El riesgo de llegar tarde a la capacitación en inteligencia artificial
Mientras la inteligencia artificial se filtra en cada proceso productivo, una pregunta incómoda gana terreno entre quienes toman decisiones estratégicas: ¿están realmente preparadas las empresas para formar a su talento en esta tecnología? Un reciente análisis del Instituto der deutschen Wirtschaft (IW) en Alemania coloca sobre la mesa datos que deberían inquietar a cualquier director de recursos humanos o responsable de formación corporativa en América Latina.
El estudio, basado en una encuesta a 630 instructores empresariales, muestra que apenas el 39,5 por ciento de las compañías alemanas aborda de forma intensiva aspectos clave del uso de inteligencia artificial en la capacitación de sus aprendices. Otro 35,2 por ciento lo hace de manera parcial. Y, lo que es más alarmante, aproximadamente una de cada cuatro empresas aún no prepara a sus jóvenes talentos para un entorno laboral donde la inteligencia artificial ya es una realidad cotidiana.
Para el tejido empresarial latinoamericano, estos números deberían funcionar como una advertencia temprana. Si economías con sistemas de formación dual consolidados como el alemán reportan brechas tan amplias, la situación en mercados donde la articulación entre empresa y escuela es históricamente más débil podría ser mucho más compleja. La capacidad de una organización para integrar inteligencia artificial no depende únicamente de adquirir herramientas o contratar especialistas: depende de qué tan preparada esté su base de colaboradores para entender, cuestionar y aprovechar estas tecnologías en su día a día.
Lo que las empresas sí están haciendo —y lo que falta
El informe del IW revela que los instructores empresariales alemanes han priorizado ciertas competencias sobre otras. El 56,9 por ciento de ellos enseña a los aprendices a evaluar críticamente los contenidos generados por inteligencia artificial, una habilidad cada vez más esencial en un mundo donde los deepfakes, los sesgos algorítmicos y las informaciones incorrectas proliferan. Un 53,4 por ciento fomenta el uso activo de la inteligencia artificial como herramienta de aprendizaje, mientras que el 44 por ciento aborda los fundamentos técnicos de su funcionamiento. En el extremo inferior de la lista, con un 41,5 por ciento, se encuentran los aspectos éticos y legales, un área que, precisamente por su complejidad creciente, merecería mayor atención.
Aquí hay una lección directa para los ejecutivos latinoamericanos: la formación en inteligencia artificial no puede limitarse a "usar ChatGPT" o "automatizar tareas repetitivas". Debe incluir una dimensión crítica y ética que prepare a los colaboradores para discernir cuándo confiar en un resultado generado por inteligencia artificial y cuándo desconfiar. Ignorar este componente expone a las organizaciones a riesgos reputacionales, legales y operativos que pueden ser costosos de remediar a posteriori.
El talón de Aquiles: la coordinación entre empresa y escuela
El dato más preocupante del estudio, sin embargo, no es cuánto se enseña, sino cómo se coordina. Apenas el 21 por ciento de las empresas encuestadas reporta haber establecido acuerdos con otros centros de formación —como escuelas técnicas o universidades— sobre el uso de inteligencia artificial en el proceso educativo.
Esta desconexión es especialmente grave en sistemas de formación dual, donde el aprendiz alterna entre la empresa y la institución educativa. Sin reglas comunes, sin intercambio periódico de información y sin una visión compartida, el estudiante recibe mensajes contradictorios: en la empresa lo empujan a usar inteligencia artificial para resolver problemas prácticos; en el aula, quizá ni siquiera se menciona la herramienta, o se enseña desde una perspectiva puramente teórica que no conecta con la realidad operativa.
En América Latina, donde la brecha entre las necesidades del sector productivo y la oferta educativa es históricamente amplia, este punto debería activar todas las alarmas. La formación en inteligencia artificial no puede ser un esfuerzo aislado dentro de cada organización. Exige que las empresas salgan de su perímetro y busquen alianzas con instituciones educativas, centros de investigación y gobiernos para construir currículos que reflejen las competencias reales que el mercado demanda. Quien espere que el sistema educativo se adapte solo, se quedará esperando.
Una oportunidad que no admite demoras
La presión para integrar inteligencia artificial en la formación corporativa no hará más que aumentar. Cada mes que pasa sin que una empresa establezca un programa estructurado de capacitación en esta materia es un mes en que su competencia —quizá más ágil o más consciente del cambio— gana ventaja. No se trata de convertir a cada colaborador en un científico de datos, sino de construir una cultura organizacional donde la inteligencia artificial se entienda como una herramienta que potencia el juicio humano, no que lo reemplaza.
Para los directores de recursos humanos, los responsables de aprendizaje y desarrollo, y los CEO que miran hacia el futuro, la pregunta ya no es si deben invertir en formación en inteligencia artificial, sino qué tan rápido pueden hacerlo de manera coherente, ética y articulada con el ecosistema educativo. La ventana de oportunidad se está cerrando; quienes actúen ahora no solo blindarán a sus organizaciones contra los riesgos de una adopción desordenada, sino que construirán una ventaja competitiva sostenible en la economía del conocimiento que ya está aquí.