La biblioteca de los espejos rotos

La IA promete revolucionar las bibliotecas, pero su impacto exige una mirada humana. Entre el acceso al conocimiento y los riesgos de automatización.

La biblioteca de los espejos rotos

Foto: Bee

La biblioteca de los espejos rotos

Hay un momento, al cruzar el umbral de una biblioteca antigua, en que el olor del papel y la madera nos envuelve como un abrazo. Las estanterías guardan siglos de pensamientos, preguntas y respuestas. Pero hoy, en ese mismo espacio, algo ha cambiado. La inteligencia artificial ha llegado para quedarse, y con ella, la promesa de desenterrar manuscritos sepultados bajo cenizas volcánicas, como los papiros de Herculano, que gracias a la IA vuelven a hablar, y la amenaza de que el algoritmo pueda, sin querer, silenciar otras voces.

La IFLA, la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios, lo dice claro: la IA es una tecnología de dos caras. Por un lado, tiene el potencial de impulsar nuestros valores fundamentales de acceso al conocimiento; por otro, presenta riesgos y puede causar daños si no se gestiona con responsabilidad. No es un diagnóstico de ciencia ficción; es una advertencia desde el corazón del oficio.

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El acceso, la gran promesa

Los beneficios que la inteligencia artificial puede aportar al trabajo bibliotecario son reales. La IFLA identifica siete áreas clave, especialmente en lo que al acceso al conocimiento se refiere. Desde sistemas de recomendación que ayudan al usuario a descubrir libros que jamás habría encontrado, hasta la automatización de tareas repetitivas que liberan al personal para dedicarse a lo que importa: conectar a las personas con los recursos que necesitan.

Un estudio sistemático publicado en The Journal of Academic Librarianship revisa las prácticas actuales y los desafíos de la adopción de IA en bibliotecas académicas. La conclusión es que, para que la IA sea útil, no basta con instalarla; hay que entender cómo transforma la relación entre el bibliotecario, el usuario y el conocimiento. No se trata de reemplazar la intuición humana, sino de amplificarla.

Del otro lado del Atlántico, una revisión sistemática de artículos publicados entre 2018 y 2023 en revistas de alto impacto confirma que el efecto de la IA en las bibliotecas universitarias es profundo: mejora la eficiencia en la catalogación, la gestión de colecciones y la personalización del servicio. Pero también advierte que el entusiasmo por la tecnología no debe cegarnos ante los sesgos que los algoritmos pueden heredar de los datos con los que se entrenan.

Los riesgos que no podemos ignorar

La automatización tiene un precio. Si la IA se encarga de clasificar, recomendar y hasta responder preguntas, ¿qué pasa con el criterio humano? En una biblioteca, el valor no está solo en la información, sino en la interpretación, en el diálogo con el bibliotecario que sabe leer entre líneas. La IFLA lo recuerda: la IA puede dañar si no se gestiona con responsabilidad. Por ejemplo, los sistemas de recomendación pueden crear burbujas informativas, encerrando al usuario en lo que ya sabe o cree.

Además, la dependencia de herramientas privadas plantea preguntas sobre la soberanía de los datos. ¿Quién es dueño de la información que alimenta al algoritmo? En un ámbito donde el acceso abierto y la neutralidad son pilares, delegar decisiones en una caja negra comercial es, como mínimo, paradójico.

El bibliotecario como mediador

Desde los registros MARC hasta los modelos generativos, la evolución de los sistemas bibliotecarios ha sido vertiginosa. Pero lo que no ha cambiado es la esencia del trabajo: guiar, interpretar, humanizar. El informe de Bibliotheca lo plantea bien: los retos para usuarios y personal son enormes, pero la pregunta clave no es cómo funciona el algoritmo, sino qué le hace a la persona que lo usa.

El personal de las bibliotecas necesita formarse para comprender la IA, no solo como herramienta técnica, sino como mediador crítico. El usuario, por su parte, debe poder confiar en que lo que el sistema le ofrece no es un espejismo. La biblioteca del futuro no será un lugar sin humanos; será un lugar donde humanos y máquinas colaboren, pero siempre con el cuidado de no perder de vista lo que nos hace humanos: la curiosidad, la duda, la empatía.

Volviendo al olor del papel y la madera: la IA puede devolverle la voz a los manuscritos sepultados por el Vesubio, pero no puede ni debe reemplazar el acto de leer juntos, de compartir un descubrimiento. La tecnología, al final, es solo un espejo. De nosotros depende que refleje nuestro mejor rostro.

Fuentes

  1. Adoption of artificial intelligence in academic libraries: A systematic review of current practices, challenges, and research opportunities
  2. IFLA: Puntos clave sobre la Inteligencia Artificial en bibliotecas
  3. Effects of artificial intelligence on university libraries: an SLR of cite score and IF journals' articles from 2018 to 2023
  4. Inteligencia artificial en bibliotecas: beneficios, usos reales y ...
  5. IA en las bibliotecas: qué ha cambiado y cuáles son los retos
  6. La IA devuelve la voz a los manuscritos sepultados por el volcán Vesubio
María Gil

Escrito por

María Gil

Coach de negocios

Marité Gil es fundadora de ISOINNOVA, consultora especializada en sistemas de gestión ISO, cumplimiento normativo y gestión de riesgos en Latinoamérica, con experiencia en dirección editorial de medios. Analiza cómo la inteligencia artificial está transformando los marcos regulatorios y el cumplimiento en organizaciones públicas y privadas de la región. Le interesa el impacto real de esas transformaciones en las personas y las instituciones. Escribe sobre regulación, IA y gestión institucional porque cree que los sistemas bien construidos cambian vidas.