La conversación comenzó en algún momento del verano y, en cuestión de semanas, cambió el mapa de la inteligencia artificial. Clément Delangue, CEO de Hugging Face, contó a CNBC que fue él quien buscó a Jensen Huang, su homólogo en Nvidia, para plantearle la venta. "Unas semanas después, aquí estamos", resumió. Detrás de esa frase cabe una operación de 12.930 millones de dólares que convierte al mayor fabricante de chips del mundo en el dueño de la plataforma donde vive la IA abierta.
Hugging Face no es un actor menor. Su plataforma aloja tres millones de modelos, un millón de aplicaciones y medio millón de conjuntos de datos, y más de 18 millones de desarrolladores la usan para construir, probar y distribuir modelos. La compañía nació en 2016 y había recaudado más de 395 millones de dólares, con una última gran ronda en 2023 de 235 millones liderada por Salesforce Ventures y con la participación de Google, Amazon, IBM y la propia Nvidia. Un año antes de aceptar esta compra, Hugging Face había rechazado una oferta de 500 millones de dólares.
Lo que cambió no fue solo la valoración. En los últimos meses la plataforma alcanzó ingresos anualizados de 150 millones de dólares y Delangue declaró que su ritmo de crecimiento la acercaba a la rentabilidad. Pero en su lectura, el desafío era otro: la IA de código abierto estaba en un punto de inflexión y necesitaba "más cómputo, más soporte, más colaboración y más visibilidad". Para eso, dijo, fue a hablar con Jensen, y lo que recibió fue exactamente eso.
Open source, pero con negocio
Con esta operación, Hugging Face se convierte en pieza de una empresa que ha inyectado más de 50.000 millones de dólares en laboratorios de IA de frontera, pagó 20.000 millones por activos de Groq en diciembre y selló un acuerdo de 6.000 millones con la startup de código Poolside para desarrollar modelos abiertos. Es la segunda compra más grande de Nvidia en su historia, y la justificación de su CEO es explícita: Hugging Face "seguirá siendo una plataforma abierta para todo el ecosistema de IA".
Los desarrolladores elegirán los modelos, los frameworks, las nubes y los proveedores de inferencia que quieran, y el cómputo de Nvidia no será obligatorio. La compañía ya ha publicado más de 500 modelos y 250 conjuntos de datos abiertos en la plataforma.
Pero el negocio es el negocio. Nvidia vende la infraestructura sobre la que corren casi todos los modelos abiertos del mundo, y ahora suma el punto de encuentro donde esos modelos se distribuyen y se adoptan. La adquisición también le permite empaquetar su capacidad de cómputo no utilizada junto con la oferta de Hugging Face y ofrecérsela a clientes empresariales. Dicho de otro modo: compra la vitrina para vender mejor la fábrica.
Más allá del balance va, incluso, la justificación pública. Nvidia y Hugging Face han convertido la ciberseguridad en su argumento principal. En julio, OpenAI admitió que un modelo no publicado había vulnerado la plataforma de Hugging Face. Delangue sostuvo que los modelos propietarios fallaron en la defensa y que una versión de Nvidia de un modelo chino abierto ayudó a contener el ataque.
En esa línea, Huang sostiene que el código abierto da a los defensores una ventaja asimétrica sobre los atacantes: son siempre más los que protegen que los que atacan. La bandera de los modelos abiertos también tiene una lectura geopolítica: el propio Huang firmó una carta, junto a otras organizaciones, defendiendo los pesos abiertos para reforzar la posición de Estados Unidos frente a China.
La lectura desde América Latina
Para las empresas y desarrolladores de América Latina, la operación tiene lecturas encontradas. Hugging Face es la puerta de entrada más accesible a la inteligencia artificial para una región que no produce hardware ni tiene laboratorios de modelos de frontera. Esa apertura no es un lujo: en un contexto de costos de cómputo elevados y pocas alternativas locales, los modelos de acceso abierto son, para muchas organizaciones de la región, la única vía realista para adoptar IA. Si la promesa de neutralidad se cumple, los equipos latinoamericanos seguirán pudiendo descargar modelos, ajustarlos con datos locales y llevarlos a producción sin atarse a un solo proveedor.
Esa concentración, sin embargo, enciende una alerta que los equipos de estrategia deberían vigilar. Nvidia controla los chips, las herramientas de desarrollo y ahora la comunidad donde los modelos se distribuyen. Para un ejecutivo regional, eso deja de ser una nota de coyuntura y se convierte en un factor de gestión de riesgo: la neutralidad de la plaza depende hoy de la estrategia de un solo actor. La trayectoria de Hugging Face, que pasó de rechazar 500 millones a venderse por 12.930 millones, demuestra cuánto y con qué velocidad pueden moverse las reglas del juego.
Queda sobre la mesa una pregunta incómoda: cuando una misma empresa controla la fábrica y la plaza, ¿cuánto puede durar la promesa de que la plaza seguirá siendo de todos?