La brecha de IA en Latinoamérica: una amenaza que podemos cerrar con política y cooperación regional

La IA avanza a pasos agigantados en EE.UU. y Europa; Latinoamérica corre el riesgo de quedar rezagada. Solo una agenda pública‑privada, inversión en infraestructura y marcos regulatorios compartidos pueden revertir la tendencia.

La brecha de IA en Latinoamérica: una amenaza que podemos cerrar con política y cooperación regional

La IA como nuevo divisor estructural

Los últimos informes de inversión global sitúan a Estados Unidos y la Unión Europea como los mayores consumidores de capacidad de cómputo especializado, superando los 200 mil millones de dólares en gasto anual. En contraste, la región latinoamericana destina menos del 1 % de sus presupuestos de I+D a infraestructura de inteligencia artificial. La diferencia no es una cuestión de talento; los rankings de graduados en ciencia de datos y la cantidad de startups de IA en México, Chile y Colombia son comparables a los de provincias europeas. Lo que falta es una base de hardware, datos soberanos y normas que permitan que ese talento se convierta en producción.

Inversión pública como columna vertebral

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Los gobiernos deben asumir el papel de catalizadores, no de meros reguladores. Un fondo multilateral de al menos 5 mil millones de dólares, financiado por bancos de desarrollo y aportes estatales, permitiría la creación de centros de cómputo regionales equipados con GPUs de última generación. La experiencia de Brasil con el Centro Nacional de Supercomputación (LNBio) muestra que, una vez disponible la infraestructura, los laboratorios universitarios y empresas pueden generar modelos competitivos en menos de dos años. Sin esa apuesta, las firmas locales siguen dependiendo de plataformas extranjeras, lo que incrementa los costos y vulnera la soberanía de los datos.

Talento localizado y reciclaje constante

La brecha de habilidades se cerrará con programas de educación continua y alianzas entre universidades y la industria. Currículos que integren ética, gobernanza de datos y técnicas de despliegue pueden institucionalizarse en carreras de ingeniería, pero también deben ofrecer certificaciones cortas para profesionales en activo. Países como Uruguay ya han lanzado “IA para Todos”, un programa gratuito que certifica a 10 000 empleados públicos en análisis de datos. Replicar esa fórmula en escala regional reduciría la fuga de cerebros y garantizaría que los beneficios de la IA lleguen a sectores como salud pública y agricultura familiar.

Marco regulatorio que promueva interoperabilidad y soberanía

Los actuales modelos de protección de datos en América Latina son fragmentarios. Un convenio regional que establezca estándares de interoperabilidad —similar al GDPR europeo pero adaptado a realidades locales— permitiría que los datos de salud, educación y agricultura fluyan entre países sin perder control. Además, la regulación debe exigir que los algoritmos críticos se desarrollen bajo licencias abiertas o semi‑abiertas, evitando la dependencia de proveedores externos que imponen “black boxes”. La legislación propuesta por la CEPAL en 2023, aunque aún no adoptada, ya contiene cláusulas para la auditoría de algoritmos y la trazabilidad de decisiones automatizadas.

Alianzas público‑privadas y plataformas compartidas

El modelo de cooperación que funcionó en la industria aeroespacial latinoamericana (el proyecto “SpaceX Latam”) puede replicarse en IA. Un consorcio formado por bancos, telecomunicadores, productores agropecuarios y gobiernos podría crear una plataforma de IA en la nube a precios regulatorios. Esa nube serviría a pequeñas y medianas empresas que, de otro modo, no podrían costear el acceso a recursos de cómputo. La ventaja competitiva radica en que la plataforma sería gobernada por una entidad supranacional, garantizando que los algoritmos se entrenen con datos regionales y que los beneficios se redistribuyan a los usuarios más vulnerables.

Riesgo de estancamiento si no se actúa ahora

Cada año que la región continúa importando soluciones de IA, se acumulan costos ocultos: licencias caras, pérdida de datos críticos y dependencia de decisiones automatizadas sin control local. La evidencia ya muestra que países con mayor autonomía tecnológica presentan mayores índices de productividad y menor brecha salarial en sectores de alta tecnología. Si los ejecutivos latinoamericanos no presionan a sus gobiernos para que adopten una agenda integral, la IA se convertirá en otro motor de desigualdad, consolidando la ventaja de las grandes potencias.

¿Qué implica para el negocio?

Para el director de una empresa manufacturera, la ausencia de infraestructura regional significa que cada proyecto de mantenimiento predictivo implica pagar tarifas premium a proveedores norteamericanos. Para un banco, la falta de marcos claros de datos obliga a operar con modelos de riesgo menos precisos, aumentando la exposición a incumplimientos. Adoptar la visión propuesta permite reducir costos operativos, proteger datos sensibles y abrir mercados regionales donde la IA aún no ha penetrado. El futuro de la competitividad latinoamericana depende de transformar la amenaza de la brecha en una oportunidad de liderazgo colectivo.

La decisión está en la mesa: invertir ahora o seguir pagando el precio de la dependencia.

Marcelo Peguero

Escrito por

Marcelo Peguero

Consultor de estándares

Versátil por naturaleza, estratégico por formación. Co-fundador de Isoinnova, experto en certificaciones de calidad y gestión organizacional, con un ojo puesto en el ecosistema cripto y las tecnologías financieras emergentes. Marcelo ve la IA desde el ángulo del inversor y del gestor — quién está ganando, quién está perdiendo y adónde va el dinero.