licencias para que Nvidia venda sus chips H200 a compradores chinos, a cambio de un 25 % del ingreso bruto, según confirmó el propio presidente. La medida contradice los controles de la era Biden y llega mientras la Casa Blanca extiende por solo dos meses una tregua comercial frágil con Pekín, sin abordar los controles de exportación en la cumbre Trump-Xi.

En paralelo, China evalúa permitir que Alibaba y ByteDance importen millones de tarjetas RTX Pro 5500 —chips de juego que pueden apilarse en servidores para inferencia de modelos— según documentos vistos por The Information. ByteDance planea pedir un millón de unidades, lo que aseguraría a Nvidia dos trimestres de ventas. Los primeros envíos podrían salir en diciembre.

Esta jugada refleja la influencia creciente de Jensen Huang sobre Trump. El autor Stephen Witt dijo a NPR que los argumentos del CEO —"la IA es un motor económico, no un riesgo existencial"— son ahora los puntos de conversación del presidente. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, admitió que Trump está "completamente alineado" con Huang.

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El Congreso reacciona. El Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara aprobó la AI Overwatch Act, que exige aprobación bipartidista en 30 días para cualquier licencia de exportación de chips avanzados y revoca las ya concedidas. El presidente del comité, Brian Mast, advirtió que empresas como Nvidia buscan vender "millones de chips de vanguardia, la punta de lanza de la guerra moderna, a compañías militares chinas como Alibaba y Tencent". La senadora Elizabeth Warren y el republicano Tom Cotton impulsan aparte la GAIN AI Act, que obligaría a priorizar la demanda interna antes de exportar.

David Sacks, zar de IA de la Casa Blanca, calificó la ley de "socavadora de la autoridad presidencial". La disputa expone una grieta: ¿preservar el ecosistema estadounidense en el mundo o blindar la seguridad nacional?

Pekín, mientras tanto, frena. Aduanas chinas bloquean la entrada de H200 pese al visto bueno de Washington, según Reuters. La presión interna por chips —"las empresas lanzan productos de IA más rápido de lo que encuentran hardware para correrlos"— podría forzar la aprobación de las RTX Pro 5500, pero el H200 sigue en limbo.

Implicación para América Latina La volatilidad regulatoria entre las dos superpotencias traslada incertidumbre a la cadena de suministro de GPUs. Empresas latinoamericanas que arriendan capacidad en la nube o compran servidores propios enfrentan:

  • Riesgo de cuotas y precios impredecibles si EE. UU. endurece o flexibiliza controles por decreto.
  • Posible desvío de inventario H200 no colocado en China hacia otros mercados, pero sin garantía de continuidad.
  • Necesidad de diversificar proveedores (AMD, proveedores cloud locales, aceleradores propios) y contratos con cláusulas de force majeure geopolítico.

Nvidia apuesta a mantener su cuota global a toda costa; Washington, a no perder control estratégico. Latinoamérica no se sienta en la mesa, pero paga la factura en forma de volatilidad de costos y planificación de capacidad.

Fuentes

  1. Expertos se preocupan por las ventas de chips de IA de Nvidia en China y su influencia sobre Trump
  2. Los halcones contra China arremeten contra los planes de chips de IA de Nvidia de Trump
  3. Trump y Xi se juegan los chips en Washington: los semiconductores, la IA y Taiwán marcan la tregua tecnológica
Henry González

Escrito por

Henry González

Experto en procesos y calidad

Ingeniero industrial con una obsesión por los estándares. Certificado en ISO 9001, ISO 27001 e ISO 42001 — la norma que define cómo las organizaciones deben gestionar la inteligencia artificial de forma responsable. Para Henry, la IA no es solo tecnología sino un sistema que debe auditarse, gobernarse y medirse.