Opinión Humanoides en serie: el nuevo frente de la robotización que no debe repetir errores
Mitsubishi y Highlanders planean fabricar 1.000 robots humanoides al mes para 2027. Un hito industrial que, sin regulación y reconversión laboral, podría profundizar la desigualdad.
La noticia de que Mitsubishi Motors se alía con la startup Highlanders para fabricar mil robots humanoides al mes a partir de 2027 no es solo un hito tecnológico; es un síntoma de una carrera que, si no se gestiona con inteligencia, repetirá los mismos errores de la primera ola de automatización. El mundo del trabajo y la concentración del poder tecnológico están a punto de enfrentar un nuevo desafío.
El salto a la escala industrial
Hasta ahora, los robots humanoides eran piezas de laboratorio o de exhibición. Empresas como Tesla, Boston Dynamics y Figure han mostrado prototipos, pero ninguno ha alcanzado una línea de producción en serie significativa. El anuncio de Mitsubishi apunta a cambiar eso: una planta capaz de ensamblar mil unidades mensuales significa que los humanoides dejarán de ser rarezas para convertirse en un producto industrial. Highlanders, surgida de la Universidad de Tokio, aporta el diseño y la inteligencia de movimiento; Mitsubishi, décadas de experiencia en manufactura automotriz. La combinación promete abaratar costos y acelerar la adopción en almacenes, fábricas e incluso servicios.
Pero la escala es un arma de doble filo. La historia de la automatización industrial —desde la cinta transportadora hasta los brazos robóticos— muestra que cada salto en productividad vino acompañado de desplazamiento laboral masivo, especialmente cuando las empresas priorizaron la eficiencia sobre la reconversión de sus trabajadores. La diferencia ahora es que los humanoides no solo reemplazarán tareas repetitivas en entornos controlados, sino que pueden operar en espacios diseñados para humanos: hospitales, oficinas, hogares. El espectro de empleos afectados es mucho más amplio.
Los fantasmas de la automatización anterior
En la década de 1980, Japón lideró la robotización de sus fábricas. El resultado fue una productividad récord, pero también una generación de operarios que quedaron fuera del mercado sin alternativas claras. Países como Alemania invirtieron fuertemente en formación dual y lograron una transición más suave. Sin embargo, esa lección no se ha aplicado a escala global. Hoy, el temor no es solo que los humanoides eliminen puestos, sino que lo hagan sin crear nuevas oportunidades para quienes pierden su empleo. La reconversión laboral sigue siendo la asignatura pendiente.
Además, la concentración tecnológica es otro riesgo. Mitsubishi y Highlanders no son los únicos jugadores: Tesla promete su Optimus, y gigantes chinos como Xiaomi y UBTech también aceleran. La producción en serie requiere capital inmenso, y eso favorece a corporaciones ya dominantes. Si la fabricación de humanoides queda en manos de un puñado de empresas, la capacidad de negociación de gobiernos y sindicatos se reduce. Las decisiones sobre qué tareas se automatizan y cómo se redistribuyen las ganancias las tomarán unos pocos, no la sociedad.
Regulación a la zaga
No existe hoy un marco regulatorio específico para robots humanoides de producción masiva. Normas de seguridad laboral, responsabilidad civil por accidentes, protección de datos (los sensores de estos robots capturan información del entorno) y derechos de los trabajadores son temas que se abordan de manera fragmentada. La velocidad de la innovación supera con creces la de los legisladores. Si no se actúa pronto, cuando los humanoides lleguen a las calles y fábricas, las reglas se improvisarán sobre la marcha, generando vacíos legales y conflictos.
Latinoamérica, que suele importar tecnología sin adaptarla a su realidad social, debe mirar este anuncio con atención. La tentación de adoptar humanoides para competir en costos puede repetir el patrón de las maquiladoras: empleos de baja calificación reemplazados por máquinas que no pagan impuestos ni consumen localmente. La región necesita una estrategia que combine la automatización con la inversión en educación técnica y la creación de empleos de mayor valor, no solo la compra de robots.
El futuro no está escrito
La alianza Mitsubishi-Highlanders representa un paso inevitable hacia un mundo donde los humanoides serán parte del paisaje laboral. Pero la tecnología no determina por sí misma el resultado social. Depende de las decisiones que tomemos hoy: si impulsamos una producción responsable con estándares de seguridad y reconversión, si diversificamos la propiedad de estas herramientas o si exigimos transparencia en su despliegue. Ignorar estos debates ahora es permitir que la historia se repita, solo que a mayor escala y con consecuencias más difíciles de revertir.
El verdadero desafío no es fabricar mil robots al mes, sino asegurarse de que su llegada no deje a millones de personas atrás. Para los directivos y ejecutivos de la región, la pregunta no es si sus empresas adoptarán humanoides, sino bajo qué condiciones y con qué responsabilidad social. El tiempo para responder se acorta.