Opinión La carrera cuántica acelera, pero la criptografía no espera
Los hitos de corrección de errores acercan la máquina a escala industrial, mientras la ventana para migrar a criptografía post-cuántica se cierra. La exposición retroactiva de datos es el riesgo real que los consejos deben gestionar ya.
El chip Willow de Google, con 105 cúbits superconductores, demostró que la corrección de errores escala: a más cúbits, menos fallos. Ese resultado rompe la barrera del ruido y sitúa una máquina de un millón de cúbits —umbral de utilidad industrial— en un horizonte de siete u ocho años, no dos décadas. Casi en paralelo, el IBM Quantum System Two de Donostia pasará a ser infraestructura productiva en septiembre de 2026: entre 40 y 50 empresas vascas ejecutarán cargas híbridas reales, repartidas entre investigación e impacto competitivo. La física ha cruzado del paper al pipeline comercial.
Esa velocidad choca, sin embargo, con la realidad del negocio. Los ingresos del sector siguen siendo testimonio: Rigetti facturó 5,1 millones de dólares en un trimestre con 28 millones de pérdidas operativas; D-Wave ingresó 3,1 millones mientras gastaba 54 en I+D; IQM vendió 26 ordenadores desde su fundación, casi todos a centros de investigación. Vender hardware a universidades demuestra que hay mercado para investigar la cuántica, no para usarla. El modelo dominante sigue siendo tiempo de cómputo híbrido (QPU+CPU/GPU) y capas de traducción de problemas, tal como anticipa Jensen Huang: la QPU como acelerador, no como sustituto.
Mientras la industria busca su product-market fit, la criptografía ya ha respondido. El algoritmo de Shor rompe RSA, Diffie-Hellman y curvas elípticas en tiempo polinómico sobre una máquina tolerante a fallos; Grover reduce a la mitad la seguridad simétrica. El consenso técnico (NIST, ENISA, BSI) sitúa la probabilidad de una máquina criptográficamente relevante (CRQC) en torno al 17-34 % para 2034.
Pero el vector de ataque no espera a ese día: Harvest Now, Decrypt Later. Actores estatales y criminales almacenan hoy tráfico TLS, VPN, firmas de código, secretos diplomáticos y propiedad intelectual. Cuando exista la CRQC, todo lo que no haya migrado será legible retroactivamente. El horizonte de confidencialidad de muchos activos supera los 20-30 años; el día Q para la confidencialidad ya pasó.
El NIST cerró en marzo de 2025 su cuarta ronda PQC seleccionando HQC (basado en códigos correctores) como KEM de respaldo, sumando diversidad matemática a los tres estándares FIPS ya publicados (ML-KEM, ML-DSA, SLH-DSA). El código abierto (liboqs, Open Quantum Safe, AWS-LC, BoringSSL) funciona. La brecha no es tecnológica: es organizativa, presupuestaria y de gobernanza.
La migración exige tres pilares innegociables:
- Inventario y priorización inmediata: mapear dónde viven RSA/ECC en claves, certificados, firmware, blockchain, backups.
- Despliegue híbrido clásico-PQC (2024-2030): coexistencia controlada para evitar downgrade attacks y validar interoperabilidad.
- Agilidad criptográfica *by design*: capacidad de rotar algoritmos sin reescribir la pila.
La regulación ya aprieta: directiva NIS2 en Europa, mandatos BSI en Alemania, CNSA 2.0 en EE. UU. exigen planes de transición auditables. La ventana de migración ordenada se cierra entre 2028 y 2030. Después, solo queda la urgencia y el coste de la improvisación.
Willow y el System Two de Donostia prueban que la física avanza. Los FIPS 203/204/205 y el borrador SP 800-227 prueban que la criptografía respondió. El siguiente movimiento no es de físicos ni criptógrafos: es de CISO, CTO y consejos de administración. Quien espere a 2030 para empezar, habrá perdido la partida de la confidencialidad retroactiva.