La 'AI Force' de Trump: proteger la IA para no regularla

Trump anuncia una 'AI Force' sin estructura ni presupuesto mientras la industria pide frenar la IA. ¿Protege el crecimiento o desactiva la regulación? Una lectura crítica.

La 'AI Force' de Trump: proteger la IA para no regularla

Foto: Levi Meir Clancy

Donald Trump anunció el 19 de septiembre de 2026, a través de Truth Social, la creación de una "AI Force" encabezada por un "zar de la inteligencia artificial". No dio detalles sobre presupuesto, estructura ni funciones. Lo único que quedó claro es que su administración no frenará el crecimiento del sector y que las advertencias sobre los riesgos de la tecnología son, en sus palabras, un "engaño".

El gesto llega en el peor momento posible. Semanas antes, los ejecutivos de las principales empresas de IA —Dario Amodei de Anthropic, Sam Altman de OpenAI y Elon Musk de xAI— habían manifestado públicamente la necesidad de reducir la velocidad del desarrollo. Jacob Coxon, exinvestigador de Anthropic, fue más lejos y advirtió sobre los peligros de construir sistemas capaces de mejorar sus propias capacidades. Frente a ese consenso inédito, la respuesta presidencial no fue un plan de seguridad, sino una promesa de acompañamiento incondicional a la industria.

La protección como excusa

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La comparación con la Space Force es un error revelador. Esa fuerza se creó formalmente el 20 de diciembre de 2019 mediante una ley del Congreso, la Ley de Autorización de Defensa Nacional, y se convirtió en la sexta rama de las Fuerzas Armadas. La "AI Force" no tiene ley, presupuesto ni mandato: es un cascarón simbólico, diseñado para transmitir firmeza sin atar al Ejecutivo a ningún mecanismo de control.

El detalle del "zar" confirma la orientación. David Sacks, quien ocupó el puesto como asesor especial para inteligencia artificial y criptomonedas, terminó su ciclo en marzo de 2026. El nuevo responsable aún no tiene nombre, pero el único requisito conocido del presidente es que "solo personas con alto IQ" deben postularse. No se menciona experiencia técnica, independencia de los desarrolladores ni trayectoria en seguridad. El criterio es un eslogan.

Quién gana cuando el estado mira hacia otro lado

Aquí conviene recordar que la literatura especializada ya ha documentado quién se beneficia de la carrera regulatoria entre el gobierno federal y los estados: las grandes empresas tecnológicas. Un anuncio como este refuerza ese diagnóstico. Cuando el poder ejecutivo anuncia que va a "cuidar" y "proteger" a la industria, lo que en realidad hace es desactivar cualquier impulso regulatorio serio. Las compañías dominantes no necesitan protección estatal; necesitan que el estado no intervenga.

Trump añadió, sin aportar evidencia, que los centros de datos son prósperos y prestigiosos, que elevan salarios, reducen impuestos y hacen más seguras las calles de las comunidades que los alojan. También aseguró que la IA podría llegar a representar hasta el 25% del PIB estadounidense, una cifra presentada como estimación y sin respaldo de ningún análisis económico. Son afirmaciones con función de propaganda, no de política pública.

Para un director o ejecutivo en Latinoamérica, esta noticia no es un tema lejano. Es una señal sobre cómo se gobierna una tecnología que ya atraviesa todos los sectores productivos de la región. Si la respuesta de Washington a las alertas de la propia industria es un comité simbólico y una promesa de no interferir, el mensaje para el resto del mundo queda expuesto: la velocidad del crecimiento vale más que la seguridad.

Desde las bases sentadas en la administración Obama hasta la segunda administración Trump, la evolución de la política de IA en Estados Unidos ha incorporado la tecnología al aparato público de forma cada vez más profunda. Pero sin salvaguardas verificables, esa integración se convierte en un canal para que los actores más poderosos dicten las reglas. La "AI Force" no protege a la sociedad de la inteligencia artificial; protege a la industria de la regulación.

Resulta inevitable la pregunta incómoda: si los propios creadores de la tecnología, que conocen sus riesgos de primera mano, piden reducir la velocidad, y la respuesta del poder político es crear una fuerza sin dientes y un zar sin perfil definido, ¿qué estará dispuesto a sacrificar el estado para no estorbar el crecimiento? La respuesta está en las comunidades que reciben centros de datos con promesas no verificadas y en los países que observan cómo se escribe una regulación que no los incluye. La "AI Force" es el síntoma de una época en la que proteger una industria se ha confundido con proteger a la sociedad.

Fuentes

  1. Trump ahora dice que quiere formar una ‘Fuerza de IA’
  2. Evolución de la política de IA y el administrador público: Iniciativas de las administraciones presidenciales recientes y la transición hacia la segunda presidencia de Trump
  3. En la carrera entre el Gobierno federal y los estados por regular la IA, las grandes tecnológicas son las ganadoras
  4. Trump rechaza las advertencias sobre la inteligencia artificial y ...
  5. El presidente comparó esta tecnología emergente con la Revolución Industrial y el auge de Internet
Marcelo Peguero

Escrito por

Marcelo Peguero

Experto en estándares

Cofundador de ISOINNOVA y especialista en diseño de procesos de calidad, con más de 20 años implantando sistemas de gestión en organizaciones públicas y privadas de Latinoamérica. Su trabajo parte de una convicción simple: un proceso mal diseñado no se arregla poniéndole tecnología encima, se amplifica. Desde ahí mira cómo la inteligencia artificial entra en la operación de las empresas — qué promete, qué mide de verdad y quién termina asumiendo el costo cuando el estándar llega después de la herramienta.