Fracasa el 88% de los proyectos de inteligencia artificial en producción

Mientras Amazon, Google, Meta y Microsoft gastan 725 mil millones en infraestructura, el 88% de los pilotos de IA no llegan a producción. Una multinacional brasileña propone un modelo distinto.

Fracasa el 88% de los proyectos de inteligencia artificial en producción

Foto: Luan de Oliveira Silva

Los cuatro gigantes tecnológicos estadounidenses —Amazon, Google (Alphabet), Meta y Microsoft— han comprometido este año un gasto de capital conjunto de 725 mil millones de dólares, en su mayoría destinado a centros de datos, chips y demás infraestructura necesaria para sostener la carrera por la inteligencia artificial. La cifra, que representa un incremento del 77 % respecto al año anterior, ha provocado un severo correctivo bursátil en las últimas semanas: las acciones de Tesla cayeron un 18,5 %, las de Meta un 8,5 % y las de Amazon un 6,9 %, reflejando la preocupación de los inversores ante la posibilidad de que semejante despliegue no se traduzca en ingresos proporcionales. El mercado comienza a preguntarse si la promesa de la inteligencia artificial justifica la magnitud de la apuesta.

Esa pregunta resulta todavía más incómoda cuando se observan los datos de ejecución. Una iniciativa impulsada por el MIT NANDA relevó que el 88 % de los proyectos piloto de inteligencia artificial no llegan a la fase de producción. El 74 % de las organizaciones aún no logra demostrar valor tangible con sus iniciativas de IA, y aproximadamente el 95 % de los proyectos no reportan un retorno de inversión medible. En otras palabras, el problema no está en la capacidad de innovar, sino en la capacidad de escalar.

El contraste de una apuesta latinoamericana

Patrocinado Advertisement

En ese contexto de inversión masiva con rendimientos difusos, una multinacional de origen brasileño decidió jugar una partida distinta. Act Digital, compañía de servicios tecnológicos fundada en 2011, anunció un plan de inversión de R$ 100 millones (unos 18 millones de dólares al cambio actual) para expandir su capacidad en inteligencia artificial hasta 2027. La cifra, aunque modesta frente a los 725 mil millones de las Big Tech, está alineada con una estrategia que prioriza la ejecución por sobre el gasto en infraestructura. La empresa, que facturó R$ 1.700 millones en 2025 y opera en 13 países con más de 7.000 colaboradores, busca diferenciarse justamente en el punto donde la industria falla: la transición del piloto a la operación real.

El concepto central sobre el que Act Digital estructura su apuesta es el de las "squads agênticas" (equipos agénticos). Se trata de una combinación de profesionales humanos y agentes de inteligencia artificial que trabajan integrados en equipos multidisciplinarios para automatizar procesos complejos, apoyar decisiones y aumentar la productividad. Thibaut Charmeil, fundador y CEO global de la compañía, lo explica con claridad: "La próxima fase de la inteligencia artificial no será definida por la cantidad de pilotos realizados, sino por la capacidad de rediseñar procesos, crear nuevos modelos operacionales y capturar valor de forma consistente". El enfoque no está en poseer la infraestructura más grande, sino en lograr que la tecnología se incruste en los flujos de trabajo de las organizaciones cliente.

La presión del marco regulatorio

Mientras las empresas buscan cómo hacer que la IA pase del laboratorio a la operación cotidiana, el entorno normativo también se endurece. Esta semana entró en vigor la primera fase del AI Act en la Unión Europea, la legislación más ambiciosa del mundo para regular los sistemas de inteligencia artificial. Aunque el reglamento gradúa sus exigencias según el nivel de riesgo, las empresas que operan en Europa —incluidas las latinoamericanas con presencia en el continente, como es el caso de Act Digital— deberán cumplir con requisitos de transparencia, documentación técnica y evaluación de impacto.

Para una compañía que ofrece servicios de IA en mercados como España, Francia, Alemania o Polonia, la capacidad de demostrar que sus modelos son auditables y cumplen con los estándares del AI Act se convierte en una ventaja competitiva, pero también en un costo operativo adicional.

En América Latina, donde la regulación específica sobre inteligencia artificial aún está en etapas incipientes —con proyectos en Brasil, México y Colombia que no han alcanzado el nivel de detalle europeo—, las empresas locales que aspiren a escalar internacionalmente deberían considerar que cumplir con estándares como el AI Act no es una opción, sino un requisito de acceso a mercados. Para quienes se quedan solo en la región, la ausencia de marco legal representa un riesgo doble: pueden avanzar más rápido, pero también exponerse a contingencias reputacionales y legales cuando el regulador local finalmente se active.

Una lección de pragmatismo regional

Lo que la apuesta de Act Digital revela es que, para el ecosistema latinoamericano, el camino no pasa por competir en capacidad de cómputo ni por emular las megainversiones de las Big Tech. La región no puede —ni necesita— gastar 725 mil millones de dólares en infraestructura de IA. En cambio, el desafío real está en resolver el problema de la adopción: cómo hacer que los modelos funcionen dentro de los procesos reales de las empresas, con datos locales, equipos entrenados y un retorno medible. Los datos del MIT NANDA muestran que incluso los gigantes globales enfrentan esa misma dificultad, pero en un contexto de recursos casi ilimitados que les permite absorber fracasos.

Una empresa mediana en São Paulo, Ciudad de México o Bogotá no tiene ese margen. Para ella, cada piloto que no escala es un costo hundido que erosiona la confianza de la dirección y dificulta la siguiente inversión.

El modelo de las "squads agênticas" —ingenieros humanos trabajando codo a codo con agentes de IA— puede no ser la respuesta definitiva, pero apunta en una dirección sensata: en lugar de construir primero la fábrica y luego buscar productos para llenarla, primero se diseña el proceso de valor y luego se dimensiona la tecnología necesaria. Es una lección de pragmatismo que, en un entorno de costos ajustados y necesidad de resultados concretos como el latinoamericano, adquiere una relevancia estratégica que los balances trimestrales de Wall Street aún no terminan de capturar.

Fuentes

  1. Act Digital anuncia inversión de R$ 100 millones para ampliar su actuación en IA hasta 2027
  2. Para acelerar proyectos, Act Digital une a ingenieros y agentes de IA | Empresas | Valor Econômico
  3. act digital - Tecnología AI-first en 12 Países
  4. Amazon, Google, Meta y Microsoft invertirán 725 millones en IA este año (y eso preocupa a los inversores)
  5. Entra en vigor la ley de AI Act ¿Qué tener en cuenta?
Giselle Meza

Escrito por

Giselle Meza

Consultora de estándares

Profesional en gestión de compliance, responsabilidad social empresarial y derechos humanos, con trayectoria en diseño e instrumentación de marcos normativos para empresas con operaciones internacionales. Ha desarrollado su carrera en la intersección entre el sector privado y los estándares globales de gobernanza, participando en espacios como la Corte Interamericana de Derechos Humanos y articulando propuestas de debida diligencia alineadas a normas ISO 9001, ISO 37001 e ISO 37301. Su enfoque combina rigor técnico con visión institucional, orientado a que las organizaciones integren los Objetivos de Desarrollo Sostenible como eje transversal de su operación y estrategia.