Players La robótica despierta: inversión récord y un nuevo modelo que promete democratizar la inteligencia física
Startups de robótica capturan más de 6.000 millones de dólares en 2025. Mientras Figure y Tesla apuestan por humanoides, General Intuition propone un modelo base entrenado con videojuegos. ¿Qué significa para América Latina?
La robótica está viviendo un momento que recuerda a los primeros años del software como servicio. En los primeros siete meses de 2025, las startups del sector captaron más de 6.000 millones de dólares, una cifra que supera la suma de los seis años anteriores combinados, según datos de Crunchbase recogidos por varias publicaciones. La inversión en España, por ejemplo, saltó de 10 millones de euros en 2024 a 34 millones en 2025, un crecimiento del 240 % que refleja un interés global sin precedentes. La Comisión Europea destinó 85,5 millones de euros en enero de 2026 específicamente a agentes de IA, robótica y materiales avanzados. El capital está fluyendo hacia el hardware inteligente con una velocidad que pocos anticipaban.
En medio de esta ola, una startup llamada General Intuition propone un enfoque que podría cambiar las reglas del juego. Fundada por Pim de Witte y respaldada por Vinod Khosla, la compañía levantó 320 millones de dólares el mes pasado, alcanzando una valoración de 2.300 millones. Su idea es radicalmente distinta a la de la mayoría de las empresas de robótica: en lugar de recolectar enormes volúmenes de datos del mundo real para entrenar robots especializados, General Intuition entrenó un modelo fundamental con millones de horas de datos de videojuegos, incluyendo las acciones precisas de los jugadores (cuándo y qué botones pulsaban). El resultado es un modelo que entiende el espacio y el tiempo a un nivel básico, y que puede transferir esa intuición a cualquier robot sin necesidad de grandes cantidades de datos reales. De Witte lo resume así: «La generalización del modelo en sí mismo es el producto». La startup ya demostró que su modelo puede operar un robot cuadrúpedo tras solo ocho minutos de ajuste con datos reales, utilizando únicamente su cámara frontal.
Este enfoque contrasta con la corriente principal de la robótica humanoide, donde empresas como Figure AI alcanzan valoraciones de 39.000 millones de dólares con prototipos aún en fase temprana, o Tesla promete con Optimus una era de abundancia laboral. Mientras tanto, Agility Robotics ya abrió la primera fábrica del mundo para su robot bípedo Digit, con planes de producir 10.000 unidades al año. La competencia no es solo empresarial: Estados Unidos lidera en innovación de vanguardia, mientras China domina en volumen y costo, como demuestra Unitree Robotics superando en ventas a Boston Dynamics con sus robots cuadrúpedos de bajo precio.
Pero el hardware tiene sus propios márgenes. A diferencia del software, construir robots sigue siendo caro, y la destreza manual fina sigue siendo un cuello de botella. Expertos como Rodney Brooks advierten que sin una manipulación comparable a la humana, la utilidad de un humanoide será limitada. La viabilidad económica, los dilemas de seguridad y la falta de marcos regulatorios estables son retos que ninguna startup puede ignorar.
¿Qué significa esto para América Latina?
Para los ejecutivos latinoamericanos, la señal es clara: el capital está buscando activamente startups que combinen IA con aplicaciones físicas en manufactura, logística, agricultura y servicios. La región, con su fuerte dependencia de industrias como la minería, la agroindustria y la logística, tiene nichos donde la robótica puede generar impacto medible. La clave está en la especialización vertical: un robot que resuelve un problema concreto en una industria específica tiene más probabilidades de levantar capital que una plataforma genérica.
Además, el enfoque de General Intuition abre una puerta interesante. Si los modelos fundamentales de robótica pueden entrenarse con datos sintéticos de videojuegos, el costo de entrada para startups que quieran desarrollar soluciones robóticas se reduce drásticamente. Ya no es necesario recolectar millones de horas de datos reales; basta con acceder a un modelo base y ajustarlo con pocos ejemplos del mundo real. Esto podría permitir que empresas latinoamericanas, con menos recursos que sus pares de Silicon Valley, desarrollen robots adaptados a sus entornos locales: desde la cosecha de frutas en Brasil hasta la inspección de tuberías en México.
La oportunidad no está exenta de riesgos. La inversión récord también atrae burbujas y promesas infladas. El colapso de Builder.ai, que quebró tras generar expectativas desmedidas, es un recordatorio de que la viabilidad debe sostenerse en hechos, no en narrativas. Los inversores en 2026 son selectivos: exigen clientes pagando, métricas de eficiencia demostradas y barreras técnicas reales.
El camino que viene
La robótica está dejando de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta de transformación productiva. La inversión récord, la madurez de los modelos de IA y la presión por automatizar están creando un entorno donde la inteligencia física finalmente camina. Para América Latina, la pregunta no es si la ola llegará, sino si sus empresas estarán preparadas para surfearla con soluciones propias, o si se limitarán a importar robots de otras latitudes. El capital está ahí; la ejecución dependerá de quienes entiendan que optimizar átomos es el nuevo desafío.